viernes, 15 de enero de 2010

La ley de (los hermanos) Grimm



Seguramente os sonará el nombre de los hermanos Grimm a algunos de vosotros asociado a una importante colección de cuentos infantiles que a todos nos han contado alguna vez, como Caperucita Roja, Blancanieves o La Cenicienta, porque estos dos hermanos alemanes se dedicaron a recopilar y publicar por escrito esos y otros muchos relatos de hadas, narraciones populares, muchos transmitidos de generación en generación por tradición oral, por lo que se merecen nuestro reconocimiento y agradecimiento.

Algunos de vosotros, además, habréis tenido la oportunidad de ver la película que Terry Gilliam dirigió en el año 2005 titulada "El secreto de los hermanos Grimm". Aunque el guión de la película es una fantástica mezcla de ficción y (poca) realidad, los dos protagonistas, que son los actores Matt Damon y Heath Ledger dan vida a los dos hermanos Grimm que existieron en la realidad: Willhelm (1786-1859) y Jacob (1785-1863). No es quizá una gran película pero es entretenida e interesante, lo que no es poco pedir.

La película nos presenta al cínico Will y al soñador Jacob, que se resistía a vivir en un mundo demasiado real, por lo que daba rienda suelta a toda su fantasía para evadirse de él. Recordaréis, si la habéis visto, que los dos intentaban ganarse la vida engañando a los pobres lugareños y contándoles historias extraordinarias de maldiciones, espíritus y fantasmas que los acechaban, para posteriormente salvarlos mediante exorcismos varios a cambio de algo de dinero para ir tirando. Por eso intervenían en la película personajes de cuento de hadas como La Cenicienta, Caperucita Roja, Hansel y Gretel, destacando la aparición estelar al final de la bellísima actriz italiana Monica Belucci.



Pero conviene saber, además, que los dos hermanos fueron estudiosos del lenguaje y profesores universitarios. Precisamente, entre los filólogos se les recuerda también por sus estudios de gramática comparada y de lingüística indoeuropea porque, como fruto de ellos, formularon la que se conoce hoy como ley de Grimm.

La mayoría de las lenguas que hablamos en el mundo -pero no todas, ojo- son de origen indoeuropeo, como sabemos. ¿Qué es el indoeuropeo? El indoeuropeo es una lengua que se habló hace cinco mil años de la que no queda ningún documento escrito, porque los pueblos que la hablaron y que vivieron en las estepas caucásicas del sur de Rusia, al norte del mar Negro, no conocían la escritura todavía.

Sabemos que a partir del segundo milenio antes de Cristo, diversos grupos indoeuropeos se dispersaron en varias migraciones hacia el este (Persia y la India), hacia el sur (Asia Menor), y hacia los territorios eslavos y bálticos del norte, posteriormente ocuparon la península itálica y la balcánica y se extendieron hacia las islas británicas e Irlanda.

La primitiva lengua común que hablaban estos pueblos fue sufriendo modificaciones y adquiriendo rasgos dialectales que dieron origen a las distintas lenguas indoeuropeas que nos es dado conocer: el antiguo indio o sánscrito, por ejemplo, es una de ellas, pero también el griego clásico, el latín, el celta o el germánico, entre otras.

El parecido entre algunas palabras y estructuras gramaticales de estas lenguas revela su origen común. A pesar de que no han quedado restos escritos de esta lengua prehistórica indoeuropea común podemos reconstruirla con bastante probabilidad gracias al método comparativo a partir de los parecidos y semejanzas entre las lenguas derivadas. Del mismo modo, el parecido entre el italiano, el portugués, el francés, el rumano y el castellano, por ejemplo, nos revelaría que son lenguas procedentes de un mismo tronco lingüístico común, lengua madre que es el latín, y que aunque no conociéramos por sus documentos escritos podríamos recomponerla con bastante acierto.

No es casualidad, por ejemplo, que una palabra como "madre" se diga "mater" en latín, "mátar" en sánscrito, "moder" en gótico, "meter" en griego y "mathir" en una lengua céltica como es el irlandés antiguo. Tampoco es casualidad que la tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo ser, se diga "est" en latín, "esti" en griego, "ist" en germánico y "asti" en antiguo indio. Eso se debe a que todas estas palabras son variedades dialectales, digamos, de una palabra común indoeuropea que podría haber sido en el primer caso *mater (el asterisco significa que es una suposición, que esta forma no está atestiguada por escrito). Gracias al método comparativo se puede y ha podido reconstruir el indoeuropeo con precisión de relojero.

Conviene dejar muy claro aquí que el inglés actual, contra lo que pudiera parecer a primera vista, no es una lengua que proceda del latín, aunque más de la mitad de su vocabulario (el 62% según unos estudios) sea de origen latino, tomado del latín directamente o de préstamos del francés, que sí es una lengua neolatina o románica, a través del antiguo normando. El inglés procede, junto con el alemán actual, el neerlandés, que se habla en Holanda, el danés, que se habla en Dinamarca, el noruego, el sueco y el islandés del antiguo germánico, que es una lengua indoeuropea hermana del latín y del griego, a cuyo estudio se aplicaron con mucho provecho precisamente nuestros hermanos Grimm.

Volviendo a ellos, precisamente, su aportación más importante a la historia de las lenguas indoeuropeas consiste en constatar -es la ley de Grimm- que las consonantes oclusivas sordas indoeuropeas (ya sabéis, P, T, C, "PeTaCa" para acordarnos) se convierten en aspiradas en germánico, como demuestran el alemán y el inglés actuales, mientras que se mantienen en otras lenguas indoeuropeas. La P se convierte en F (*pater > father) , la t en TH (*tres > three ) y la C en H (*cord > heart), por poner ejemplos en inglés .

Según la ley de Grimm, además, las consonantes oclusivas sonoras indoeuropeas (ya sabéis, B, D, G, "BoDeGa" para acordarnos) pierden la sonoridad y se ensordecen, por lo tanto, se convierten en P, T, C, respectivamente. Esto explica que una raíz como *dent- que conservamos en latín bajo la misma forma ( y en español en dent-ista, por ejemplo) y que en griego se conserva con vocalismo "o" (y en español en o-dont-ólogo) en inglés sea "tooth", o que el número diez (que se decía "decem" en latín y "deca" en griego) se diga "ten" en inglés, o el número dos, que se decía "duo" tanto en latín como en griego, se diga en inglés "two".

Finalmente, las consonantes oclusivas aspiradas indoeuropeas F, TH y H perdieron la aspiración y se sonorizaron por lo que se convirtieron en B, D, G respectivamente. Tomemos el ejemplo de la raíz indoeuropea, conservada en latín, *frater > brother, o la raíz, presente en latín y en griego, *fer-, que significaba llevar, y que tenemos en inglés "I bear" .

Así pues, gracias a los hermanos Grimm conocemos un poco mejor la prehistoria de nuestras lenguas europeas y los cuentos y leyendas que en ellas se contaban y se siguen contando y se seguirán contando durante mucho tiempo todavía.



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