martes, 20 de agosto de 2019

De la felicidad et alia (mensajes breves)

El sedicente pensamiento positivo ha creado la falsa ilusión (falsa es epíteto de ilusión) de que la felicidad es una meta realista que todos deberíamos lograr.

La felicidad según Hegesias de Cirene es imposible porque el cuerpo y el alma que se com-padece son presa de muchos sufrimientos a lo largo de la vida.

Hegesias de Cirene, el abogado de la muerte, escribió un tratado sobre la fatalidad de la vida humana, y concluyó que morir era más goloso que vivir.

El rey Tolomeo le prohibió al filósofo Hegesias hablar del tema de la muerte voluntaria, ante el peligro de que sus oyentes, súbditos del rey, se suicidasen.

Abderramán III, el califa de Córdoba, vivió veinticinco mil quinientos cincuenta días, y calculó que sólo había sido feliz catorce de ellos, y no consecutivos.

Psicólogos y psiquiatras prescriben el don't worry, be happy! en lengua imperial, que no cabe en la realidad porque ésta y la felicidad son incompatibles.

Un infeliz encontró una lámpara maravillosa, y le pidió al genio que había dentro disipar la razón de su desdicha; aquél hizo desaparecer al desgraciado. 

 
Los habitantes de Un mundo feliz de Aldous Huxley viven supuestamente felices gracias a la ayuda del soma estupefaciente que los mantiene contentos y sumisos. 

La industria psicológica de los gurús del ¡sé feliz! nos deprime vendiéndonos una felicidad inalcanzable, como la zanahoria atada al palo delante del pollino. 

El monoteísmo judeocristiano y mahometano conquistó los espíritus humanos desplazando el politeísmo con la falsa e inaudita promesa de vida eterna y salvación. 


 

Jerjes, el rey de los persas, ofreció una recompensa a quien le descubriera un nuevo placer voluptuoso, pero su deseo infinito no quedó satisfecho con ninguno.

domingo, 18 de agosto de 2019

Venus y Cupido, según Cranach el Viejo

En 1509 pintó Cranach el Viejo su primer lienzo sobre Venus y Cupido. En primer plano la diosa completamente desnuda apenas velada por una gasa trasparente; tras ella su hijo a punto de tensar el arco para disparar una de sus terribles flechas. Sabemos que esos dardos amorosos pueden ser más mortales que los del propio Apolo, como revela la historia de este dios y la ninfa Dafne. Venus, por lo tanto, apacigua a su hijo con un gesto de su mano derecha haciéndole bajar el arco, como si quisiera refrenar los deseos carnales. 

Hay un dístico elegíaco latino de hexámetro y pentámetro dactílico grabado en la parte superior, a modo de advertencia para que el espectador del cuadro no se entregue a una “caeca Venus” ciega pasión o amor loco, que reza: PELLE CVPIDINEOS TOTO CONAMINE LVXVS/ NE TVA POSSIDEAT PECTORA CECA VENVS. Lo que viene a decir:  Huye con toda tu fuerza de disipación de Cupido / para que en tu corázón no entre la ciega pasión. 

Venus y Cupido, Cranach el Viejo (1509)

El óleo de Cranach el Viejo adquiere así cierto carácter moralizante, como si quisiera moderar el alcance de la voluptuosidad y sensualidad que conllevaba el Renacimiento.

Varios años después Cranach sigue pintando Venus y Cupidos en muchas ocasiones pero introduce un curioso detalle: Cupido es picado por una abeja y se queja a su madre. Así, por ejemplo, pinta a Cupido quejándose a Venus, donde aparece por primera vez este motivo, que se repetirá al menos cuatro veces más. 

Amor quejándose a Venus, Cranach el Viejo (1526-7) 
¿A qué se debe este nuevo elemento introducido en sus composiciones? ¿A qué se debe la queja? Hemos de recurir a la literatura griega para comprenderlo. El motivo de Cupido lamentándose a Venus de las picaduras de las abejas nos lleva hasta el idilio XIX de Teócrito de Siracusa, a quien se le atribuye generalmente. 

Sería esta la composición más breve de este autor, formada por ocho hexámetros dactílicos escritos en dialecto griego dórico. El idilio es conocido bajo el título de Κηριοκλέπτης o lo que es lo mismo “El ladrón de miel” o "El robapanales" y narra la queja de Eros niño, equivalente al Cupido romano, que fue picado por una abeja cuando robaba un panal de miel, y reflexiona sobre cómo un insecto tan pequeño puede causar tanto dolor, lo que provoca la risa y la irónica reflexión de su madre Afrodita, la Venus latina, que cierra el poema. 


Son muchas las traducciones y versiones que ha tenido este idilio en la literatura europea a lo largo de los años. Ofrezco, en primer lugar, tras el texto original griego, una versión rítmica propia en hexámetros dactílicos, y en segundo lugar en hendecasílabos otra versión en forma de soneto, con lo que pretendo ilustrar de paso la diferencia entre una traducción literal, por supuesto en verso, y lo más fiel posible al ritmo original, y otra literaria, para la que me he basado en la versión que hizo D. Ignacio Montes de Oca, que convritió el idilio te Teócrito en un soneto cabal castellano: El ladronzuelo de panales. Comenzamos primero por el texto original de Teócrito:

τὸν κλέπταν πότ᾽ ῎Ερωτα κακὰ κέντασε μέλισσα 
κηρίον ἐκ σίμβλων συλεύμενον, ἄκρα δὲ χειρῶν 
δάκτυλα πάνθ᾽ ὑπένυξεν. ὁ δ᾽ ἄλγεε καὶ χέρ᾽ ἐφύση
καὶ τὰν γᾶν ἐπάταξε καὶ ἅλατο, τᾷ δ᾽ ᾿Αφροδίτᾳ 
δεῖξεν τὰν ὀδύναν καὶ μέμφετο, ὅττί γε τυτθὸν 
θηρίον ἐστὶ μέλισσα καὶ ἁλίκα τραύματα ποιεῖ. 
χἁ μάτηρ γελάσασα: τί δ᾽; οὐκ ἴσος ἐσσὶ μελίσσαις;
ὡς τυτθὸς μὲν ἔφυς, τὰ δὲ τραύματα χἁλίκα ποιεῖς. 

A Eros ladrón una vez le picó una abeja rabiosa
cuando robaba la miel de un panal, y le hinchó de sus dedos 
todas las yemas. Y bien le dolía y soplaba sus manos
y pateaba la tierra y saltaba, y a madre Afrodita
fue a mostrar su dolor y a quejarse de que era la abeja
animalejo pequeño y menudas heridas hacía.
Riendo su madre: “Y tú ¿qué? ¿no eres igual que la abeja?
¡Qué chico llegas a ser, y qué grandes heridas provocas!” 

Picó una abeja a Amor, que ladronzuelo
robaba un día miel de sus panales.
Gritó Cupido, y quiso de sus males,
soplándose la mano, hallar consuelo.

Saltó; y batiendo con los pies el suelo
se refugió en los brazos maternales
de Venus: -Mira qué llagas fatales,
madre, me dejó un bicho pequeñuelo. 

-¿Por qué lloras así? ¿De qué te quejas, 
sonrió Venus, si tú con tus poderes
eres igual, mi Amor, que las abejas?

“Pequeñajo tú como ellas eres; 
y ¡qué heridas tan mortales dejas
con las agudas flechas con que hieres!”.

Hacia 1525-1530 Lucas Cranach pinta varias variaciones, valga la redundancia, de este motivo. Su lienzo Venus y Cupido ladrón de miel presenta una mujer desnuda con sonrisa socarrona y burlona, segura de sí misma y llena de audacia que ignora olímpicamente las quejas del pequeño Cupido. 

Venus y Cupido, el ladrón de miel, Cranach el Viejo (1530)

Cranach inscribe en la parte superior derecha del lienzo los cuatro versos latinos siguientes: DVM PVER ALVEOLO FVRATVR MELLA CVPIDO/ FVRANTI DIGITVM CVSPITE FIXIT APIS/ SIC ETIAM NOBIS BREVIS ET PERITVRA VOLVPTAS/ QVAM PETIMVS TRISTI MIXTA DOLORE NOCET. Lo que viene a ser algo así: Mientras robaba la miel a un panal el niño Cupido,/ con su aguijón le picó un dedo una abeja al ladrón./ Tal a nosotros también el placer que buscamos nos hiere/ breve y efímero que es de un pesaroso dolor. 

Viene a decirnos Cranach que ho hay miel sin veneno, ni rosa sin espinas, y que el placer del amor, dulce como la miel, no viene si no es de la mano del sufrimiento.

viernes, 16 de agosto de 2019

El cuento de la moza que tenía miel en el culo

Un cuento popular francés de tradición oral de la Aquitania pone de manifiesto la colpofobia o miedo del varón al sexo femenino, que se asocia con la dulzura de la miel por un lado, como sugiere la metáfora del título, pero por otro se figura como si fuera una rabiosa colmena de abejas o quizá más propiamente un avispero, cuyas inquilinas van a picar sin misericordia a quien intente arrebatarles su preciado y melifluo producto. Igual que no hay rosa sin espina,  según el dicho popular, tampoco hay miel sin picadura de la abeja.

Es muy antigua la metáfora del amor “melle dulcior”, más dulce que la miel, que decían los romanos. Ya la poetisa griega Safó por su parte declaró a Eros, el dios del Amor, como “agridulce”, dulce y amargo a la vez, mas no lo dijo en dos palabras, sino en una sola que inventó: dulciamargo (γλυκύπικρον), en aquellos dos versos que Ferraté tradujo: “Otra vez Eros, el que afloja/ los miembros, me atolondra, dulce/ y amargo, irresistible bicho”; y García Calvo: “Héme aquí que me aguija atormentador,/ dulceamarga insufrible alimaña amor”.



La expresión “luna de miel” que es un préstamo del inglés “honeymoon”, donde está atestiguada desde 1546, relaciona entre nosotros la miel con los placeres del amor. “Luna” es sinónimo de mes lunar o lunación, es decir, del tiempo comprendido entre dos conjunciones consecutivas de la Luna con el Sol, que suele ser 29 días y pico. La miel hace referencia a la dulzura de ese período en que los recién casados se aíslan del mundo y emprenden un viaje para consagrarse a los deleites afrodisiacos. En francés el término “lune de miel” aparece en 1747 en el Zadig o El Destino de Voltaire: “Zadig experimentó que el primer mes del matrimonio es la luna de miel y que el segundo es la luna de ajenjo”. Entre nosotros, Ramón Pérez de Ayala publica en 1923, cuando ya estaba la expresión bastante generalizada, su Luna de miel, luna de hiel.

El cuento de la moza que tenía miel en el culo es un relato folclórico, popular y anónimo, de la región del Quercy, que pone de manifiesto ese miedo o pavor ante lo desconocido, ante el misterio que guardaba la moza entre las piernas (o más en concreto “au cul”, como dice la versión del cuento que leo en “Contes licencieux de l' Aquitaine” de Antonin Perbosc). Este relato popular puede relacionarse con el síndrome de la “uagina dentata”, o vagina provista de dientes como si fuera una boca devoradora de hombres y que culmina una relación sexual emasculando al varón, es decir, castrándolo.

Un cuento en verso, esta vez literario, de Lafontaine (1621-1695), el célebre fabulista francés que tanto les debe a Esopo y a Fedro, titulado "Le diable de Papefiguiere" presenta muy bien la colpofobia masculina encarnada en un diablo. La protagonista, una tal Perrette, espanta al demonio, levantándose las faldas, mostrándole la vulva y diciéndole que es la herida que le ha hecho su marido, el labriego al que iba a castigar el diablo. Ante tal visión horripilante, el diablo se queda petrificado, como si hubiera visto la cabeza de la mismísima Medusa, llega incluso a persignarse, él que es el anticristo, y huye aterrorizado.  

 Perrette y el diablo. Grabado de Charles Eisen (1720-1778)

El cuento de la moza y la miel, además de reflejar la colpofobia o “metus cunni” del varón, se burla del rico, por ser bastante simple de espíritu, mientras que el pobre pero sobrado de astucia conseguirá al apartar a su rival, que tiene miedo de lo desconocido y se imagina lo peor, el trofeo de la dama y el botín del tesoro que oculta entre sus piernas.

El momento crucial del relato es cuando el atolondrado decide comprobar si es verdad lo que se dice de la moza, y esta se quita el refajo y deja ver la mancha en la camisa de una zurrapa que su adinerado amante no ve como tal, como lo que es, sino como lo que temía, y es que cuando se mira una cosa con un prejuicio, no se ve esa cosa, sino la idea preconcebida que de ella se posee. Ve la miel que corrobora la temida presencia de la colmena o del avispero y no el escatológico palomino... 

Pero leamos el cuento, como si estuviéramos oyéndolo de viva voz por primera vez, y dejemos que cuente lo que tiene que contar: 

Érase una vez... una moza que tenía dos pretendientes que le hacían la corte. Jóvenes ambos, no muy mal parecidos, el uno era rico pero bastante corto de entendederas, mientras que el otro galán era pobre pero muy espabilado. 

Un día este último, al que no le faltaba el ingenio, le dijo a su rival: “Se dice por ahí que Melibea tiene un panal de miel en el culo. ¿No te has fijado en cómo se rasca las partes?  Yo, en tu lugar, no me acercaría mucho a ella por si acaso.” 

El imbécil al que le sobraba el dinero corrió enseguida a preguntar a la moza si aquello era verdad, pues había visto que a veces se refregaba la entrepierna, lo que daba lugar a las habladurías de la gente. 

-Corre el rumor, le dijo, de que tienes una colmena entre las piernas, mi amor. Antes de ir más lejos y llegar a algo más contigo, me gustaría saber si eso es cierto.” 

-Lo tienes muy fácil, dijo ella riéndose del miedo de su pretendiente, no tienes más que meter la nariz ahí adentro tú mismo y comprobarlo, pero teniendo mucho cuidado de que no te piquen.... las avispas.

Acto seguido, la moza se levantó el refajo sin ningún remilgo y sin mucho miramiento, y dejó ver un indiscreto lamparón en su camisa, que no se hallaba precisamente muy limpia por detrás. 

-¡Vade retro, Satanás! No hace falta que me enseñes nada más, dijo el lerdo al ver la zurrapa de la camisa de su novia. Cuando se ve el pastel, añadió, la colmena no puede andar muy lejos.”

miércoles, 14 de agosto de 2019

De la educación o la matanza de los inocentes

La matanza de los inocentes, narrada sólo en el evangelio de Mateo, no tiene muchos visos de ser histórica, pero posee un valor simbólico metafórico innegable.

El rey Herodes, como el faraón egipcio, ordena la ejecución de los recién nacidos, temeroso de que alguno pueda llegar a arrebatarle con los años el poder. 

Herodes no duda en ordenar el sangriento asesinato múltiple de las criaturas inocentes nacidas en Belén menores de dos años con tal de no verse destronado. 

La masacre de los incoentes, Nicolas Poussin (c. 1618)


El óleo de Poussin de la masacre de los inocentes refleja la Sagrada Familia:  la madre que grita, el soldado/padre ejecutor y el niño que va a ser sacrificado.

Herodes trata de educar, es decir, de matar al niño que acaba de nacer, ésa es la dedicación esencial de los padres, maestros, pedagogos y del Poder en general. 

A los niños, inocentes criaturas perversas polimorfas, hay que matarlos, porque un niño, eso lo sabe cualquiera, es, si se lo deja suelto, una cosa peligrosa. 

Eso que se llama ‘educación’ consiste esencialmente en hacer del niño todo un hombre hecho y derecho llevándolo al matadero y pudridero, es decir, a su futuro. 

Educar al niño es domesticarlo, someterlo para que cuando se ponga a pensar no se vaya por las nubes, sino que lo haga según las ideas y patrón establecidos. 

La matanza de los inocentes, Giotto (1303-1305)

En el fresco de Giotto hay dos planos: arriba el rey Herodes, abajo sus súbditos: a un lado los verdugos, al otro las madres, en el centro los niños inmolados.

Pero no todo es tan fatal. Aunque Herodes mata a las tiernas criaturas, no las mata nunca del todo: Dios aprieta pero no ahoga, por más que no deje de apretar. 

La educación nos inculca la fe en lo que es, en lo que sea, fe que cultivan la Ciencia y la Filosofía, como antaño cultivara la Teología sin mucha diferencia. 

Herodes nunca mató a todos los inocentes, a todos los niños, siempre queda algo del niño muerto que renace en las empalagosas y entrañables fiestas navideñas. 

El Ángel, mensajero del futuro, le dice a José que huya a Egipto con la madre y el hijo porque Herodes quiere matar al niño llamado a derrocar al mandatario. 

 
 La matanza de los inocentes, Guido Reni (1611)

En el lienzo de Guido Reni dos angelotes aguardan en el cielo con palmas de martirio a los niños ejecutados para consagrarlos como futuros santos inocentes.


lunes, 12 de agosto de 2019

De los días de la semana (y II)

San Martín de Braga, que vivió en el siglo VI, predicó que deberían desecharse los nombres paganos que evocaban a divinidades romanas y sustituir los siete nombres de los días de la semana por una nomenclatura cristiana más acorde con su origen judeo-cristiano, costumbre que se impuso en Portugal donde los días se llaman: segunda feira (lunes), terça feira (martes), quarta feira (miércoles), quinta feira (jueves), sexta feira (viernes). La palabra feira significda “feria”, según la liturgia cristiana. El sábado conservó su nombre bíblico (sabbat) y se llama como en castellano sábado. 


El día que tiene * se aparta de la convención.

En efecto, Dios al séptimo día de la creación del mundo descansó y estableció el sábado. El primer día de la semana, que debería llamarse prima feira en portugués, cambió su nombre por ser el “dies dominicus” o “dies Domini”, el día del Señor, en recuerdo del domingo de Resurrección en que Cristo resucitó, por lo que se llamó domingo, como en castellano. 

En griego moderno también se mantiene la nomenclatura eclesiástica para los días de la semana,  y sucede lo mismo que en portugués, que el domingo, que debería  llamarse, por ser el primer día de la semana,  πρώτη (primera), se llama "día del Señor" κυριακή. La forma femenina del adjetivo se debe a que se sobreentiende el sustantivo ημέρα,  "día" en griego. Los siguientes días llevan el ordinal correspondiente: δευτέρα (segunda), τρίτη (tercera) τετράρτη (cuarta) πέμπτη (quinta) παρασκευή (víspera) σάββατο (sábado) κυριακή ("del Señor"). La diferencia más notable con la nomenclatura portuguesa es el viernes que en lugar de llamarse έκτη (“sexta”), como cabría esperar, se llama “víspera” o “preparación”.

En las lenguas romances, a excepción del portugués, que sigue el modelo cristiano que hemos visto,  usamos un sistema mixto para los nombres de los días de la semana: seguimos el cristiano para el sábado y el domingo, origen de la moderna institución del fin de semana, finde, Wochenende o week-end en la lengua del Imperio, que alivia la carga del resto de la semana con la ilusión de su término, y el ptolemaico para los restantes días. 


sábado, 10 de agosto de 2019

De los días de la semana (I)

La única división del tiempo que no tiene ningún fundamento natural, sino puramente convencional, es la semana de siete días que padecemos, y que sin embargo sentimos como si fuera lo más normal y aun preternatural del mundo, tanto que ya existía el primer día antes de la Creación, según la Biblia, y antes de que Dios creara la luz lo primero de todo,  separándola de las tinieblas.

Los romanos y los griegos antiguos no la conocieron ni sufrieron en sus calendarios hasta que Constantino el Grande la estableció en el año 321 después de Cristo. Su fundamento es claramente religioso: su origen, como queda dicho, está en las sagradas escrituras de la cultura judeo-cristiana.

Los días de la semana no tienen nombres de dioses romanos, como podría parecer a simple vista, sino de astros que fueron bautizados con dichos nombres: la Luna, nuestro satélite, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno, cinco planetas de nuestro sistema solar, y el propio Sol como epicentro de dicho sistema. 


¿Por qué? Porque cuando se estableció la semana eran los astros conocidos dentro del sistema establecido por Ptolomeo para describir el universo geocéntrico. Ptolomeo, en efecto, creía que la Tierra era el centro a cuyo derredor giraban la Luna, Mercurio, Marte, Venus, Júpiter, Saturno y el propio Sol. Esta concepción estuvo vigente hasta que en el silgo XVI fue desplazada por la heliocéntrica de Copérnico. 

Los nombres latinos de los días de la semana eran, pues: Lunae dies, Martis dies, Mercurii dies, Iouis dies, Veneris dies, Saturni dies y Solis dies. Nótese cómo en castellano los nombres del martes, jueves y viernes proceden precisamente de las formas de genitivo: Martis, Iovis y Veneris respectivamente. 

Hay cierta polémica sobre cuál es el primer día de la semana, si el domingo, como sugieren algunos calendarios, o el lunes. En 1988 se firmó una convención internacional que establecía, entre otras cosas, que la semana comenzaba el lunes y finalizaba el domingo.​ Sin embargo, en los calendarios litúrgicos y en algunos países, la semana comienza el domingo, como sugieren los nombres griegos y portugueses, lo que no impide que la institución complementaria del Fin de Semana incluya el sábado y el domingo. 

Los nombres con * se apartan del sistema ptolemaico

Si comparamos ahora los nombres ingleses de los días de la semana con los latinos veremos su correspondencia y equivalencia, ya que sustituyen los nombres de los dioses romanos por sus homólogos nórdicos y germánicos.  
-Monday: day of the Moon, traducción del latín Lunae dies, es decir el día de la luna.
-Tuesday: day of Tiw, que es el dios de la guerra, equivalente del Marte romano. 
-Wednesday: day of Woden, que es el dios Wodan entre los pueblos germánicos del norte, más conocido por nosotros como Odín, que es el equivalente del Mercurio romano, en su faceta de acompañante de las almas de los muertos en el último viaje, como Hermes psicopompo en Grecia.
-Thursday: day of Thor, que es el equivalente de Júpiter en la mitología germánica, porque ambos son los dioses del trueno.
-Friday: day of Frigg, diosa de la belleza y del amor en la mitología nórdica, por lo que equivale a la Venus romana.
-Saturday: day of Saturn, se mantiene el nombre romano de Saturno.
-Sunday: day of the Sun, día del Sol, se traduce el nombre latino: Solis dies.

Si pasamos ahora a los nombres alemanes, observaremos la prácticamente total coincidencia de unos y otros debido a su origen germánico común. Cuando los germanos, en efecto, conocieron los nombres latinos los adaptaron a los correspondientes de los astros y dioses germánicos.
-Montag  viene de Mond (luna) y Tag (día): lunes.
-Dienstag viene del dios germánico de la guerra Ziu/Tyr, equivalente de Marte: martes.
-Mittwoch se aparta de la influencia latina ptolemaica, dado que significa mitad (Mitte) de semana (Woche): miércoles, nombre que le cuadra perfectamente si consideramos que la semana empieza el domingo.
-Donnerstag viene del dios del trueno germánico Donar/Thor, equivalente de Júpiter: jueves. 
-Freitag viene de la diosa germanica Frija/Frigg, equivalente de la Venus romana: viernes.
-Samstag se aparta del sistema, igual que Mittwoch, y deriva del Sabbat judío: sábado, por lo que se introduce aquí la influencia cristiana claramente de raigambre judía.
-Sonntag viene de Sonne, que es el nombre del Sol en alemán: domingo.

jueves, 8 de agosto de 2019

Nuevos apotegmas

Es la enfermedad mental la que aprieta el gatillo, no las armas. Ha dicho el presidente. Es cierto, pero el gatillo atrae irresistiblemente al dedo cual imán. 

Paradoja torera: “Yo amo al toro, lo respeto y admiro, pero tengo que matarlo para que exista”. La existencia, a diferencia de la vida, se nutre de la muerte.

Frente al islam, que en árabe quiere decir "sometimiento", y musulmán, "sometido" -se sobreentiende en ambos casos a Dios-, insumisión y rebeldía prometeicas.

Una pregunta retórica: ¿Hay otras culturas diferentes o se trata de la misma e idéntica cultura siempre, digamos que occidental para entendernos, por doquier?

 Viñeta de Jordi March

Se felicita la Ministra por la progresiva incorporación de la mujer al Ejército y elogia su labor en pro de la "paz" (sic) en "zonas de conflicto" (literal).

No se explica que, desterrados del Jardín del Edén y su Edad de Oro, la nostalgia nos empuje, en lugar de a regresar del exilio, al progreso, ese engañabobos.

Frente al (g)nóstico, pretencioso poseedor de la verdad, al agnóstico no le queda otra posesión más que el pronóstico reservado de su diagnóstico: ignorancia. 

Buscando el centro: La concepción geocéntrica de Ptolomeo fue sustituida por la heliocéntrica copernicana, y ésta en nuestros días a su vez por la egocéntrica.