Mostrando entradas con la etiqueta Latín 4º. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Latín 4º. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de octubre de 2012

Moratín y las Musas



Segunda actividad del plan lector de 4º de ESO: 
Lee en primer lugar el soneto y después la Elegía a las Musas de Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) y responde a las preguntas:



Así aparecen caracterizadas (y simplificadas de 9 a 5, de izquierda a derecha: Calíope, Melpómene, Clío, Terpsícore y Talía) las Musas en  Hércules, la película de la factoría de Walt Disney.

     Sabia Polimnia en razonar sonoro
verdades dicta, disipando errores;
mide Urania los cercos superiores
de los planetas y el luciente coro.

   Une en la historia al interés decoro
Clío, y Euterpe canta los pastores;
mudanzas de la suerte y sus rigores
Melpómene feroz, bañada en lloro;

   Calíope victorias; danzas guía
Terpsícore gentil; Erato en rosas
cubre las flechas del Amor y el arco (1);

   pinta vicios ridículos Talía
en fábulas, que anima, deleitosas,
y ésta le inspira al español Inarco (2).


(1) El arco y las flechas son los símbolos del Amor con mayúscula, al que los romanos personificaron como Cupido y los griegos denominaron Eros, de donde deriva la palabra "erotismo".
(2) Inarco es el pseudónimo o nombre artístico que utilizaba Moratín, el autor del soneto.   


 COMENTARIO:
1.-Si Talía es la musa que "inspira al español Inarco", como dice el último verso del soneto, ¿a qué género literario se dedica especialmente Moratín? ¿Cómo caracteriza ese género literario?

oOo

 Moratín pintado por Goya. 


Siguiendo con Moratín, vamos a leer ahora su célebre "Elegía a las Musas", en versos endecasílabos,  considerada por algunos críticos como una de las mejores poesías escritas en lengua castellana,  donde el poeta se lamenta de no haber sido constante en su labor literaria por culpa de los acontecimientos bélicos derivados de la Guerra de la Independencia  y de no tener la misma inspiración y el mismo vigor para seguir escribiendo cuando ya ha llegado a su vejez: 




Esta corona, adorno de mi frente, 
esta sonante lira y flautas de oro
y máscaras alegres, que algún día
me disteis, sacras(1) Musas, de mis manos
trémulas(2) recibid, y el canto acabe,
que fuera osado (3) intento repetirle.
He visto ya cómo la edad ligera,
apresurando a no volver las horas,
robó con ellas su vigor al numen(4).
Sé que negáis vuestro favor divino
a la cansada senectud (5), y en vano
fuera implorarle; pero en tanto, bellas
ninfas (6), del verde Pindo habitadoras,
no me neguéis que os agradezca humilde
los bienes que os debí. Si pude un día,
no indigno sucesor de nombre ilustre,
dilatarle famoso, a vos fue dado
llevar al fin mi atrevimiento. Sólo
pudo bastar vuestro amoroso anhelo
a prestarme constancia en los afanes
que turbaron mi paz, cuando insolente,
vano saber, enconos (7) y venganzas
codicia y ambición la patria mía
abandonaron a civil discordia.

Yo vi del polvo levantarse audaces
a dominar y perecer tiranos,
atropellarse efímeras (8) las leyes
y llamarse virtudes los delitos.
Vi las fraternas (9) armas nuestros muros
bañar en sangre nuestra, combatirse
vencido y vencedor, hijos de España,
y el trono desplomándose al vendido
ímpetu popular. De las arenas
que el mar sacude en la fenicia Gades(10),
a las que el Tajo lusitano(11) envuelve
en oro y conchas, uno y otro imperio,
iras, desorden esparciendo y luto,
comunicarse el funeral (12) estrago.
Así cuando en Sicilia el Etna ronco
revienta incendios, su bifronte cima
cubre el Vesubio en humo denso y llamas,
turba el Averno (13)  sus calladas ondas;
y allá del Tibre (14) en la ribera etrusca
se estremece la cúpula soberbia,
que da sepulcro al sucesor de Cristo.
 
¿Quién pudo en tanto horror mover el plectro(15)?
¿Quién dar al verso acordes armonías,
oyendo resonar grito de muerte?
Tronó la tempestad; bramó iracundo
el huracán, y arrebató a los campos
sus frutos, su matiz; la rica pompa
destrozó de los árboles sombríos;
todas huyeron tímidas las aves
del blando nido, en el espanto mudas:
no más trinos de amor. Así agitaron
los tardos años mi existencia, y pudo
solo en región extraña el oprimido
ánimo hallar dulce descanso y vida.
 
Breve será, que ya la tumba aguarda
y sus mármoles abre a recibirme;
ya los voy a ocupar… Si no es eterno
el rigor de los hados(16), y reservan
a mi patria infeliz mayor ventura,
dénsela presto (17), y mi postrer (18) suspiro
será por ella… Prevenid en tanto
flébiles (19) tonos, enlazad coronas
de ciprés funeral, Musas celestes;
y donde a las del mar sus aguas mezcla
el Garona opulento, en silencioso
bosque de lauros y menudos mirtos,
ocultad entre flores mis cenizas.
 

oOo

(1) sacro: sagrado
(2) trémulo: tembloroso 
(3) osado: atrevido
(4) numen:  inspiración del artista o escritor
(5) senectud: vejez
(6) ninfa: divinidades femeninas de las aguas, bosques y selvas, y, por extensión, joven hermosa.
(7) encono: odio, rencor muy profundo.
(8) fraterno: perteneciente o relativo al hermano, de "frater", hermano en latín.   
(9) efímero: que dura muy poco, en principio sólo un día.
(10) Gades: nombre antiguo de Cádiz, cuyos habitantes se denominan gaditanos. 
(11) Lusitania: nombre que dieron los romanos a gran parte de Portugal y Extremadura.
(12) funeral: fúnebre, mortuorio, relacionado con la muerte. 
(13) Averno: nombre que los griegos y romanos daban al infierno, lugar de castigo eterno donde habitaban los espíritus de los  malvados.
(14) Tibre: Tíber, río que pasa por Roma.
(15) plectro: púa que usaban los antiguos para tocar instrumentos de cuerda en general y la lira en particular, de donde significa también inspiración poética, porque la poesía se acompañaba de la lira, de donde le viene el nombre de lírica.
(16) hado:destino fatal del que uno no puede librarse.
(17) presto: rápido, pronto.
(18) postrero: último
(19) flébil: lamentable, triste, deplorable
(20) Garona: río francés.

COMENTARIO:
(1) Si una elegía es una composición poética que "lamenta la muerte de una persona o cualquier otro caso o acontecimiento digno de ser llorado", ¿qué lamenta Moratín en este poema?
(2) ¿Qué visión da de España Moratín en la segunda parte del poema, donde empieza "Yo vi del polvo..."?
(3) ¿Qué quiere decir el verso "¿Quién pudo en tanto horror mover el plectro?"?
(4) ¿En qué país sugiere el poeta que serán ocultadas sus cenizas? ¿A qué crees que puede deberse?

miércoles, 20 de abril de 2011

Viriato: Roma no paga a traidores

Cuadro de José Madrazo titulado "Muerte de Viriato"

El martes 19 de abril de 2011 se celebró en las Caballerizas del Palacio de la Magdalena de Santander el X Certamen de Traducción de Latín y Griego, que viene siendo organizado por la Asociación de Profesores de Latín y Griego de Cantabria. En la prueba de Latín participaron 120 alumnos de distintos Institutos de Cantabria. Amparo Diego, Alba García y Ángela Prieto, alumnas de 2º de Bachillerato, representaron al nuestro.

El certamen ha consistido en la traducción con la ayuda del diccionario y análisis sintáctico de un texto histórico sobre la figura de Viriato, popularizado por una reciente serie televisiva, el comentario morfológico de cuatro palabras de ese texto y el etimológico de otras cuatro, durante una hora y media.

Dejando aparte el análisis morfológico y sintáctio, he aquí el texto del historiador Eutropio, al que tuvieron que enfrentarse nuestras alumnas, con una traducción entre paréntesis:

Nec multo post quoque Q. Caepio ad idem bellum missus est, quod quidam Viriathus contra Romanos in Lusitania gerebat. (Y no mucho después también Q. Cepión fue enviado a la misma guerra, que un tal Viriato llevaba a cabo contra los romanos en la Lusitania). Quo metu Viriathus a suis interfectus est, cum quattuordecim annis Hispanias adversus Romanos movisset. (Debido a este temor Viriato fue asesinado por los suyos, al haber agitado durante catorce años las Hispanias contra los romanos). Pastor primo fuit, mox latronum dux, postremo tantos ad bellum populos concitavit, ut adsertor contra Romanos Hispaniae putaretur. (Fue en principio un pastor, después jefe de unos salteadores de caminos, finalmente reunió tantos pueblos para la guerra, que era considerado un defensor de Hispania frente a los romanos). Et cum interfectores eius praemium a Caepione consule peterent, responsum est numquam Romanis placuisse imperatores a suis militibus interfici. (Y al haberle pedido sus asesinos una recompensa al cónsul Cepión, se les respondió que nunca a los romanos les había agradado que los jefes fueran asesinados por sus propios soldados).


Comentario: Para entender el texto, hace falta conocer un poco su contexto histórico: En el año 155 a. de C. comenzaron las primeras rebeliones de los lusitanos contra la dominación romana. Eran tribus seminómadas dedicadas fundamentalmente al pastoreo. La represión que llevaron a cabo los dirigentes romanos, especialmente el pretor Galba, fue brutal. Según Suetonio, Galba habría pasado a cuchillo a más de treinta mil lusitanos acusados de traición. Esta situación movió a Viriato, superviviente de la matanza, a alzarse como cabecilla de los rebeldes. Mantuvo en jaque a los ejércitos romanos mediante la táctica de la guerra de guerrillas, que también practicarían después cántabros y astures.

Viriato habría sido, según Eutropio, en primer lugar un simple pastor, después el jefe de una cuadrilla de ladrones, y finalmente el cabecilla visible de la revuelta, que consiguió aglutinar en torno suyo a numerosas tribus y pueblos descontentos con la dominación romana. En el año 139 a. de C. fue asesinado a traición por sus propios hombres. El texto finaliza con la anécdota de que los asesinos de Viriato, lusitanos como él, pretendieron cobrar una recompensa, que el cónsul romano les negó, acuñando la famosa frase de "Roma traditoribus non praemiat", o lo que es lo mismo: Roma no paga a traidores.




Por otra parte, se les pedía, además, a los participantes del certamen que señalaran palabras castellanas derivadas de los siguientes cuatro términos latinos que aparecían en el texto:

BELLUM, que significa "guerra", se mantiene en palabras castellanas como bélico, beligerante, (anti-)belicista, rebelión, rebeldía, rebelde. Se cita incluso a veces la desafortunada frase latina de "Si vis pacem, para bellum": si quieres la paz, prepara la guerra; "parabellum" es el nombre también de un calibre balístico.

DUX, que significa "jefe, general", y cuya raíz es DUC- y quiere decir "llevar", se conserva en los numerosos verbos acabados en -ducir como a-ducir, ab-ducir, con-ducir, de-ducir, in-ducir, intro-ducir, pro-ducir, re-ducir, re-pro-ducir, se-ducir, tra-ducir. Resulta curioso a la vez que instructivo ir viendo cómo en nuestra lengua todos estos verbos tienen un significado común y básico que es el de "llevar" y cómo este significado se va modificando ligeramente según el prefijo que le coloquemos delante: intro- por ejemplo, añade el matiz de "hacia adentro", y "tra" "hacia otro lado (o lengua, en este caso)". También se pueden señalar como derivados de esta raíz "duque", "ducado", "dúctil", y los numerosos derivados de cualesquiera de los verbos citados acabados en -ducción, -ductor, -ductivo...

PLACUISSE, cuya raíz es PLAC-, que significa "agradar", es el origen de plácido, placer, complacer, placentero, placebo, beneplácito, etc.

MILITIBUS, cuya raíz es MILIT-, que quiere decir "soldado", está en la base de militar, militarizar, (anti-)militarismo, milicia, miliciano, y el término popular "mili".

En la ciudad de Zamora se encuentra esta estatua del líder lusitano Viriato, con la inscripción: TERROR ROMANORUM: el terror (o la pesadilla) de los romanos.


miércoles, 3 de noviembre de 2010

Una de romanos... y cántabros




Hay una película de Jacinto Molina, alias Paul Naschy, de 1980 titulada "Los cántabros", muy difícil de conseguir y que no ha sido editada todavía que yo sepa en DVD. Es una película, injustamente olvidada, que pasó en su día sin pena ni gloria y que no llegó a estrenarse fuera de España, pero que resulta muy interesante para comprender la historia antigua de Cantabria, ahora que se habla tanto de recuperar la memoria histórica, y la glorificación de los cántabros y mitificación de su legendario caudillo Corocota. Es además un caso insólito y único dentro del cine español y del género "peplum", porque se hizo con muy escaso presupuesto y en una época en que no existía el clonaje numérico a través del ordenador para multiplicar a los figurantes, por lo que las tropas romanas parecen más exiguos destacamentos desbandados que regimientos militares, y los decorados son bastante pobres, aunque destacan los exteriores filmados en bellos parajes naturales de nuestra región.

El director Jacinto Molina (1934-2009) interpreta en ella al general romano Marco Agripa. Jacinto Molina empezó como extra en "peplums" o supreproducciones de romanos rodadas en España en los años 60 como "El rey de los reyes" de Nicholas Ray. Se dio a conocer paulatinamente como actor, interpretando un centenar de papeles a lo largo de su dilatada carrera cinematográfica durante cincuenta años. Obtuvo cierta fama bajo el pseudónimo de Paul Naschy, interpretando a Waldemar Daninsky, un licántropo en una docena de películas con títulos como "Las noches del hombre lobo" (1968), "La marca del hombre lobo" (1968) o "El retorno del hombre lobo (1980).

El papel de Corocota lo desempeña el musculoso Dan Barry. Y los acompañan, entre otros, Blanca Estrada, como la mujer del caudillo cántabro, Andrés Resino, que da vida al emperador Augusto, y Alfredo Mayo, que encarna a Lábaro, el druida cántabro de largas melenas y barbas blancas...



Las luchas entre las tropas de ambos caudillos no dan los resultados esperados, pese a la superioridad numérica y militar romana, dado que los cántabros practicaban la guerra de guerrilla y no ofrecían nunca batalla a campo descubierto. Entonces Agripa y Corocota deciden enfrentarse en un duelo singular en una playa de la costa cántabra, derrotando el hacha de doble hoja del cántabro a la espada romana de Agripa. Sin embargo Corocota no mata al romano. Ni siquiera llegaron a enfrentarse nunca, que se sepa. Y Agripa retira sus legiones de la zona, lo que es una licencia novelesca y un disparate histórico colosal, pero que ha contribuido a la glorificación de la resistencia cántabra, hasta tal punto que mucha gente no instruida cree que los cántabros expulsaron a los romanos de Cantabria.


El final de la película da a entender, tácitamente, que los cántabros consiguieron vencer a los romanos, lo que históricamente es falso, pero hay una mitología "popular" que cree que las cosas fueron así, como hemos dicho, olvidando que la lengua que hablamos es la que nos enseñaron los vencedores, y que la romanización de Cantabria fue muchísimo más intensa, si bien tardía, de lo que creían algunos historiadores románticos del siglo XIX.


El pasado glorioso de los cántabros resurge, si se puede decir así, desde hace pocos años. Se ha erigido algún monumento al guerrero cántabro, como el que se alza en el Sardinero, junto al Chiqui, y cada año desde el 2001 se celebra en Los Corrales de Buelna en la última semana de agosto y primera de septiembre la fiesta de las guerras cántabras, a imitación de las de moros y cristianos del levante español, una fiesta que ha sido declarada de interés turístico nacional, y que se inicia con el desembarco de las legiones de Augusto en el Puerto de la Victoria de Santander y el desfile por el Paseo de Pereda.

domingo, 29 de agosto de 2010

Un epigrama de Marcial



Con este epigrama o composición poética satírica y punzante, breve, compuesta por cinco endecasílabos, ridiculizó el poeta Marcial a la presumida Fabula, que no era tan bella como parecía y quería demostrar. Hasta este curso se traducía en Latín II, incluido como estaba dentro del programa.


Omnes aut uetulas habes amicas,
aut turpes uetulisque foediores;
has ducis comites trahisque tecum
per conuiuia, porticus, theatra.
Sic formosa, Fabulla, sic puella es.

El poeta español Manuel Salinas hizo una versión de él, traduciéndolo en verso bajo la forma de una décima. Convirtió los cinco versos de Marcial en los diez de la décima, y los endecasílabos en octosílabos, dotándolos de rima consonante: abbaaccddc

Todas tus amigas son
las más viejas y más feas,
con ellas vas y paseas,
ya se sabe tu intención.
Éstas en toda ocasión
contigo gustas traer,
para con eso poder,
Fabula, siempre engañosa,
entre feas ser hermosa
y entre viejas niña ser.

El dibujante Mingote publica en el periódico ABC con fecha 29 de agosto de 2010 esta viñeta, dentro de su serie "Los epigramas de agosto", donde copia el epigrama de Marcial en traducción de don Manuel Salinas, ilustrando su contenido con uno de sus característicos dibujos.


miércoles, 25 de agosto de 2010

Pompeya viva






Este es el anuncio publicitario, bastante simpático, que el gobierno italiano ha elaborado para promoción de Pompeya entre la juventud: Pompeya viva. El vídeo, que sólo dura poco más de un minuto, comienza con imágenes de los muchos turistas que patean las ruinas de la ciudad romana. Al fondo se ve la silueta imponente del Vesubio, el volcán cuya erupción destruyó y conservó, paradójicamente, la ciudad para nuestro disfrute arqueológico. Un adolescente entra solo en la Villa de los Misterios, saca su móvil y comienza a fotografiar los frescos de las paredes... Y no os cuento más.





Podéis visitar este vínculo, donde encontraréis más información sobre Pompeya en italiano y en inglés: http://www.pompeiviva.it. Si no está operativo y esperáis un poco, os redireccionará a http://www.pompeiisites.org, que es la página oficial del Ministero per i beni e le attività culturali dedicada a la ciudad sepultada por el Vesubio.

Nos sorprenden todavía los restos humanos encontrados, imágenes vivas del horror ante la tragedia.


A algunos la muerte les sorprendió durmiendo plácidamente el 24 de agosto del año 79 después de Cristo.

martes, 29 de junio de 2010

El latín de Harry Potter

Pues sí: incluso en los libros de Harry Potter (reconozco que los tengo todos) encontramos la lengua latina. No hay que olvidar que J.K. Rowling recrea un mundo mágico y la lengua mágica por excelencia (especialmente para los anglófonos) es el latín.
Por ello encontramos maldiciones en un latín sorprendentemente correcto. Por ejemplo:

- cruciatus es una de las maldiciones imperdonables; al pronunciar la palabra crucio se provoca a la víctima un dolor insoportable. Efectivamente, existe un verbo latino crucio, que significa torturar, del que cruciatus es el participio de perfecto.

- otra de las maldiciones imperdonables es imperius, que se formula con la palabra imperio y que obliga a una persona a actuar a las órdenes del mago. En correcto latín, conocemos la palabra imperium y el verbo impero.

Otros hechizos citados en los libros de Harry Potter con un claro origen latino son:
- densaugeo, que hace crecer los dientes (de dens, -ntis y augeo)
- accio, que en latín significa hacer venir
- legeremens, un hechizo que permite leer la mente (de legere y mens, -ntis)
- oppugno, para atacar al enemigo con objetos
- expecto patronum, en el que incluso está perfectamente declinada la palabra patronus

Y más hechizos, en un latín más o menos correcto, y otros que simplemente "suenan" a latín, como expeliarmus, petrificus totalus, lumos, impedimenta...

Muchos de los personajes de la saga tienen nombres en latín. Por poner sólo unos ejemplos:
- Albus Dumbledore, un experto en magia blanca, cuyo nombre significa "blanco".
- Severus Snape, destaca por su carácter serio.
- Draco Malfoy, el archienemigo de Harry Potter, cuyo nombre significa "dragón".
- Minerva McGonagall, una profesora muy inteligente y muchas veces protectora de Harry y sus amigos, lleva el nombre de la diosa Minerva, patrona de las artes y la sabiduría y protectora de Roma.
- El profesor Lupin, cuyo nombre y apellido hacen referencia a su condición de hombre lobo: Remus, Remo, que fue amamantado por una loba con su gemelo Rómulo, y Lupin, de lupus, lobo.
- Sybill Trelawney es la profesora de adivinación de Hogwarts. Su nombre es la versión inglesa de Sybilla, la profetisa romana que habita en la cueva de Cumas.

Recientemente se ha iniciado la traducción al latín y al griego de los libros de la saga. Si hacéis click en la imagen, podréis leer el comienzo de Harrius Potter et Philosophi Lapis...

jueves, 3 de junio de 2010

El mito de Edipo

Uno de los mitos griegos más conocidos es el de Edipo, inmortalizado por Sófocles en Edipo Rey. Cuenta la historia de Edipo, un recién nacido que fue abandonado en el bosque y acabó siendo acogido por los reyes de Corinto, que no podían tener hijos propios. Cuando el niño se hizo un hombre, sospechando que aquéllos no eran sus verdaderos padres, acudió al oráculo de Delfos que, no sólo no le aclaró su origen, sino que anunció que mataría a su padre y se casaría con su madre. Horrorizado, Edipo decidió no volver a Corinto para evitar cometer parricidio e incesto.
Emprende un viaje durante el cual tiene un incidente con un anciano que se niega a cederle el paso y Edipo lo mata en una pelea. Cuando más tarde llega a Tebas, encuentra que la ciudad se encuentra aterrorizada por una esfinge que asola los campos y mata a todo aquel al que plantea un enigma y no lo puede resolver. Edipo resuelve el enigma y libra a los habitantes de Tebas de esta maldición, y como recompensa, se casa con la reina viuda Yocasta y se convierte en rey.
Viven felices durante unos años, en los que su esposa le da cuatro hijos. Sin embargo, sobre la ciudad de Tebas se abate una terrible plaga y deciden consultar al oráculo de Delfos: la plaga se debe a que ha sigue impune el asesino de Layo, primer esposo de Yocasta y anterior rey de Tebas. Edipo decide llevar a cabo una investigación, que le hará descubrir que el anciano que mató cerca de Delfos no era otro que Layo, y que Layo y Yocasta son sus verdaderos padres, quienes lo entregaron a un pastor para que lo abandonara en el bosque cuando se les profetizó que aquel niño mataría a su padre. Por tanto, Edipo, al intentar escapar de su destino, precipitó su cumplimiento. Horrorizado se atraviesa los ojos con los prendedores de su madre, quien a su vez, se ahorca.
Este mito ha sido reinterpretado una y otra vez. Freud acuña el término "complejo de Edipo" para referirse a una relación demasiado estrecha entre madre e hijo. Su historia ha sido llevada al teatro de la mano de muchos autores, se han escrito películas e incluso óperas. Y en Youtube he encontrado estas dos joyas que nos muestran el mito... de otra manera.





Por cierto, ¿alguien sabe cuál era el enigma de la esfinge?

domingo, 9 de mayo de 2010

Red nacional de carreteras


Muchos son los países de Europa en los que el paso de la civilización romana ha dejado una huella imborrable. En el caso de España el sello de los que dominaron estas tierras hace dos mil años, es más que patente y su influencia alcanza aspectos tan diversos de nuestra sociedad como la lengua que hablamos, el arte, las tradiciones o la gastronomía. Ahí tenemos impresionantes construcciones como el acueducto de Segovia o la Muralla de Lugo; edificios como el teatro romano de Mérida o joyas artísticas como los bustos y mosaicos encontrados en Itálica o en la Villa de La Olmeda de Saldaña (Palencia), ejemplos ilustres del paso latino por Hispania.

Hoy nos gustaría detenernos en una de las principales aportaciones del imperio para el avance de la sociedad: nos referimos a las calzadas romanas. La red viaría construída en aquella época permitió comunicar los principales nucleos de población (todos los caminos llevaban a Roma). Hablamos de más de cien mil kilómetros de calzadas formadas por resistentes losas que se extendían por toda Europa, con una anchura de entre cuatro y seis metros y una profundidad de firme entre medio y un metro. Normalmente la superficie de estas calzadas era ligeramente más alta en el centro que en los márgenes, con el objetivo de drenar el agua y poder ser utilizada durante todo el año.

Aunque la razón inicial que impulsó la costrucción de estas arterias era militar, con el paso del tiempo el comercio, la cultura y la religión, también se beneficiaron de estas infraestructuras que dinamizaron la economía ya que el flujo de mercancías se realizaba de una forma mucho más rápida, llegando fácilmente a ciudades y pueblos del interior del continente y no solo a las zonas costeras como era costumbre de comerciantes griegos y fenicios.

En nuestro país, las principales "autopistas" eran cuatro:

Vía Hercúlea/Vía Augusta, que unía Ampurias con Cádiz a través de toda la costa mediterránea, pasando por poblaciones tan destacadas como Barcelona, Tarragona, Sagunto, Cástulo o Córdoba.

Vía del Norte: también partía de la actual Cataluña (Tarraco) dirección oeste, hasta llegar a Astorga y pasando por ciudades como Zaragoza, Numancia o León.

Vía de la Plata (que los romanos no llamaron así, sino Via Lata, o sea, ancha, de donde viene "latitud"): unía Itálica (muy cerca de la actual Sevilla) con Astorga, dejando a su paso poblaciones como Mérida, Alcántara o Salamanca.

Vía del Atlántico: Unía Itálica con Lugo a través de toda la costa atlántica.

La mayoría de estas vías pasarían con el tiempo a convertirse en caminos reales primero y más adelante, con la llegada del automóvil en las carreteras nacionales y autopistas más importantes por las que podemos viajar en la actualidad.

En nuestra comunidad de Cantabria -aunque no figura en el mapa de las calzadas más importantes de arriba- también hubo una red considerable de vías romanas. Algunos restos son todavía bien visibles y practicables para un buen paseo, como demuestran estas imágenes de la Cambera de los Moros en San Vicente del Monte.



miércoles, 21 de abril de 2010

jueves, 25 de marzo de 2010

Celebración de la primavera

Según la mítica leyenda, Prosérpina (o Perséfone para los griegos), fue raptada por el dios de los infiernos y convertida en su esposa a la fuerza. Reclamada por su madre, la justicia divina decretó con una decisión salomónica que la hermosa joven debía pasar la mitad del año en el mundo subterráneo con su esposo y la otra mitad en la superfice de la tierra junto a su madre Ceres (o Deméter, si se prefiere el nombre griego de la diosa de la hogaza de pan). 

Cuando Prosérpina volvía a los brazos de su madre, esta se alegraba de tal manera que la tierra florecía toda. Prosérpina era la semilla que debía ser enterrada y, una vez muerta, renacer todos los años por las mismas fechas en un ciclo de retorno eterno de lo mismo y no lo mismo.

Para celebrar su llegada, que es la llegada de la primavera, la misma siempre y nunca la misma, compuso el poeta Quinto Horacio Flaco esta célebre oda, la séptima del libro cuarto de las odas del más clásico de los líricos clásicos, considerado uno de los poemas más bellos de la antigüedad, que plantea el tema del carpe diem.


Diffugere niues, redeunt iam gramina campis
arboribusque comae;

mutat terra uices et decrescentia ripas
flumina praetereunt;

Gratia cum Nymphis geminisque sororibus audet
ducere nuda choros.

Inmortalia ne speres, monet annus et almum
quae rapit hora diem.

Frigora mitescunt Zephyris, uer proterit aestas,
interitura simul

pomifer autumnus fruges effuderit, et mox
bruma recurrrit iners.

Damna tamen celeres reparant caelestia lunae :
nos ubi decidimus

quo pater Aeneas, quo diues Tullus et Ancus,
puluis et umbra sumus.

Quis scit an adiciant hodiernae crastina summae
tempora di superi ?

Cuncta manus auidas fugient heredis, amico
quae dederis animo.

Cum semel occideris et de te splendida Minos
fecerit arbitria,

non, Torquate, genus, non te facundia, non te
restituet pietas;

infernis neque enim tenebris Diana pudicum
liberat Hippolytum,

nec Lethaea ualet Theseus abrumpere caro
uincula Pirithoo.




Se han derretido las nieves, retorna ya al campo la hierba
y a la arboleda la flor;

cambia la tierra su aspecto y los ríos disminuyendo

vuelven sus cauces a ver.


Gracia con Ninfas y dos hermanas osa desnuda

pasos de baile danzar.


Nada esperes, te dicen el año y la hora que el día

vívido roba, inmortal.


Fríos amainan con brisas, a mayo lo arrolla el estío

que ha de morir una vez


que haya Otoño frugal derramado sus dones, y luego
vuelve el invierno haragán.


Pero las rápidas lunas reparan los daños del cielo:

Cuando bajamos allá

do el padre Eneas y el rico Tulo y Anco, ceniza
vamos y sombras a ser.

¿Quién sabe si añadirán a la suma presente futuras

horas los dioses aún?


Todo lo que has dado a tu alma querida a ávidas manos

de un heredero irá.


Cuando a tu vez hayas muerto y Minos brillante sentencia
haya dictado de ti,


no te van, Torcuato, a salvar ni linaje ni labia

ni tu religiosidad;


que en las tinieblas de la ultratumba ni Diana libera

casto a su Hipólito, ni
tiene Teseo el poder de romper las cadenas letales
de su Pirítoo fiel.



jueves, 18 de febrero de 2010

Retrato del Rey Sol y familia


Nos hallamos ante una singular obra de arte del pintor Jean Nocret que representa a la familia del rey Luis XIV de Francia, pero lo hace de una manera peculiar, ya que los personajes retratados aparecen caracterizados como dioses olímpicos de la mitología grecorromana. El cuadro, acabado en 1670, es espectacular y quizá único en su género no sólo por su temática mitológica sino también porque puede que se trate del primer retrato de familia real, que anuncia así a Van Loo y también a Goya.


Parece que la única función de la naturaleza en el cuadro es añadir perspectiva de profundidad al retrato y servir de marco para la familia real.


A la derecha, elevado y realzado por sus dorados, aparece la figura de Luis XIV, rey de Francia del siglo XVII. Lo más curioso es que el monarca aparece, como veremos, con los atributos de Apolo y no con los de Zeus o Júpiter, como cabría esperar en principio en un monarca absoluto, dado que Zeus o Júpiter y no Apolo era el “deorum pater atque hominum rex”, padre de los dioses y rey de los hombres, como llama Virgilio en La Eneida al soberano del Olimpo. A decir verdad, los únicos atributos que nos harían pensar en Júpiter o Zeus, serían el cetro que sostiene en su mano, aunque sólo como símbolo de poder, porque también tiene una alusión al sol, y el trono sobre el que está sentado, pero el resto de la simbología alude indiscutiblemente a Apolo. Como se sabe, el rey Luis XIV desde el comienzo de su reinado adoptó la simbología solar, y era conocido de hecho como el Rey Sol.


La imagen que el rey quiere proyectar de su prestancia física se acomoda más a la juventud, la belleza y el resplandor de Apolo o Febo, que a las características asociadas a Júpiter. La túnica con la que viste es de color dorado, al igual que el cetro que sostiene con la mano izquierda, en cuyo extremo se representa una cara que irradia rayos solares por todas partes.


En su cabeza se asienta una corona de laurel, árbol que está íntimamente relacionado con Apolo. El laurel simboliza la victoria. Como se sabe, los atletas que participaban en los juegos píticos que se celebraban en Delfos en honor de Apolo y que vencían en las competiciones eran coronados con laurel. Igualmente, los generales romanos cuando celebraban la ceremonia del triunfo. Suetonio nos cuenta la anécdota de que Julio César se alegró de que el Senado romano le concediera la corona de laurel, que llevaba constantemente para disimular su incipiente calvicie. El laurel evoca el amor no correspondido del dios hacia la ninfa Dafne, cuyo nombre significa precisamente “laurel” en griego. El dios Apolo, que no pudo alcanzar a la ninfa en carne y hueso, se conformó con abrazarla una vez convertida en el árbol que lleva su nombre, paradójica victoria. Los cabellos del monarca son largos y rizados, como suelen representarse los de Apolo. Y el hecho de que exhiba su pecho desnudo y ligeramente bronceado, frente a la palidez de las restantes figuras, también nos hace pensar en las representaciones clásicas de Apolo como dios de la belleza masculina.


Aunque la fusión entre las dos divinidades distintas Apolo y Helios, que era propiamente el dios del sol en la mitología griega, no se produjo hasta la cultura helenística (finales del siglo IV hasta el I a.C.), para Homero la luz ya se consideraba un atributo apolíneo, dado que Apolo en la Ilíada es Febo, es decir, el “luminoso”, el “brillante”, el “resplandeciente”.


Igual que Apolo era la iluminación para los griegos, así Luis XIV pretendía serlo para su pueblo. Pues el rey Sol quería curar la “peste”, entendida como analfabetismo del pueblo ya que su época coincide con la Ilustración y el Siglo de las Luces, fenómeno que se caracteriza por pasar a una nueva etapa en la que reina la sabiduría de todos y en la cual el ignorante estaba mal visto. Esa “peste” del pueblo la relacionamos con la “peste” que Apolo podía arrojar a los seres humanos; se trataba de una especie de “mancha”; enfermedad que él enviaba y que él mismo también podía curar. En este caso el rey Sol no se identifica, obviamente, con la causa de ese analfabetismo, sino con su curación.


Apolo también aparece caracterizado como dios de la medicina, otro aspecto con el que podemos relacionar al rey Sol. Los años de su reinado coinciden con ciertos descubrimientos en el campo de la salud, que provocan que Francia se vuelva la luz del continente europeo azotado por tantas enfermedades y muertes.


Apolo era un dios muy importante para los griegos, casi más importante que Zeus ya que había más templos consagrados a él que a Zeus. A Apolo se le considera el dios de las artes en general y de la música en particular, la cual a su vez está relacionada con la poesía, pues los aedos (poetas) cantaban sus historias acompañados de la cítara o la lira, el instrumento predilecto de Apolo, que aparece en la parte inferior central del cuadro tañida por dos Amores.


Los compositores que trabajaron en la corte de Luis XIV fueron Lalande, Campra, Charpentier y Couperin, muy conocidos en la época, aunque no tanto como el grandísimo Lully, el preferido del monarca, cuya obra oscureció la de sus contemporáneos.


Amante de las artes -la música, la danza, la arquitectura, el diseño de jardines...-, el Rey Sol vivió rodeado por todas ellas, y en el campo de la música quiso dejar como herencia una corriente estética francesa que le plantara cara a la todopoderosa música italiana. Así, se prodigó en encargos que alimentaran una escuela nacional propia. Para ello, Lully excluyó los elementos italianos más típicos, tendiendo a una declamación más clásica, de drama griego antiguo. La música francesa de Luis XIV tenía un ritmo pautado, que representaba el paso del Rey. Otras de las características de esta música son «las referencias a la danza, su «elegancia» y «el sentimiento».


Detrás de esa obsesión de Luis XIV por las artes, y por identificarse con Apolo dios de las artes, lo que no dejaba de ser una forma de propaganda, se encontraba el imperioso deseo de dominar el mundo a través de ellas y de erradicar el analfabetismo y la incultura, arrojando la luz del sol sobre las tinieblas de la ignorancia.


Precisamente la imagen de Luis XIV como Rey Sol comenzó a elaborarse a partir de la música que se tocaba para los ballets en los que él era el protagonista. En ellos el rey surgía como Apolo, dios del sol y de la poesía, en el centro del universo, derrotando a los poderes maléficos de Pitón, el dragón símbolo del desorden político. El ballet es un arte que requiere una máxima perfección, característica muy reflejada en Apolo, al igual que también la elegancia. El ballet y la elegancia tienen relación con uno de los animales favoritos de Apolo, el cisne. El rey Sol quería tener una imagen perfecta y hermosa por siempre al igual que Apolo, que era el dios más joven y bello de todos los dioses. Esta perfección, elegancia y hermosura aparece muy bien reflejada también en todo su palacio, el de Versalles, en el cual reina un grandísimo equilibrio muy propio de Apolo. Por lo tanto vemos que al rey Sol le interesó mucho el aspecto de las artes relacionadas con Apolo para aplicarlas a su propia persona.


En los jardines de Versalles la fuente más espectacular representa a Apolo en su carro saliendo de las aguas y aludía a los primeros tiempos de Versalles, cuando servía como palacio de recreo. Las excursiones del Rey Sol a su palacio se equiparaban a los viajes nocturnos de Apolo al fondo del mar para descansar y renovarse. Si en el interior del palacio el rey aparecía como padre del reino, en los jardines era Apolo el amo de la naturaleza, a cuyas órdenes la vegetación se disciplinaba y los pantanos se convertían en jardines.


Apolo nació en Delos, isla a la cual se la consideraba en centro del mundo clásico por su situación, pero también el santuario apolíneo de Delfos constituía un punto importantísimo para el pueblo griego. Estos puntos centrales coinciden con el dormitorio de Luis XIV, situado justo en el centro del palacio, que se le consideraba en centro de toda Francia, es decir, el centro del mundo ilustrado.


Otra característica que cabe resaltar es la exaltación que los artistas hacían en sus obras del rey Sol, por ejemplo Molière en una de sus comedias, lo que se relaciona con la alabanza que los poetas le hacían a Apolo.


Con respecto a los demás miembros de la familia real, el cuadro se organiza de alguna forma como un árbol genealógico. La reina María Teresa está a la derecha de su esposo, contrastando sus rubios cabellos y su blancura con la piel ligeramente bronceada y la cabellera oscura del rey. Un pavo real nos hace pensar en Hera o Juno, la señora del Olimpo. Es la iconografía clásica de las reinas de Francia, al menos desde María de Médicis, sistemáticamente asociada a la esposa de Júpiter. Pero si Luis XIV es Apolo y no Júpiter, como hemos visto, hay un desfase matrimonial entre el rey –Apolo- y la reina –Juno-, porque Juno, que era la diosa del matrimonio, era la hermana y esposa de Júpiter, que encarna la fidelidad conyugal. En el cuadro está vestida con un velo que representa su casamiento.


Entre el rey y la reina, siguiendo siempre la lógica de la genealogía, sentado a los pies de su padre, el Delfín, rubio como su madre, coronado de laurel como su padre, dotado de las alas del Amor. El se caracteriza por ser Cupido, que equivale al Eros de la mitología griega, el dios del amor, que era hijo de Venus/Afrodita y, según unos, de Mercurio/Hermes, o. según otros, de Marte/Ares, pero no de Apolo y Juno, por lo que la identificación sólo puede hacerse de una manera simbólica por el amor que los padres sentían por su hijo. Sabemos que se trata de Cupido porque aparece con los atributos propios del dios, que son las alas, como el Amor que se encuentra a su lado, caracterizado también con la aljaba y las flechas del amor. Una corona de laurel ciñe la cabeza del Delfín de Francia, al igual que ya hemos visto en el rey. Esta planta no está relacionada, en principio, con Cupido, pero sí con su padre, el rey, ya que el niño será el pretendiente a la corona una vez haya muerto su padre.


A los pies de la reina, la única hija del matrimonio real que alcanzó la edad del uso de razón. A la izquierda de la niña, en primer plano, un cuadro dentro del cuadro, representaría a otros dos hijos muertos al año de nacer. El rey, la reina y sus hijos forman así un grupo triangular coherente que destaca del resto del grupo.


Detrás del rey, a la derecha, está la prima hermana del rey, caracterizada como Ártemis o Diana, para los romanos. En la mitología, como se sabe, Ártemis es la hermana de Apolo. Aparece con una media luna sobre su cabeza, símbolo que se relaciona con la diosa, y también porta en su mano derecha una lanza que podríamos interpretar doblemente: como una alusión a otra diosa virgen y guerrera, Atenea, la Minerva romana, o como instrumento de la diosa cazadora por excelencia. Aunque era muy típico de los reyes de Francia organizar cacerías, esto no le interesó particularmente al rey Sol. Puede interpretarse la caracterización de Ártemis/Atenea en ella como una alusión a su largo celibato.


Luis XIV ha cedido el lugar central a su madre Ana de Austria, vestida de azul con un velo color pastel. Ella está caracterizada como la diosa Rea o Cibeles (en latín), aunque la madre, en realidad, de Apolo y Ártemis era Letó. Rea es la madre los primeros dioses bienaventurados, madre de los tres dioses que se repartieron el mundo entre sí; Zeus, Posidón y Hades. Observamos que tiene el globo terrestre entre sus manos. También se ha querido ver en ella una caracterización de Deméter, la Ceres romana, que es una diosa madre ligada también a la tierra y a las cosechas.


A la izquierda de la reina madre, otro grupo está formado por el hijo cadete de Ana de Austria, Felipe de Orleans, y su familia. El duque de Orleáns, como su hermano el rey, está sentado. Parece un reflejo un poco más pálido de su hermano. Parece también un sol que amanece. De pie, a su derecha, está su esposa, que figura como Flora, la primavera como indican las flores que porta en sus dos manos y las que adornan sus cabellos en forma de guirnalda. Entre los dos adultos, su hija María Luisa, que, casada con Carlos II, llegaría a ser reina de España. Se la identifica por las alas de mariposa con Psique, el alma en la mitología grecorromana.


En la extrema izquierda, Enriqueta María de Francia, viuda de Carlos I de Inglaterra, y madre de la reina. La familia del rey ocupa así una rica diagonal de la que él es el centro y que responde al triángulo. Igual que Ana de Austria, ofrecía la tierra y sus cosechas, como Tetis o quizá Anfitrite, representa las riquezas del mar ante la asamblea de los dioses. El símbolo del tridente hace que la asociemos con Posidón/Neptuno y el mar. Era el tridente, como se sabe, el símbolo inequívoco del señor del mar, instrumento que utilizaban los pescadores griegos en la pesca del atún. En la mano derecha parece que sostiene un coral.


En el centro, pero en un segundo plano, tras Ana de Austria y Luis XIV, las tres medio hermanas de la gran Mademoiselle (Margarita Luisa de Orleans, Isabel Margarita y Francisca Magdalena) son representadas como las tres Gracias, lo que evita cualquier jerarquía entre las princesas. Las Gracias o Cárites en griego habitaban en el Olimpo en compañía de las Musas, con las cuales formaban a veces coros, y pertenecían al séquito de Apolo en cuanto dios músico.


Como conclusión apreciamos que el rey Sol se fijó y se le relaciona en casi todos los aspectos del dios Apolo pero sobre todo en los buenos. Pues el aparece como el sanador del pueblo, pero no como el causante de esa “enfermedad”. No se fija en el aspecto vengativo del dios cuando mató a todos los hijos de Níobe junto con su hermana Ártemis. La mayor relación encontrada con el dios es el aspecto de las artes, la hermosura, perfección y elegancia que aparecen en aquel mundo que era la corte del rey Sol.




(Trabajo escrito por Carla Setién)



jueves, 28 de enero de 2010

El intrépido Faetonte



--> -->

Un día Faetón se enfadó muchísimo con su compañero Épafo, quien le cuestionaba que fuese hijo del Sol. Furioso y avergonzado, fue a comentar la injuria a su madre y a reclamarle una prueba convincente que demostrase la identidad de su verdadero padre. Clímene le jura que es hijo del astro que los ilumina y le insta a que él mismo visite su palacio y compruebe su paternidad. Faetón se dirige aprisa al lugar del que cada mañana sale su padre. Después de subir un camino escarpado, se topa con el palacio del Sol, edificado sobre altas columnas y resplandeciente por el oro brillante y el granate. Entra en la residencia de puertas de plata y de altos techos de reluciente marfil. No se puede acercar demasiado al sol, porque no puede soportar su intensa luz. Su padre, sentado en un fulgurante trono y cubierto con un manto púrpura, le pregunta el motivo de su visita.
Faetón le responde:

- ¡ Oh, padre, dame pruebas para que todos puedan creer que soy hijo tuyo!

Su padre se quitó los rayos que ceñían su frente, lo abrazó con ternura, y le dijo:

- Soy tu padre, y para que no tengas ninguna duda pídeme lo que quieras. Sea lo que sea, juro por lo más sagrado que te lo concederé.

Faetón le pide en seguida que le deje conducir durante un día su carro que, tirado por cuatro caballos veloces, llevaba la luz y el calor a la tierra y a los hombres.

El padre se arrepintió de su juramento, ya que no hay dios ni mortal, excepto él mismo, que pueda conducir el carro que lleva el fuego.

Conducir el carro sería, para Faetón, antes un castigo que un privilegio, ya que es una tarea muy peligrosa. Intentó hacerle cambiar de idea advirtiéndole de los riesgos y peligros, pero no lo consiguió. El insensato y vanidoso Faetón cada vez ansiaba más subirse a aquel carro y demostrar a todo el mundo quién era, por mucho que con el paternal temor ya tuviese pruebas segura de ello.



Después de una larga discusión, al Sol no le queda más remedio que ceder. Cuando aparece la Aurora y huyen las estrellas, las Horas uncen los caballos que, saciados de su pasto de ambrosía, sacan fuego por la boca y les ponen las riendas. El sol acompaña a su hijo sobre su carro, obra de Vulcano. Tenía el eje, la lanza y la llanta de las ruedas de oro, y de plata los radios, con crisólitos y diversas piedras incrustadas en el yugo. Unta su rostro con un ungüento divino para protegerlo de la voracidad de las llamas y ciñe su cabeza con la corona de rayos. Con unos suspiros que ya presagiaban la tragedia, le da los últimos consejos:

- ¡ Por lo menos, hijo mío procura obedecerme! No utilices demasiado las espuelas y agarra fuerte las riendas porque estos caballos son muy bravos. No te apartes del camino, ya verás claramente las marcas de las ruedas. No bajes ni subas demasiado; si te elevas demasiado, quemarás las mansiones celestiales; si bajas demasiado, abrasarás la tierra. Ve por el medio. Piénsalo, todavía puedes cambiar de parecer.

Sobre el carro ligero, el joven, firme en su propósito, deseoso de conducir el carro, se pone bien recto, agarra las deseadas riendas y da las gracias a su contrariado padre.


Los cuatro corceles – Pirois, Eoo, Eton y Flegonte – llenan los cielos con sus relinchos de fuego y, llevados por sus alas, se precipitan hacia delante, desgarrando con sus cascos las nubes. Pero la carga que llevaban en el carro era demasiado ligera y el yugo no tenía el peso habitual. Al igual que las curvas naves se tambalean cuando no llevan la carga que les corresponde y son arrastradas por las aguas a causa de su excesiva ligereza, así el carro sin el peso acostumbrado saltaba por el aire e iba violentamente de un lado a otro. Los caballos, sin control, salen del camino marcado. El desventurado Faetón se asusta y no sabe reconducir la situación. Mira y ve la Tierra tan abajo que palidece y empieza a temblar de miedo. Ahora se arrepiente de haber subido al carro de su padre y de haber querido saber su verdadero origen. Aturdido y atemorizado, suelta las riendas y éstas tocan las grupas de los caballos, que emprenden una carrera sin nadie que los dirija. Corren sin control por donde quieren, topan con las estrellas que hay en el techo del cielo y bajan, luego, hasta las proximidades de la Tierra. Privadas del sol, unas partes de la Tierra se congelaron. En otras regiones, en cambio, se queman los campos, los bosques, las montañas y ciudades enteras con toda su población... Faetón siente el carro candente y ya no soporta más las nubes de ceniza y las chispas que le caen encima. Lo envuelve un humo caliente y, en medio de aquella oscuridad, no sabe dónde está y es arrastrado a la merced de los caballos voladores. En este momento, los pueblos etíopes adquieren el color negro que tienen, Libia se convirtió en un desierto, se secaron ríos, se fundió el oro del Tajo y desparecieron fuentes y lagos.

La Tierra nutricia, que apenas lograba contener la respiración, alzó su sofocada cabeza y habló a Júpiter de este modo:

- Si ésta, rey de los dioses, es tu voluntad y he de morir por la virulencia del fuego, ¿a qué esperas para enviar tus rayos? Si éste es mi destino, al menos quiero morir abrasada por tu fuego.

Júpiter debe evitar el penoso destino. Ya sin nubes, truena y lanza un rayo contra el auriga; así, con fuego cruel, apagó el fuego. Los caballos se asustan, rompen las riendas y se liberan de ellas. Hay restos del carro esparcidos por un área amplísima. Faetón, con la rubia cabellera encendida, se precipita al vacío dejando un largo rastro en el aire, como un cometa. El Erídano lo acoge y limpia su rostro humeante. Las náyades colocan en una tumba su cuerpo e inscriben sobre la lápida los versos siguientes:

AQUÍ YACE FAETÓN, QUE CONDUJO EL CARRO DE SU PADRE.
AUNQUE NO FUE CAPAZ DE GOBERNARLO, 
MURIÓ EN UN GRAN ACTO DE OSADÍA.

El Sol, enlutado y triste, estuvo todo un día escondido; con todo, los incendios daban luz. Odia la luz y, enfurecido con Júpiter, se niega a ofrecer su servicio al mundo. Júpiter mismo se disculpa por haber matado a Faetón y a las súplicas añade amenazas. Al Sol no le queda otro remedio que hacer su trabajo. Reúne a sus caballos enloquecidos y los golpea duramente con el aguijón y el látigo; los castiga cruelmente y los culpa de la muerte de su amado hijo.

Clímene, afligida, fuera de sí, y desgarrándose el pecho, recorrió todo el mundo en busca de los restos de su hijo. Encontró sus huesos enterrados en la ribera del río Erídano. Leyó la inscripción y lloró amargamente. No lo lloran menos las Helíades, que ofrecen sus lágrimas como inútil tributo a la muerte de su hermano, y golpeándose el pecho con las manos, gritan día y noche “Faetón” y se postran sobre el sepulcro.

Habían pasado cuatro meses y ellas continuaban llorando. Un día, Faetusa, la hermana mayor, quiso postrarse en tierra y se quejó de la rigidez de sus pies; y, cuando la bella Lampecia se le acercó, notó de golpe que unas raíces la retenían; la tercera, al querer arrancarse los cabellos, arrancó hojas. Una se queja de que tiene las piernas atrapadas en un tronco; la otra, de que sus brazos se han transformado en largas ramas. Mientras tanto, una fina corteza va cubriendo sus ingles y, poco a poco, les rodea el vientre, el pecho, los hombros y las manos. Sólo les quedaba la boca, con la que llamaban a su madre. Clímene no puede hacer nada más que ir de un lado a otro y darles besos; pero inútilmente intenta arrebatar los cuerpos de los troncos y romper con las manos las tiernas ramas; al hacerlo, salen gotas de sangre, como de un corte. Al ser heridas, las jóvenes gritan:

- Detente, madre, por favor, ¡nos estás desgarrando! Madre , debemos decirte adiós.

Tras estas palabras, la corteza les tapó la boca. De esta corteza manan lágrimas que, endurecidas por el sol, se transforman en ámbar. Las aguas cristalinas del río recogen este ámbar que servirá de ornamento.

Transformadas en álamos, permanecieron para siempre a orillas del río donde cayó su humeante hermano. El amigo de Faetón, Cicno, el hijo de Esténelo, fue testigo de este prodigio. De repente, su voz viril se hace aguda, le cubren los cabellos unas plumas blancas, se le estira el cuello y una membrana une sus dedos, que enrojecen; unas alas tapan sus costados y un pico sin punta le cubre la boca. Se convierte en un cisne, un ave hasta entonces desconocida. Por odio al fuego y a las llamas, elige vivir en el agua de los estanques y los lagos. Los cisnes entonan, antes de morir, un canto placentero.

Texto extraído de “Narraciones de mitos clásicos”; adaptación de las Metamorfosis de Ovidio a cargo de Margalida Capellá. Biblioteca Teide. Barcelona. 2007. Pp. 106 -111.

Las Metamorfosis de Ovidio y Faetón

La principal fuente de información sobre el episodio de Faetón es, sin duda, la obra de Ovidio, Las Metamorfosis ( s. I d. C.), si bien una tragedia de Eurípides llamada Faetón ( s. V a. C.) no ha llegado hasta nosotros.

Ocupa él con su juvenil cuerpo el leve carro
y se aposta encima, y de que a sus manos las leves riendas hayan tocado
se goza, y las gracias da de ello a su contrariado padre.
Entre tanto, voladores, Pirois, y Eoo y Eton,
del Sol los caballos, y el cuarto, Flegonte, con sus relinchos llameantes
las auras llenan y con sus pies las barreras baten.
Las cuales, después de que Tetis, de los hados ignorante de su nieto,
retiró, y hecha les fue provisión del inmenso cielo,
cogen la ruta y sus pies por el aire moviendo
a ellos opuestas hienden las nubes, y con sus plumas levitando
atrás dejan, nacidos de esas mismas partes, a los Euros.
Pero leve el peso era y no el que conocer pudieran
del Sol los caballos, y de su acostumbrado peso el yugo carecía,
y como se escoran, curvas, sin su justo peso las naves,
y por el mar, inestables por su excesiva ligereza, vanse,
así, de su carga acostumbrada vacío, da en el aire saltos
y es sacudido hondamente, y semejante es el carro a uno inane. [...]

Occupat ille levem iuvenali corpore currum
statque super manibusque leves contingere habenas
gaudet et invito grates agit inde parenti.
Interea volucres Pyrois et Eous et Aethon,
Solis equi, quartusque Phlegon hinnitibus auras
flammiferis inplent pedibusque repagula pulsant.
quae postquam Tethys, fatorum ignara nepotis,
reppulit, et facta est inmensi copia caeli,
corripuere viam pedibusque per aera motis
obstantes scindunt nebulas pennisque levati
praetereunt ortos isdem de partibus Euros.
sed leve pondus erat nec quod cognoscere possent
Solis equi, solitaque iugum gravitate carebat;
utque labant curvae iusto sine pondere naves
perque mare instabiles nimia levitate feruntur,
sic onere adsueto vacuus dat in aera saltus
succutiturque alte similisque est currus inani.
Quod simulac sensere, ruunt tritumque relinquunt
quadriiugi spatium nec quo prius ordine currunt.
ipse pavet nec qua commissas flectat habenas
nec scit qua sit iter, nec, si sciat, imperet illis.
tum primum radiis gelidi caluere Triones
et vetito frustra temptarunt aequore tingui,
quaeque polo posita est glaciali proxima Serpens,
frigore pigra prius nec formidabilis ulli, [...]

La literatura de la Edad Moderna y el mito de Faetón

En 1595 encontramos una referencia directa en la obra Romeo y Julieta de William Shakespeare al protagonista de la leyenda. Poco tiempo después, la Fábula de Faetón (1629) del conde de Villamediana retomó la leyenda del joven castigado por su imprudencia, un tema que repitió Calderón de la Barca en su obra El hijo del Sol, Faetón (1661).

La música clásica y Faetón



Antes de que acabara el siglo, las óperas de Lully y de Scarlatti, ambas tituladas Faeton (estrenadas en 1663 y 1685 respectivamente), introdujeron el tema en el mundo de la música. En los siglos XIX y XX, dos temas musicales tomaron como tema este mito: el francés Camille Saint-Saëns compuso su poema sinfónico Faetón (1873), y el inglés Benjamin Britten estrenó en 1951 sus Seis metamorfosis a partir de Ovidio, que incluían una dedicada a Faetón.