martes, 22 de enero de 2019

La metáfora pedagógica del Buen Pastor

Denuncia Emmánuel Lizcano en su libro Metáforas que nos piensan. Sobre ciencia, democracia y otras poderosas ficciones que el mundo en el que vivimos es una pura simulación, y que la realidad, por lo tanto, es igualmente ficticia. Vivimos en un mundo de representaciones, en una magnífica ficción que, como todos creemos en ella, se ha hecho real, se ha realizado, lo que no quiere decir, por otra parte, que sea verdadera: es falsa, como todo simulacro, una ilusión, un engaño.

Uno de los mecanismos más potentes que tiene el lenguaje que utilizamos y que nos utiliza a nosotros es la creación y empleo de metáforas que son tanto más eficaces cuanto más nos pasan desapercibidas. Cuando usamos una metáfora y no una simple comparación, estamos viendo una cosa como si fuese otra, o desde la perspectiva de otra, porque una metáfora es una transferencia, una traslación que conlleva otro punto de vista. Cambiar de metáfora es cambiar de perspectiva. No nos referimos sólo a las poéticas, figuras estilísticas o retóricas, sino sobre todo a las políticas y cotidianas, aparentemente inofensivas si no fuesen falsificadoras. 



Hay metáforas que están tan generalizadas que ya no nos damos cuenta de su condición metafórica; son las que Lizcano denomina “metáforas que nos piensan”, porque creemos que estamos usando una figura estilística o retórica y resulta que es una idea que está incrustada en nuestro cerebro y condicionando nuestro pensamiento y nuestra forma de razonar. Creemos que estamos diciendo algo muy original y resulta que estamos repitiendo una idea inculcada como si fuese un mantra, idea que, a modo de espejo cóncavo, deforma la realidad distorsionándola de una forma esperpéntica y valleinclanesca. El lenguaje no es un simple espejo que refleja la realidad, sino el poderoso artefacto que la crea.

La crítica de estas metáforas que utilizamos inconscientemente a veces y que nos utilizan a nosotros, sus supuestos usuarios, permite socavar creencias muy arraigadas, cuestionar cantidad de cosas que damos por sentadas, desenmascarar ficciones que creemos certidumbres.


Estatuilla de mármol del Buen Pastor


Leyendo a Pedro García Olivo, por ejemplo, encuentro una de esas metáforas: la del profesor como pastor, es decir, como educador, en el sentido de formador de la personalidad holística, integral del alumnado. El maestro y el profesor no son según esta metáfora transmisores de conocimientos, alguien que enseña algo, sino alguien que trata de formar y modelar la personalidad de sus pupilos a modo de Pigmalión que vela por su seguridad y aun por su salvación, o el alquimista que se empeña en sacar oro de donde no lo hay. 

La metáfora pedagógica del profesor como pastor del rebaño es una ficción, una falsedad que interesa que sea real desde el momento en que se define a este como educador y no como mero enseñante, pero que puede desmontarse, y que García Olivo desmonta habitual- y lúcidamente como buen antipedagogo que es contraponiéndole otra y proponiéndonos por lo tanto un cambio de perspectiva: el profesor no es el pastor del rebaño, el Buen Pastor según la mitología cristiana que salva a la oveja descarriada, no; el profesor es, mercenario a sueldo del Estado y/o del Capital, él también, parte y no la menos importante sino pieza fundamental por cierto del sistema,  es el perro guardián del rebaño y también y por lo tanto, sin embargo, nos guste o nos disguste, un borrego más.

domingo, 20 de enero de 2019

Panem et Olympiades

Fue el poeta satírico romano Juvenal el que acuñó por primera vez la enseguida celebérrima expresión "panem et circenses" como reproche crítico a sus compatriotas, que buscaban, como es natural y propio de todo bicho viviente, el alimento del cuerpo (los hidratos de carbono, en este caso),  y el entretenimiento del circo romano, lo que es más reprobable, como único nutriente del espíritu. 

Pero la crítica que hacía Juvenal no se dirigía sólo a sus conciudadanos, al pueblo bajo e inculto, a la chusma del populacho que se conforma con las migajas de la limosna que le dan, sino al sistema político que favorece que sean así las cosas y no de otra manera.



En efecto, era muy fácil en la antigua Roma manipular a la plebe -y eso no sólo lo sabían los políticos y emperadores, sino que además lo ponían en práctica demagógicamente- ofreciendo suministro gratuito de trigo,  para que no le faltara al pueblo el pienso de cada día, y organizando espectáculos circenses igualmente gratuitos (carreras de cuadrigas en el hipódromo, que era propiamente el circo, o también luchas de gladiadores en el anfiteatro, y eventualmente espectáculos teatrales de comedia y tragedia en el teatro, porque la cultura, ay,  también entra dentro de la sociedad del espectáculo y del espectáculo de la sociedad), para  pasto de entretenimiento y distracción de la gente, a la que convertían en una masa amorfa, sumisa y conforme con el orden social establecido.

A lo largo de la historia de España, se ha actualizado varias veces este dicho de Juvenal como "pan y toros" (sobre todo en la oprobiosa dictadura de Franco, aunque la tauromaquia sigue desgraciadamente vigente),  y ahora en la democracia "pan y fútbol", o "subsidio de desempleo (vulgo paro o renta básica) y fútbol" (aunque del balompié ya se sirvió también el régimen anterior, y mucho, para amodorrar al personal, pero más ahora en esta época "crítica" -de crisis- en la que los triunfos futboleros de la marca "España" sirven para alimentar el autobombo del patriotismo nacional y la autocomplacencia del chovinismo,  ocultando, de paso, nuestras miserias); y se actualiza también, abarcando sobre todo a los espectáculos que se retransmiten por la pequeña pantalla en horas de máxima audiencia, como "cerveza y televisión", o más modernamente, porque eso de la televisión ya está un poco anticuado, "cerveza y esmarfón", o lo que es lo mismo "agua de cebada fermentada y redes sociales en la micropantalla".

Logotipo de las olimpiadas que se celebrarán, si nadie lo remedia antes, en Tokio en 2020.

Ahora que se celebran y se televisan cada cuatro años, urbi et orbi, a bombo y platillo, los modernos juegos olímpicos, podríamos actualizar una vez más la expresión diciendo que  los medios de (in)comunicación (o de conformación de masas de individuos personales) nos ofrecen en vez de espectáculos circenses,  los olímpicos, las modernas olimpiadas que resucitó el barón de Coubertin para conmemorar y resucitar las que se organizaban en Olimpia cada cuatro años en todo el ámbito griego de la antigüedad.

Y nos ofrecen cada cuatro años el pan y el circo de las olimpiadas en bandeja para que tengamos la sensación de que pasa algo, de que pasan cosas en el mundo,  fabricando innumerables noticias para pasto de los medios, cuando, por lo bajo, en lo hondo del corazón y las entrañas, lo que todos y cada uno de nosotros sentimos en nuestro fuero interno es que no pasa nadaNo pasa nada de nada. Absolutamente nada.  

Por eso nos retransmitieron en 2012 los juegos olímpicos londinenses, y en 2016 los brasileños de Río de Janeiro, y en 2020 nos retransmitirán los japoneses de Tokio,  para que creamos que suceden cosas y que asistamos nosotros a su espectáculo como meros espectadores que quieren que seamos  (nunca protagonistas, siempre espectadores y sólo espectadores) convirtiéndonos así en voyeurs impasibles, receptores y consumidores de imágenes en general y de la imagen en particular de la llama olímpica que se consume y nos consume.

jueves, 17 de enero de 2019

Freedom y Liberty

El inglés no es una lengua románica o romance, es decir, derivada del latín, que era la lengua del Lacio y de Roma, como son el italiano, el francés o el castellano, pero más de la mitad de su vocabulario (el 62% según algunos estudios y estimaciones) es de origen latino, tomado directamente del latín como préstamo, o bien a través del antiguo francés que hablaban los normandos y que fue la lengua oficial de Inglaterra durante varios siglos.

Los hablantes de lengua inglesa, que es la lengua del Imperio, disponen muchas veces de dos palabras para referirse, más o menos, a un mismo concepto: una germánica sajona y otra de origen latino. Para ellos la más habitual, la más normal y corriente, es la de origen germánico o sajón, la que para nosotros es la más rara, mientras que la latina, que para nosotros es la más transparente, es para ellos la más culta y complicada. Esto sucede, por ejemplo, con la palabra "libertad" que en inglés puede decirse con la forma germánica-sajona "freedom" pero también con la latina "liberty". 

La famosa estatua de la Libertad de Nueva York, una alegoría femenina que a modo de faro ilumina el mundo, se denomina con el nombre latino Statue of Liberty.





Pero también existe en los Estados Unidos de América una Statue of Freedom, con el nombre germánico, coronando la cúpula del Capitolio. Se trata de otra alegoría femenina de la Libertad en bronce, obra de Thomas Crawford.  Como característica más curiosa, posee una espada (envainada) en la diestra y una corona de laurel, símbolo apolíneo de la victoria, en la izquierda. 

La espada me recuerda la imagen, ciertamente kafkiana pero no por ello poco significativa, que nos presenta Franz Kafka en su novela América, donde,  cuando describe a Liberty, la estatua de Nueva York, cambia la antorcha que enarbola en su diestra y que ilumina al mundo por una espada.   Freedom porta también, sobre la cabeza, un yelmo militar coronado de estrellas y una cresta de plumas. Debajo de ella puede leerse la divisa "E pluribus unum", "De muchos uno", que hasta 1956 fue considerado el lema de los Estados Unidos de América, pero a partir de entonces fue sustituido por "In God we trust",  "confiamos en Dios", es decir, en el Dinero, que por eso figura en los billetes de dólar.
 

martes, 15 de enero de 2019

Varietates (III)

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La viñeta del humorista gráfico Chumy Chúmez (1927-2003),  publicada en fecha 17 de octubre de 1968 en el ya desaparecido diario Madrid, en plena y oprobiosa dictadura de Franco, traducida al latín, que es nuestra lengua madre, sigue desgraciadamente de "rabiosa" actualidad.  ¿Será porque, como dijo el poeta, "hoy es siempre todavía"? 


(iura: los derechos (nominativo plural de ius iuris) / hominis: del hombre (genitivo singular de homo hominis) / tria: tres / sunt: son / videre: ver / audire: oír / et tacere: y callar)



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El mar, la mar



Igual que aquellos diez mil griegos que nos cuenta Jenofonte en la “Anábasis” que en el año 401 antes de Cristo expresaron con lágrimas en los ojos su alegría abrazándose los unos a los otros al contemplar de nuevo el mar a lo lejos desde lo alto de una colina, el mar, la mar que para ellos suponía estar ya de vuelta en casa después de tantas y tan duras jornadas de duro caminar bajo el sol ardiente del desierto, y que gritaron con una voz que se multiplicaba en los ecos como el rumor del oleaje ¡thálatta, thálatta!, o lo que es lo mismo mar, mar, el mar, la mar, y festejaban así, a la vista del Mar Negro, el regreso que se les abría a través del mar de Posidón, igual que ellos celebramos nosotros también el retorno al fin a las aguas primigenias al mar, el mar, la mar de todos los naufragios.

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Crónica de sucesos



La viñeta de J.R.Mora lo dice todo: una pantalla de la que salen literalmente tripas ensangrentadas, y un texto explícito: "Llenaron los informativos de sucesos para no tener que contar lo que sucede". Efectivamente, la crónica de sucesos lo ha invadido todo en cuanto a información se refiere a modo de cortina de humo que nos impide ver lo que pasa. Eso es lo que sucede.



domingo, 13 de enero de 2019

Grecia en ruinas

He aquí cuatro viñetas modernas sobre la antigüedad griega. Nos hablan a su manera del turismo, y de la consiguiente turismofobia que se desprende de él, y de la realidad actual de Grecia. 


La viñeta, en primer lugar, del dibujante de prensa Deligne dice, en la lengua de Molière, lo siguiente:
-¡Podían habernos dicho que los restos arqueológicos estaban en ruina!
-¡No habríamos hecho todo este viaje para esto!

A continuación tres viñetas de El Roto publicadas en El País en distintas fechas sobre Grecia, que giran en torno a los temas "ruina", "deuda" y "crisis".

 






La Viñeta  hace hablar a la diosa guerrera, sabia Atenea, patrona de Atenas que le regaló el olivo a la ciudad, a la que los atenienses consagraron el Partenón o templo de la Virgen, y que nos hace reflexionar reprochándonos que hablemos alegremente de la "deuda" griega, como si los griegos tuvieran la culpa de la crisis económica y financiera que padecen, y como si la civilización occidental no le debiera nada a la lengua y cultura helénicas y no tuviera contraída por su parte una deuda milenaria e impagable con ellas.


viernes, 11 de enero de 2019

Cerebros pirateados

Leo con interés el artículo del historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari Los cerebros “hackeados” votan, publicado en El País el 6 de enero de 2019, que me decepciona al final bastante porque, después de hacer unos descubrimientos que ponen en tela de juicio la democracia liberal, hace una defensa a ultranza de dicho régimen que “ha demostrado que es una forma de gobierno más benigna que cualquier otra alternativa”. Me recuerda mucho a la célebre impostura de Winston Churchill: “la democracia es el peor sistema de gobierno posible, con excepción de todos los demás”. Lo que sí ha demostrado la democracia es que, buena o mala, es la forma de gobierno más eficaz hoy por hoy en todo el mundo, porque es la que se ha impuesto y consolidado, la que se acepta con más resignación y la que nos toca padecer. 
 

No obstantes, el artículo hace algunos descubrimientos que hay que tener en cuenta, como el que se desprende de su título, donde aparece el concepto de cerebro “hackeado”, con terminología informática sajona, -jaqueado, escribiría yo, a riesgo de interpretar el término en la jerga ajedrecística como jaque al rey, o pirateado, mejor con vocablo griego más nuestro. Viene a decirnos Yuval Noah Harari que las nuevas tecnologías pueden “corroer la libertad humana desde dentro” más que los viejos regímenes autoritarios que lo hacían desde fuera.

El libre albedrío, que caracterizaría al homo sapiens, no es una realidad científica, escribe, sino un mito “que el liberalismo heredó de la teología cristiana”, según la cual Dios premia y castiga las buenas y malas acciones de los seres humanos, fruto como serían de su libre arbitrio. Niega Yuval Noah Harari el libre albedrío de los seres humanos afirmando que efectivamente tomamos decisiones “libremente” pero que estas no son verdaderamente libres, porque nuestra mente no es libre. No somos, por lo tanto, seres libres como pretenden la tradición cristiana y la Ilustración, sino que somos “animales pirateables”. Nuestras decisiones dependen de muchísimos factores que las condicionan y nos condicionan a nosotros, ya que no controlamos nuestros pensamientos e ideas sino que son ellos los que nos controlan a nosotros. 
 
No hace falta recurrir a ninguna suerte de teoría de la conspiración como hace el autor cuando menciona para asustarnos a los hackers informáticos, que se limitan, según él, por ahora “a analizar los productos que compramos, los lugares que visitamos, las palabras que buscamos en Internet”, pero dentro de unos pocos años “podrían correlacionar el ritmo cardiaco con los datos de la tarjeta de crédito y la presión sanguínea con el historial de búsquedas”. 

Si nos empeñamos en conocernos a nosotros mismos, siguiendo el viejo adagio del templo de Delfos, nos daremos cuenta de la imposibilidad de la tarea: No es posible que el conocedor sea objeto de su propio conocimiento.  Conócete a ti mismo debería significar: reconoce tu ignorancia. No sabes quién eres. Sin embargo, nuestros piratas, esos peligrosos hackers que cita el autor, sí lo saben, pueden saber lo que nosotros no sabemos, porque pueden hacer que se nos antoje cualquier cosa, es decir, cualquier idea, y vendérnosla. Cuando descubren lo que nos interesa, lo que amamos y lo que odiamos, nuestras ideas y prejuicios, pueden ya manipularnos, nos conocen mejor que nosotros mismos y que la madre que nos parió, por lo que pueden apretar nuestras tuercas. No es que descubran nuestros intereses personales ocultos, sino que fomentan que desarrollemos unos gustos personales, opiniones particulares, nuestras propias ideas, una personalidad propia, en definitiva, que ellos acaban diseñando y controlando mejor que nosotros. Nos han inculcado unas ideas que no son propias, sino comunes, pero de las que nosotros nos apropiamos como si fueran carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre, y las defendemos a capa y espada, idiotas que somos,  como nuestra más íntima posesión. Cuando uno se da cuenta de que “estos pensamientos no son míos, no son más que ciertas vibraciones bioquímicas”, comprende también que no tiene ni idea de quién ni de qué es. Uno se conoce a sí mismo, cuando reconoce que no sabe quién es.

El autor, después de hacer estas clarividentes revelaciones y formularnos la inquietante pregunta retórica de “¿Cómo vivir cuando comprendemos que somos animales pirateables, que nuestro corazón puede ser un agente del Gobierno, que nuestra amígdala puede estar trabajando para Putin y la próxima idea que se nos ocurra perfectamente puede no ser consecuencia del libre albedrío sino de un algoritmo que nos conoce mejor que nosotros mismos?”,  se muestra sin embargo no poco ingenuo considerando que se puede hacer un uso positivo de la tecnología y crear un poderoso antivirus contra el pirateo de nuestros datos.

Yuval Noah Harari se pregunta: “¿Qué hacer?” Y se responde diciendo que hay que defender la democracia liberal, como decíamos al principio, porque es un mal menor, pero al mismo tiempo hay que “desarrollar un nuevo proyecto político más acorde con las realidades científicas y las capacidades tecnológicas del siglo XXI”. No sé cómo se entiende eso. ¿En qué quedamos entonces? Yo diría que lo que hay que hacer es mucho más sencillo que todo eso: Ya lo sugiere el propio autor, basta con dejar de creer en el libre albedrío, y, reconocer, con Agustín García Calvo entre nosotros, que cuando creemos que hacemos lo que queremos estamos haciendo en realidad lo que nos mandan: «Si cada uno no creyera que hace lo que quiere, sería imposible que hiciera lo que le mandan.».

miércoles, 9 de enero de 2019

Dos epigramas de Alceo de Mesene

Alceo de Mesene o de Mesenia (Mesene era la capital de Mesenia, al suroeste de la península del Peloponeso en Grecia) vivió entre los siglos III y II antes de Cristo, y fue un poeta contemporáneo del rey Filipo V de Macedonia. Nos quedan de él 22 epigramas de diversa temática conservados en la Antología Griega, también llamada Palatina. No ha de confundirse con Alceo de Mitilene, contemporáneo de Safó de Lesbo, al que debe su nombre la estrofa alcaica. Alceo de Mesene escribió tres epigramas de contenido político satírico contra Filipo V, monarca de Macedonia, que le valieron la enemistad del rey. He aquí un ejemplo de la Antololgía Griega VII, 247, donde Alceo lamenta la derrota de los macedonios en la batalla de Cinoscéfalas en Tesalia (187 a. de C.) a manos del cónsul Flaminino, derrota que abrió a los romanos las puertas de Grecia, y satiriza a su rey Filipo, que huyó de modo poco decoroso.

Ἄκλαυστοι καὶ ἄθαπτοι, ὁδοιπόρε, τῷδ᾽ ἐπὶ τύμβῳ
Θεσσαλίας τρισσαὶ κείμεθα μυριάδες,
Ἠμαθίῃ μέγα πῆμα: τὸ δὲ θρασὺ κεῖνο Φιλίππου
πνεῦμα θοῶν ἐλάφων ᾤχετ᾽ ἐλαφρότερον.

Sin funeral y sin tumba, viajero, en esta colina
de la Tesalia, aquí mismo yacemos tres mil.
Llora sin fin Macedonia. Y el ánimo audaz de Filipo
huye corriendo más raudo que ciervo veloz.

Se trata de un epigrama fúnebre, a modo de epitafio dirigido al lector-caminante que pasa junto a la lápida de la tumba,  y le dice que en esa colina yacen tres mil soldados macedonios muertos, insepultos, que no han recibido las honras fúnebres correspondientes, derrotados por los romanos en la Tesalia, mientras que su rey, Filipo V de Macedonia, huyó como un cobarde. El epigrama tiene un innegable contenido satírico, comparándose la huida del rey ante la derrota con la estampía de una manada de ciervos. No hay que confundir a este Filipo V (238-179), cuyo reinado se caracterizó por la lucha infructuosa contra Roma, con Filipo II (382-336), el padre de Alejandro Magno.

Filipo V de Macedonia


A lo que Filipo V, rey de Macedonia, le replicó no sin cierta ironía parodiando el primer dístico con un epigrama mucho más breve aún donde amenazaba al poeta con crucificarlo. Es el número 26b de la citada Antología: 

Ἄφλοιος καὶ ἄφυλλος, ὁδοίπορε, τῷδ᾽ ἐπὶ νώτῳ
Ἀλκαίῳ σταυρὸς πήγνυται ἠλίβατος.

Sin corteza y sin hojas, viajero, en este collado
para Alceo está   ya preparada la cruz.

Alceo de Mesene también escribió epigramas homoeróticos. Suyo es este célebre reproche contra el Amor en dos dísticos elegíacos, incluido como número 10 en el libro quinto de la citada Antología:
 
ἐχθαίρω τὸν Ἔρωτα: τί γὰρ βαρὺς οὐκ ἐπὶ θῆρας
ὄρνυται, ἀλλ᾽ ἐπ᾽ ἐμὴν ἰοβολεῖ κραδίην;
τί πλέον, εἰ θεὸς ἄνδρα καταφλέγεί; ἢ τί τὸ σεμνὸν
δῃώσας ἀπ᾽ ἐμῆς ἆθλον ἔχει κεφαλῆς;

Odio al Amor: ¿por qué no lucha con alimañas,
cruel, en vez de lanzar dardos a mi corazón?
¿Qué gana un dios si hace polvo a un hombre? ¿Qué noble premio
de mi cabeza lograr puede matándome a mí?