miércoles, 25 de abril de 2012

¿Quiénes son los desalmados?

La viñeta de El Roto de El País del otro día  versaba sobre la caza, tema que está de rabiosa actualidad a raíz de la cacería real del elefante en el sur del corazón de África. El cazador esgrime el viejo argumento de que los animales no tienen alma y, por lo tanto, es lícito matarlos. Pero el animal se rebela acusando al cazador de ser él el desalmado.


OCCIDERE: Significa "matar" en latín. De esta palabra deriva "occidente", el lugar donde se pone y muere el astro rey, la palabra "ocaso" y el sufijo -cidio, que indica una matanza, desgracidamente tan fecundo y fructífero en nuestra lengua y cultura: conyugicidio (coniunx, cónyuge, quien soporta con nosotros el mismo yugo, metáfora del matrimonio),  deicidio (deus, dios), feminicidio (femina, mujer) , filicidio (filius, hijo), fratricidio (frater, hermano),  genocidio (genus, raza), homicidio (homo, ser humano), infanticidio (infans, niño), magnicidio (magnus, persona importante), matricidio (mater, madre), parricidio (par, pariente próximo, sobre todo padre o madre), patricidio (pater, padre), regicidio (rex, rey), suicidio (sui, de sí mismo), tiranicidio (tyrannus, tirano) y uxoricidio (uxor, esposa). 

Es curioso cómo en todo este vocabulario de los horrores no hay una sola palabra que se refiera al sacrificio de animales de los que no vamos a alimentarnos, porque se considera frívolamente por algunos como un deporte, el deporte de la caza, un atavismo, y no una matanza con todas las de la ley, que es lo que es, un crimen como cualquiera de los otros a los que hemos pasado revista.

No hace falta decir, porque lo sugiere la propia lengua, que la etimología de "animal" es "anima", y que de esta última surge, como cultismo, nuestra "ánima", que es la propia vida  pero también el espíritu de los difuntos, las ánimas benditas, y los seres "animados" e "inanimados",  y como palabra patrimonial nuestra "alma".
  
 

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