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miércoles, 27 de agosto de 2014

Algunos cabos sueltos


1.- Cuestión de ternura
 
  (ego: yo / sum: soy / tenerior: más tierno / non: no)

(Observa como el sufijo -ior aplicado a un adjetivo como tener, tierno, lo convierte en comparativo de superioridad: más tierno. Un procedimiento similar se sigue en inglés añadiendo el sufijo -er,  que tiene el mismo valor que -ior:  young joven / younger más joven. Esto, que podría parecernos extraño a nuestra lengua, se da también entre nosotros, que hemos heredado este sufijo bajo la forma -or en mejor, peor, menor y mayor, que signfiican respectivamente: más bueno, más malo, más pequeño y más grande. La razón de que en castellano esté mal dicho *Mi hermano es más mayor que yo, es su redundancia, ya que mayor ya significa de por sí más grande, de más edad. Sin embargo, el hecho de que se diga es significativo: revela que se ha perdido la conciencia del sufijo -ior. Conservamos, sin embargo, algunas formas claras como anterior, exterior, citerior (del lado de acá), interior, inferior, posterior, prior,  superior, ulterior (del lado de allá), y los latinismos senior (que es, por cierto,  el origen de nuestro señor)  y iunior que a veces vemos escrito junior).  

2.- Aquiles y la tortuga




Por mucho que digan los matemáticos para resolver la vieja paradoja de Zenón de Elea, cualquiera con más de dos dedos de frente ve que una ecuación como la que ellos proponen  0,9999999...= 1 no puede ser verdad. Aquiles, el de los pies ligeros, igual que la liebre de la vieja fábula, nunca ganará a la tortuga, sino que será ella la que paradójicamente gane la carrera.

3.- Lo que vale un peine (y 3)
Y por último cierro la serie de los peines, con este de oro de un monarca escita. Un objeto de valor artístico excepcional, que parece obra  de un artesano griego porque la forma del peine se asemeja a la fachada de un templo griego: los diecinueve dientes serían las columnas; encima se hallaría el arquitrabe o friso con cinco leones; y sobre éste el frontón triangular que representa una escena de combate entre guerreros escitas con un hombre a caballo en el centro y dos guerreros a pie a sus lados. Un caballo yace por tierra.   En el arte escrita son frecuentes los animales, más rara la representación humana. Este objeto procede de la tumba Solokha, data de los siglos V o IV antes de Cristo y se cree que tal vez perteneció a un monarca amante de la cultura y mundo griegos que fue asesinado por sus hermanos. El peine de oro se halla en el museo del Hermitage de San Petersburgo.  

 

martes, 2 de abril de 2013

El sabio y el necio

Otra sonrisa de Montt, esta vez de tipo socrático. El gurú, que es como se llama en la India al maestro espiritual, se pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre el hombre inteligente y el idiota? Su respuesta nos arranca la sonrisa y  nos recuerda a Sócrates.
sapiens sapientis: inteligente, sabio (cf. "homo sapiens")
se: se, él mismo (pronombre reflexivo,  que refleja al sujeto como si se tratara de un espejo devolviéndole su propia imagen).
esse: infinitivo del verbo "sum" (ser), verbo esencial por excelencia.
sapio: saber (de ahí deriva nuestra sapiencia, nuestro sabio y sabiondo, y nuestra sabiduría, pero también nuestro sabor, lo sabroso y lo desabrido (o desaborido) y lo que carece de sabor, lo que no sabe a nada, como el agua, lo *in-sápidum>insípido). 
stupidus -a -um:  estúpido, o, propiamente, aturdido, porque procede del verbo "stupere" que quiere decir "estar aturdido". De los participios pasivo y activo del verbo compuesto "stupefacere "causar estupor" hemos heredado nosotros, respectivamente, estupefacto y estupefaciente.

La palabra idiota, es por cierto, de origen griego, y significa "particular, privado"; tiene la misma raíz que idioma, que es una lengua particular (de las muchas que hay). El diccionario de griego dice así: "idiótes: persona privada o particular, simple ciudadano, hombre del común, plebeyo, también soldado raso, ignorante, rudo, vulgar, inexperto, profano." Nuestro inevitable Fernando Savater apostilla: Los antiguos griegos, a quien no se metía  en política le llamaban  idiótes; una palabra que significaba persona aislada, sin nada que ofrecer a los demás, obsesionada por las pequeñeces de su casa y manipulada a fin de cuentas por todos.”  De ese idiótes griego deriva nuestro idiota actual.

La connotación negativa que ha adquirido la palabra "idiota" se debe a su contraposición a "común". Lo común a todos los hombres es que tengamos una lengua, es decir, un "logos", en el sentido griego de lenguaje y, a la vez, el uso de la razón y el entendimiento que el lenguaje nos aporta: lo común a todos es que tengamos una lengua que nos haga pensar y entrar en razón, y lo particular de cada uno, lo que nos diferencia de los demás, es que cada cual lo hagamos en nuestra propia lengua, en nuestro idioma, y que, por lo tanto, tengamos también opiniones personales.

Tienen, por cierto, mucho prestigio las opiniones personales, y no deberían tenerlo. A menudo se dice que todas las opiniones son respetables. Y no es cierto. Las opiniones no tienen por qué ser respetadas cuando no son más que el fruto de nuestra idiotez personal e intransferible. Ya el sabio presocrático Heráclito de Éfeso nos ponía en guardia contra esto. Decía, cito de memoria, que la razón era común a todos los hombres pero que cada cual tenía su "pensamiento particular", sus "ideas propias", su "ideología", su, vamos a hacer un juego etimológico, su idio-sincrasia. Y eso atenta, precisamente, contra la razón o lógos que a todos nos es común. Por algo se dice que el sentido común es el menos común de todos los sentidos, porque está viciado por las ideas personales. No hay nada más impersonal que las ideas supuestamente personales. Y las ideas, como las opiniones, no tienen por qué ser respetadas como si se trataran de dogmas de fe, sino todo lo contrario.  

Según el mito, los seres humanos nos entendíamos en un principio porque todos hablábamos la misma lengua o, dicho de otra manera, porque la misma lengua hablaba por nuestras bocas, pero fuimos castigados por Jehová o Yahvé por la construcción de una Torre, el rascacielos de Babel que pretendía llegar hasta el cielo, lo que irritó al Señor, que nos condenó a no entendernos porque cada cual iba a hablar, a partir de entonces, en su propio idioma o idiolecto. Ese hecho fue algo así como nuestra segunda expulsión del paraíso. 




He aquí un ejemplo gráfico, tomado del blog sxoleio2010.blogspot.com,  que da algo de idea del estado posterior a la destrucción de la torre de Babel. Así se dice "pan" en algunas lenguas europeas nacionales personificadas por los colores de la bandera del país donde se hablan. No es casualidad que los bocadillos coloreados de verde presenten formas parecidas (pan, pane, pain, pâo, pâine),  porque corresponden a las lenguas romances castellano, italiano, francés, portugués y rumano, todas ellas derivadas del latín y en concreto de la forma "panem".

Volviendo al principio, os decía que la viñeta de Montt nos recuerda al dictum socrático (Sócrates no dejó nada escrito, pero sí dijo muchas cosas), que es un reconocimiento bastante inteligente de la propia ignorancia, de nuestra idiocia, idiotismo o idiotez personal: Sólo sé que no sé nada. Ahí radica la diferencia entre el sabio y el necio, entre el que sabe que no sabe y entre el que cree saber muchas cosas.


Sé que no sé nada (oida udén eidós)