Podría
resumirse en sólo cuatro palabras casi toda la doctrina filosófica
y la actitud ante la vida que supone el epicureísmo. Epicuro,
como se sabe, fue un filósofo griego que vivió a caballo entre
los siglos IV y III antes de nuestra era. Su filosofía es el
materialismo atomista de Demócrito, y su ética es hedonista (de
ἡδονή, hedoné, placer en griego). Suele definirse el hedonismo
como la búsqueda del placer que evita las situaciones, cosas y
personas, que nos deparan dolor y complican innecesariamente la
vida.
Su
sistema filosófico se ha presentado a veces como un remedio contra
los males de la vida. La receta nos la da un seguidor de su escuela,
llamado Filodemo de Gádara en un papiro, que fue encontrado en su villa de Herculano,
junto a Pompeya, en esa Italia profunda, culta y helenizada que se
llamó la Magna Grecia. La fórmula de Filodemo se conoce como el
tetrafármaco
o cuádruple remedio. El conjuro que nos prescribe
contra la desdicha para lograr un poco de felicidad en nuestra vida
cotidiana, la única que tenemos, reza en griego así: Ἄφοβον ὁ θεός, ἀνύποπτον ὁ θάνατος, καὶ τἀγαθόν μὲν εὔκτητον, τὸ δὲ δεινόν εὐεκκαρτέρητον.
Una traducción libre de esta vacuna cuadrivalente podría ser la
siguiente redondilla:
No
te inspire Dios temor,
ni
la muerte ponga freno.
Que
está a tu alcance lo bueno
y
se pasa lo peor.
Según
Epicuro los bienes están al alcance de nuestra mano, delante de
nosotros, y los males no son tan malos que no podamos soportarlos,
pues como dice el refrán "no hay mal que cien años dure",
pero también "no hay mal que por bien (en realidad,
para bien) no venga", lo que viene a mostrarnos lo
relativas que son nuestras categorías y apreciaciones morales.
Los
dos grandes miedos contra los que lucha el epicureísmo, porque son
los que envenenan la vida haciéndola imposible, son la religión y
la muerte. Epicuro no niega la existencia de Dios o de los dioses,
afirma simplemente que, si existen, no se ocupan de los
hombres. Su existencia o inexistencia resulta indiferente.
En cuanto a la muerte, es célebre la sentencia que escribió en su carta a Meneceo, donde establece que nosotros y la muerte somos incompatibles: El más aterrador, por tanto, de los males, la muerte, nada es para nosotros, por cuanto mientras nosotros estamos, la muerte no está presente; y cuando la muerte esté presente, entonces nosotros no estaremos. Por tanto, ni para los que están vivos es, ni para los que han muerto, por cuanto para unos no está, y los otros ya no están ellos. (Traducción de Luis -Andrés Bredlow).
El siguiente vídeo sobre el filósofo, titulado "Epicuro y la felicidad", del escritor suizo Alain de Botton, resulta bastante interesante. Merece la pena verlo y escucharlo hasta el final. Dura 24 minutos y está en inglés con subtítulos en castellano.
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