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viernes, 15 de noviembre de 2019

Una nueva Odisea ilustrada

 

Acabo de releer con gran placer La Odisea, traducida y adaptada magistralmente por Carmen Estrada, y espléndidamente ilustrada por su hijo Miguel Brieva. 

 
Su lectura me ha recordado a los libros ilustrados de la Colección Historias de la editorial Bruguera de mi infancia y adolescencia, que acompañaban los textos de las aventuras con ilustraciones alusivas, y que permitían así que, fascinados por los dibujos de la novela gráfica, nos adentráramos en la lectura de la propia novela literaria.

 Desembarco en una isla


 
 Odiseo y el cíclope Polifemo

 No es sin embargo un libro para jóvenes, aunque puede serlo, sino para todo tipo de público en general. Me ha sorprendido por la cuidada edición (encuadernación,  papel,  tipo de letra), por la calidad de la propia traducción de Carmen Estrada en un lenguaje actual que reproduce impecablemente a la vez que actualiza el estilo de Homero.

 Odiseo oye el canto de las sirenas

Me han fascinado las ilustraciones en color y en blanco y negro de Brieva, un dibujante que admiro desde hace tiempo, de las que reproduzco algunas para incitar a la adquisición de este libro que, como he dicho más arriba, es un perfecto regalo que podemos hacer a alguien, o, sin ir muy lejos, a nosotros mismos. 

Reencuentro de Odiseo y Penélope



Merece la pena sumergirse otra vez en las aguas de esta Odisea y tener entre las manos este impagable volumen. 

jueves, 10 de abril de 2014

Lo que vale un peine (II)


Este peine, labrado en hueso, fue encontrado en la tumba núm 5, la llamada "tumba de Héctor" en Oria,  provincia de Bríndisi, antigua Brundisium, en el sur de Italia,  la Magna Graecia, donde se establecieron numerosas colonias griegas como Nápoles, la "nea polis" o "nueva ciudad", por poner sólo un ejemplo.  Pertenece el peine a la segunda mitad del siglo I después de Cristo. 

Sus dientes tienen distinto tamaño: por la parte superior son más numerosos y finos, y por la parte inferior más gruesos y menos. El mango del peine está decorado con una célebre escena de la Ilíada de Homero: Aquiles arrastra en una cuadriga el cadáver de su rival, Héctor, al que acaba de dar muerte.  Una vez muerto, el cuerpo de Héctor fue lacerado por los griegos, y posteriormente atado por los tobillos al carro de Aquiles, que lo arrastra extramuros a la vista de todos los troyanos. Es de suponer que el dueño de este peine era un admirador de Aquiles, el héroe homérico de los pies ligeros, y de la Ilíada en general. El peine se encuentra ahora en Museo Arqueológico Nacional de Tarento, Italia.

Según la Iliada de Homero, sin embargo, el carro de Aquiles no era una cuadriga  tirada por cuatro caballos, célebres en el imperio romano por las carreras que se celebraban en el circo, sino una biga (carro tirado por dos corceles). En efecto, los caballos del carro de Aquiles eran  dos, y tenían nombre propio: Janto y Balio. Ambos eran hijos del viento Céfiro.   El dios marino Posidón se los había regalado a los que serían los padres del héroe, Tetis y Peleo, con motivo de su boda.  Durante la guerra de Troya, arrastraban el carro de Aquiles y causaban admiración.




Así dice el pasaje de la Ilíada, libro XXII, versos 395-409, en la estupenda y homérica traducción que hiciera Agustín García Calvo en hexámetros dactílicos con una rima asonante que recuerda a nuestros romances medievales (Editorial Lucina, 1995): 

 Dijo; y al célico Héctor le urdía obra de afrentas:
de ambos los pies por atrás le horadó los tendones que llevan
desde el talón al tobillo, y trababa boyunas correas;
y de su carro lo ató, y dejó arrastrar la cabeza.
Y, a la carroza subido, alzando las armas señeras,
dio golpe de látigo; y no de mal grado volaban las bestias.
Y de él polvareda subía al arrastre, y la cabellera
belnegreante se le alborotaba, en el polvo la testa,
graciosa hasta allí; pero Zeus les había ya dado venia
a los enemigos para ultrajarla en su propia tierra.
Tal su cabeza inudríase en polvo. Y la madre en la almena
de su cabello arrancaba; y tiró su rica albanega
lejos y, al hijo mirando, gimió con ansias y quejas;
y sollozó hasta dar lástima el padre; y las gentes en cerca
se enfervecían en llanto y quejumbre por la ciudadela.


Detalle de una jarra de plata para servir vino fabricada en Italia en la primera mitad del siglo I de nuestra era, que muestra a Aquiles sobre su carro, acompañado de su auriga Automedonte, arrastrando el cadáver de Héctor ante las murallas de Troya.
 
ο χτένι από τον τάφο 5, τον λεγόμενο «τάφο του Έκτορα» στην Όρια της Ιταλίας (1ος αι. μ.Χ.). Η λαβή του χτενιού διακοσμείται με μια εξαιρετικά δυναμική παράσταση: ο Αχιλλέας τρέχει με το άρμα του σέρνοντας πίσω τον νεκρό του Έκτορα. Είναι εύλογη υπόθεση ότι ο Αχιλλέας ήταν το ηρωικό πρότυπο του ιδιοκτήτη της χτένας αυτής. Εθνικό Μουσείο του Τάραντα. Πηγή: www.lifo.gr
Οστέινο χτένι από τον τάφο 5, τον λεγόμενο «τάφο του Έκτορα» στην Όρια της Ιταλίας (1ος αι. μ.Χ.). Η λαβή του χτενιού διακοσμείται με μια εξαιρετικά δυναμική παράσταση: ο Αχιλλέας τρέχει με το άρμα του σέρνοντας πίσω τον νεκρό του Έκτορα. Είναι εύλογη υπόθεση ότι ο Αχιλλέας ήταν το ηρωικό πρότυπο του ιδιοκτήτη της χτένας αυτής. Εθνικό Μουσείο του Τάραντα. Πηγή: www.lifo.gr
Οστέινο χτένι από τον τάφο 5, τον λεγόμενο «τάφο του Έκτορα» στην Όρια της Ιταλίας (1ος αι. μ.Χ.). Η λαβή του χτενιού διακοσμείται με μια εξαιρετικά δυναμική παράσταση: ο Αχιλλέας τρέχει με το άρμα του σέρνοντας πίσω τον νεκρό του Έκτορα. Είναι εύλογη υπόθεση ότι ο Αχιλλέας ήταν το ηρωικό πρότυπο του ιδιοκτήτη της χτένας αυτής. Εθνικό Μουσείο του Τάραντα. Πηγή: www.lifo.gr

jueves, 7 de febrero de 2013

La Odisea de Homer Simpson


Historias del dominio público es un episodio de la serie de dibujos animados de Los Simpsons de Matt Groening, que puede acercaros a muchos, si no lo habéis hecho ya, al mundo mágico de la Odisea de Homero, un libro que no debe faltar en ninguna biblioteca, porque es un clásico que nunca defrauda. Si es así, bienvenida sea esta trivialización de la cultura que supone el episodio de los Simpsons.

La historia empieza cuando Homer (que es Homero en inglés, por cierto) lee a los niños unos relatos clásicos, que pertenecen al acervo cultural popular del dominio público,  entresacados de un libro que estaba en la casa. Los relatos son tres: Hamlet, Juana de Arco y La Odisea, que es el que aquí nos interesa ahora.

El episodio se titula  D’oh, Brother Where Art Thou?, una clara referencia y guiño a la película O Brother, Where Art Thou? de los hermanos Cohen, su primera incursión en la comedia,  basada libremente -tan libremente que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia- en la Odisea de Homero, por cierto también.

Homer es Ulises (u Odiseo, que es el nombre del héroe en griego), que le lleva a Príamo, el rey de Troya (al que da vida Ned Flanders) un caballo de madera, el célebre caballo de Troya, que ha dado nombre a un  destructivo virus informático que se introduce en nuestros ordenadores y los arrasa.

Él y sus hombres, entre los que se encuentran Apu, Jenny, Moe, el profesor Frink y Carl, salen del interior del caballo en el que se habían introducido para entrar en la fortaleza, y matan a todos los troyanos, incendian la ciudad y ganan la guerra.

Sin embargo, Homer en un alarde de soberbia o hybris se niega a sacrificar una oveja  a los dioses Zeus, Dioniso y Posidón, por lo que éstos se enojan con él. Posidón, que tenía poder sobre las aguas de los mares,  arrastra la nave de Ulises hacia la tierra de las Sirenas (encarnadas por Patty y Selma),  y visitan a la hechicera Circe, que convierte a la tripulación en cerdos, a los que Homer come.



Circe, luego, le ordena a Homer/Ulises atravesar el Hades, el Reino de los Muertos, cruzando el río Estigio, para así llegar a su casa y reencontrarse al fin con su fiel esposa, Penélope (Marge) y su hijo Telémaco (Bart). Cuando llega a Ítaca, la isla de la que era rey, después de veinte años, los diez que ha durado la guerra de Troya y los diez que ha durado la Odisea propiamente dicha o recorrido de vuelta a la patria, mata a todos los pretendientes de Penélope y se reencuentra con su fiel esposa e hijo, recuperando su reino y restableciendo su monarquía.  


lunes, 30 de abril de 2012

El sueño de Odiseo y algunas resonancias homéricas


Uno de los fragmentos más bellos de la Odisea de Homero que conozco es el episodio en que el sueño vence al sufrido héroe cuando está a punto de arribar a Ítaca (Odisea 13, vv. 79-92), un sueño (hypnos, hipnótico, que lo arrebata como por arte de magia)   dulcísimo y reparador que se asemeja a la muerte  (thánatos como la eutanasia o buena muerte). La nave va viento en popa, de vuelta a casa, al cabo de veinte años, por fin. El poeta compara la velocidad del navío con la de una cuadriga de caballos (hippos como caballo de carrera que corre en el hipódromo) a todo galope  y con el vuelo veloz como una flecha de un halcón peregrino.  

La nave surca el mar (thálassa,  como talasoterapia) que resuena, dejando una larga estela a su paso. Un mar que Homero siempre tiñe de rojo: rojo de vino, rojo de sangre, rojo de la aurora de dedos rosáceos o del sol que se pone al atardecer. Y el viajero que va en la nave es ante todo un hombre  (andra, la primera palabra del poema, como el primer compuesto de andrógino) pero un hombre que tiene mucho de divino (theós, como teología o ateo), un hombre que ha sufrido mucho (pathe, que conoce la patología del sufrimiento y la nostalgia) en la guerra (ptólemos como polémica) inevitable y en la mar, un hombre que ahora, cuando está a punto de regresar a casa, se olvida de todo y de todos, incluso de sí mismo, y se sumerge en ese sueño reparador y dulcísimo que se asemeja a la muerte.




Reproduzco en la traducción el ritmo dactílico del hexámetro de Homero, que hace que a una sílaba marcada rítmicamente le sucedan una o dos no marcadas  a lo largo de los seis pies con los que camina pausadamente (o galopa) cada verso.





Y a él un sueño profundo en los párpados se le escurría
hondo, muy dulce, a la muerte muy mucho que se parecía.
Y como cuatro caballos  en llano de briosa cuadriga
Todos a una al galope a fuerza de látigo viva,
Arrebatados al aire se abren camino de prisa,
Tal se erguía  la nave de proa, y estela que brilla
Iba de sangre, alargada, dejando de mar que gemía.
Y navegaba segura y tenaz; ni halcón cuando gira,
La más veloz de las aves, alcance darle podría.
Rauda bogando la nave surcaba las olas marinas;
A hombre llevaba a bordo  de traza casi divina
Que antes muy muchas pasó pesadumbres en su alma y fatigas
De hombres sufriendo la guerra y embates de olas bravías;
iba dormido ya en paz, olvidado de todas sus cuitas.



miércoles, 11 de abril de 2012

La Odisea de Cartier

Si un anuncio publicitario puede alcanzar la categoría de obra de arte, éste sería un excelente y extraordinario ejemplo, repleto además como está de referencias a la leyenda de oro de la mitología clásica. Se trata del cortometraje de tres minutos y medio de duración dirigido por Bruno Aveillan de la marca de relojes Cartier, inspirado en La Odisea homérica: las bellísimas imágenes y la espectacular banda sonora que las acompaña guían a este Odiseo-leopardo en su viaje de ida y vuelta hasta la India y la Gran Muralla china desde su patria de origen y punto de partida, una Ítaca que aquí es un Paris de magia y ensueño,  donde le espera al final del camino la fiel Penélope.

 






La marca ha creado una página (http://www.odyssee.cartier.es/) en donde se explica toda la experiencia  épica, que a través de un menú que se muestra justamente como una película dividida en capítulos da a conocer la historia de Cartier, donde podemos encontrar: “La inspiración original”, “El país de los Zares”, “Love y Trinity“, “Cara a Cara con el dragón celeste”, ” El sueño indio”, “La pantera”, entre otros títulos que nos llevan a través de un viaje milenario. En este mismo sitio se puede disfrutar del cortometraje en pantalla completa. No olvidéis poner los altavoces.