viernes, 18 de julio de 2014

Thálassa, thálatta





Igual que aquellos diez mil griegos que nos cuenta Jenofonte en la “Anábasis” que en el año 401 antes de Cristo expresaron con lágrimas en los ojos su alegría abrazándose los unos a los otros al contemplar de nuevo el mar a lo lejos desde lo alto de una colina, el mar, la mar que para ellos suponía estar ya de vuelta en casa después de tantas y tan duras jornadas de duro caminar bajo el sol ardiente del desierto, y que gritaron con una voz que se multiplicaba en los ecos como el rumor del oleaje ¡thálatta, thálatta!, o lo que es lo mismo mar, mar, el mar, la mar, y festejaban así, a la vista del Mar Negro, el regreso que se les abría a través del mar de Posidón, igual que ellos celebramos nosotros también el retorno al fin a las aguas primigenias de todos los veranos, al mar, la mar de todos los naufragios.

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