lunes, 1 de septiembre de 2014

Aviso de clausura y despedida.


No habrá más actualizaciones de este blog a partir de ahora. Mi traslado al IES Santa Clara de Santander me lleva a dejar esta bitácora que nació, hace ahora seis años,  dirigida en principio a los alumnos de Latín y Griego del IES Lope de Vega de Cayón y vinculada naturalmente a ese Centro. 

El blog fue abierto por mi compañera Sara Saras durante el curso 2009-2010. Benjamín Martínez, que sustituyó a Sara en su baja de maternidad, colaboró en él, y yo mismo me sumé enseguida al proyecto desde el principio.

El hecho de que la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria, en concreto una inspectora,   decidiera eliminar la media vacante de Sara a partir del curso siguiente, anticipándose así a los futuros recortes que hemos sufrido todos después, convirtió al Departamento de Latín y Griego en unipersonal,  dejándome a mí solo ante la disyuntiva de seguir con el proyecto o de abandonarlo. Decidí continuar. Y hasta aquí hemos llegado. 

Hemos sacado, en total, 294 entradas a lo largo de estos años. Hemos recibido 118.359 visitas, según las estadísticas que he consultado en Blogger (la mayoría de España, pero también de México, Argentina, Estados Unidos, Colombia, Chile, Perú, Ecuador, Venezuela, en suma de países hispanoparlantes,  y de Alemania -1168 visitas de este último país-). Hemos tenido 129 comentarios. Y 23 seguidores.  

Y en general puedo y debo decir que la experiencia  ha merecido la pena. Que estos materiales sirvan a alguien para cualquier cosa es para mí ya bastante satisfacción, y eso justifica que no elimine el blog, sino que lo deje colgado,  valga para lo que valga, hasta que Blogger,  el servidor que lo aloja,  disponga.

Por mi parte no me queda ya más que despedirme con cariño y mis mejores recuerdos de todos vosotros, lectores, colaboradores, alumnos, compañeros, diciéndoos que ha sido un placer (y no un trabajo) el haber estado aquí.

Me despido, pues, con estos hexámetros latinos atribuidos a Petronio, el autor del Satiricón, que constituyen una exhortación a Odiseo, o sea a Ulises,  a no asentarse nunca demasaido en el mismo sitio y a la búsqueda constante de nuevos horizontes:
  
Linque tuas sedes alienaque litora quaere,
iuvenis: maior rerum tibi nascitur ordo.
Ne succumbe malis: te noverit ultimus Hister,
te Boreas gelidus securaque regna Canopi,
quique renascentem Phoebum cernuntque cadentem:
Maior in externas Ithacus descendat harenas.


Deja tu  hogar  y vete en pos de costas ajenas,
joven: se abre mayor para ti otro orden de cosas.
No te rindas jamás: te verán el lejano Danubio,
gélido el viento del norte  y el reino tranquilo de  Egipto,
quienes ven el sol que renace y el que se pone. 
¡Que un Odiseo mayor desembarque en lejanas arenas! 


Dibujo de Dimoscenis Coquinidis (El Pireo1929-...)  para ilustración de la Odisea de Homero.

Y me despido también con el aria de los esclavos del Va pensiero de la ópera Nabucco de Verdi, todo un himno libertario, en una impresionante actuación y puesta en escena del coro de la Metropolitan Opera House de Nueva York en 2002. Es un aria coral en la que los coreutas, esclavizados y arrodillados a orillas del Éufrates,  en Babilonia dejan  volar su pensamiento con sus doradas alas entonando una oración fervorosa motivada por la nostalgia de la patria lejana y el ahelo de libertad. Espero que lo disfrutéis como yo lo he disfrutado. Sólo hay que relajarse un poco, escuchar y dejarse llevar.




Va, pensiero, sull'ali dorate;
va, ti posa sui clivi, sui colli,
ove olezzano tepide e molli
l'aure dolci del suolo natal!
Del Giordano le rive saluta,
di Sionne le torri atterrate...
Oh mia patria sì bella e perduta!
Oh membranza sì cara e fatal!
Arpa d'or dei fatidici vati,
perché muta dal salice pendi?
Le memorie nel petto raccendi,
ci favella del tempo che fu!
O simile di Solima ai fati
traggi un suono di crudo lamento,
o t'ispiri il Signore un concento
che ne infonda al patire virtù.
che ne infonda al patire virtù
che ne infonda al patire virtù
al patire virtù!

sábado, 30 de agosto de 2014

Algunos cabos sueltos más (y 2)

4.- Olímpicos, según Grant Snider.



5.- Y un poco más de cine de romanos todavía.

-Satiricón (Gian Luigi Polidoro, 1968) Película injustamente olvidada, podemos verla ahora (por ahora al menos en youtube en versión original italiana). Polidoro, su director, se anticipó a Fellini en el rodaje de su adaptación de la novela de Petronio, por lo que su película se titula  "Satiricón" a secas, mientras que la de Fellini, que apareció un año después, no podía disponer de ese título y por eso se llama justamente "El Satiricón de Fellini".  Cuando salió la película de Polidoro, que se subtituló desafortunadamente "Los degenerados", algunas escenas se consideraron obscenas y hubo un proceso contra el director por haber utilizado a un menor de edad, Francesco Pau, en el papel de Gitón, por lo que la película fue secuestrada al poco de su aparición por orden judicial. Destaca de esta película, muy distinta de la de Fellini, la escena de la cena de Trimalción, papel interpretado magistralmente por Ugo Tognazzi. La película ha estado maldita desde su estreno. La aparición de la de Fellini la eclipsó, aunque las expectativas creadas durante su rodaje se vinieron abajo después del estreno. El filme de Fellini es una adaptación muy libre, muy felliniana, a veces genial, de la novela de Petronio. La película de Polidoro es mucho más fiel a la novela latina, y su ritmo es, desde luego, mucho más lineal y ligero. En cualquier caso, se complementan, no se excluyen. (Duración 107', más 4' de las escenas censuradas).



-Yo Claudio (Herbert Wise, 1976) Serie de televisión, considerada por algunos con mucha razón como la mejor teleserie del siglo XX, producida por la BBC y basada en las novelas Yo, Claudio y Claudio, el dios, y su esposa Mesalina del escritor Robert Graves. Consta de trece capítulos y de una duración aproximada de cincuenta minutos cada uno. Destacan las magistrales interpretaciónes de los actores Derek Jacobi como el emperador Claudio, Sian Phillips como Livia, y John Hurt como Calígula. Resulta imprescindible para conocer la formación del imperio romano y en concreto de la dinastía Julio-Claudia (Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón) (Duración 650')

-Astérix, La sorpresa del César (Gaëtan Brizzi y Paul Brizzi, 1987) Película de dibujos animados basada en el cómic de Uderzo y Goscinny. En el único pueblo del mundo romano que se resiste a César, Obélix se enamora locamente de una recién llegada, Falbala. En el momento que, animado por Astérix, le ofrece flores, ella se precipita en los brazos de su novio, Tragicómix. En el curso de un paseo romántico, los novios son detenidos por un afanoso pero ignorante decurión, romano. Astérix y Obélix, ayudados por Idéfix, deciden enrolarse en la legión para rescatarles .(Duración 79')



6.- Fascismo
Las fasces (haces, haz de varas o manojo de haces en latín) consistían en 30 varas generalmente de abedul u olmo atadas con cinta de cuero rojo y con un hacha de doble filo. Parece ser que eran treinta por las 30 curias o tribus primitivas de la antigua Roma. El simbolismo de las fasces sugiere, en primer lugar, que la unión hace la fuerza: una sola varilla de olmo o abedul, en efectgo, podría quebrarse fácilmente, mientras que un haz de treinta es muy difícil, si no imposible,  de romper. El hacha de doble filo representa el poder que tiene el que la porta de quitarle la vida a alguien por decapitación. Todos los magistrados o cargos públicos romanos poseían auctoritas, pero sólo las más altas magistraturas del estado tenían, además, imperium

Los portadores de las fasces y segur se llamaban lictores, y llevaban el haz de varas apoyado sobre el hombro. Se discute la etimología de la palabra lictor, pero parece que está formada por el verbo lig-o, que significa "amarrar, ligar, atar", con el sufijo de agente masculino -tor; el ensordecimiento de la G ante oclusiva dental sorda y conversión en C no es raro; sucede lo mismo (lig-tor>lic-tor) en lector, que procede del verbo leg-o "leer": leg-tor>lec-tor.  Se discute la etimología porque lo esperado en el nombre de agente de un verbo de la primera conjugación como lig-o sería liga-tor, ya que en lig-o ha habido una contracción de *liga-o, lo que revela que la raíz de este verbo es liga- no lig- . No obstante los defensores de esta etimología dicen que lictor podría ser una abreviación de ligator. El lictor sería, etimológicamente, el encargado de amarrar el haz de treinta varas con la cinta de cuero rojo que llevaría apoyado sobre el hombro. 

El número de  lictores variaba según el rango de autoridad. Solían preceder a los magistrados investidos de imperium y ejecutaban sus órdenes.  Dentro de las magistraturas extraordinarias, los dictadores llevaban 24 lictores, y el maestre de caballería, nombrado por el dictador, podía llevar 6. Dentro de las magistraturas ordinarias sólo cónsules y pretores eran acompañados por los lictores: 12 los cónsules y 2 los pretores. Tribunos militares y vírgenes vestales iban también acompañados de lictores.  

¿Qué relación guarda todo esto de las fasces con el título de esta entrada? El fascismo es una ideología política moderna creada por Benito Mussolini en el período europeo de entreguerras (1918-1939), cuyo nombre deriva del término italiano “fascio”, que quiere decir haz de varas, ya que la palabra italiana procede de la latina latín fascis, cuyo plural es fasces, que estamos estudiando.

Entre nosotros el símbolo se ha popularizado como escudo de la Guardia Civil, que presenta unas fasces con hacha  cruzadas con una espada, bajo una corona real coronada, valga la redundancia, con una cruz cristiana, lo que simboliza a la monarquía.



miércoles, 27 de agosto de 2014

Algunos cabos sueltos


1.- Cuestión de ternura
 
  (ego: yo / sum: soy / tenerior: más tierno / non: no)

(Observa como el sufijo -ior aplicado a un adjetivo como tener, tierno, lo convierte en comparativo de superioridad: más tierno. Un procedimiento similar se sigue en inglés añadiendo el sufijo -er,  que tiene el mismo valor que -ior:  young joven / younger más joven. Esto, que podría parecernos extraño a nuestra lengua, se da también entre nosotros, que hemos heredado este sufijo bajo la forma -or en mejor, peor, menor y mayor, que signfiican respectivamente: más bueno, más malo, más pequeño y más grande. La razón de que en castellano esté mal dicho *Mi hermano es más mayor que yo, es su redundancia, ya que mayor ya significa de por sí más grande, de más edad. Sin embargo, el hecho de que se diga es significativo: revela que se ha perdido la conciencia del sufijo -ior. Conservamos, sin embargo, algunas formas claras como anterior, exterior, citerior (del lado de acá), interior, inferior, posterior, prior,  superior, ulterior (del lado de allá), y los latinismos senior (que es, por cierto,  el origen de nuestro señory iunior que a veces vemos escrito junior).  

2.- Aquiles y la tortuga




Por mucho que digan los matemáticos para resolver la vieja paradoja de Zenón de Elea, cualquiera con más de dos dedos de frente ve que una ecuación como la que ellos proponen  0,9999999...= 1 no puede ser verdad. Aquiles, el de los pies ligeros, igual que la liebre de la vieja fábula, nunca ganará a la tortuga, sino que será ella la que paradójicamente gane la carrera.

3.- Lo que vale un peine (y 3)
Y por último cierro la serie de los peines, con este de oro de un monarca escita. Un objeto de valor artístico excepcional, que parece obra  de un artesano griego porque la forma del peine se asemeja a la fachada de un templo griego: los diecinueve dientes serían las columnas; encima se hallaría el arquitrabe o friso con cinco leones; y sobre éste el frontón triangular que representa una escena de combate entre guerreros escitas con un hombre a caballo en el centro y dos guerreros a pie a sus lados. Un caballo yace por tierra.   En el arte escrita son frecuentes los animales, más rara la representación humana. Este objeto procede de la tumba Solokha, data de los siglos V o IV antes de Cristo y se cree que tal vez perteneció a un monarca amante de la cultura y mundo griegos que fue asesinado por sus hermanos. El peine de oro se halla en el museo del Hermitage de San Petersburgo.  

 

lunes, 25 de agosto de 2014

Himno a Baco de Propercio



Ya, dios Baco, me postro humilde yo en tus altares;
dame, aplacándome, buen viento que sople a favor.
Puedes tú apaciguar desdenes de amor alocado,
y hay en tu mero licor cura de la enfermedad.
Dos se hacen uno por ti, por ti se hacen dos los amantes;
Baco, de mi alma tú quítame tal pudrición.
 Pues acredita también que no eres arisco Ariadna,
que en tus linces subió hasta la bóveda astral.
Esta desgracia, que vieja pasión conserva en mis huesos
muerte o tu vino, señor, han de sanármela a mí.
Pues una noche sin vino atormenta a horros amantes
y esperanza y temor turban sus almas sin fin.
Pero si gracias, Baco, a tu don por mis sienes ardientes,
llega el sueño a posar sobre mis miembros su paz,
viñas yo plantaré y araré en hilera colinas
que ningún animal hoce, cuidándolas yo.
Siempre que a mí me rebosen barricas de mosto bermejo
y uva fresca en lagar manche los pies al pisar,
he de vivir lo que quede de vida por ti y por tu cuerna,
Baco, y poeta a mí de tu poder me dirán.
Yo cantaré que tu madre a ti te parió fulminada,
y armas indias que huir hacen tus huestes al fin,
loco a Licurgo, en vano contrario a la viña reciente,
fin de Penteo que fue víctima de bacanal,
 
 los piratas tirrenos, delfines de cuerpo ondulante
del pampanoso bajel que se arrojaron al mar,
y bienolientes por ti los ríos en la isla de Naxo
donde la población bebe tu vino, señor.
Un turbante oriental, cargado tu níveo cuello
de hojas de hiedra, te va la cabellera a ceñir,
exhalará tu cerviz delicada aromáticos olios,
y tus descalzos pies vas con la túnica a herir.
Resonarán las bacantes de Tebas los tímpanos muelles,
sátiros van a tocar flautas soplando de Pan,
con su cabeza de torre a su lado gran diosa Cibeles
címbalos roncos hará para la danza sonar;
cáliz de oro a las puertas del templo del sacerdote,
que derrama así vino libado en tu honor.
Tal con sublime coturno yo voy a cantar memorable
cual con épico son altisonante la voz:
tú sólo vuélveme libre de mi esclavitud altanera
y mi cabeza febril véncela con tu sopor.


El sueño de Dioniso, óleo de A. Bloemaert (1591). El dios Baco, ebrio de vino, se abandona a un profundo sueño reparador. Su culto estuvo muy extendido en la antigüedad. En Roma un decreto del senado llegó  a prohibir la celebración de las bacanales, esos antiguos "botellones", por los desórdenes públicos que provocaban.

No sólo se veneraba en Dioniso al inventor del vino, sino también al inspirador de todo entusiasmo, de la ebriedad y la transgresión. Los romanos lo denominaban a veces Líber, porque liberaba a los seres humanos de sus inhibiciones. Un antiguo aforismo rezaba: In uino ueritas: En el vino está la verdad.   

Baco joven, de Joaquín Agrasot (1872)

El himno a Baco de Propercio (Elegías III, 17), compuesto en dísticos elegíacos de hexámetro y pentámetro dactílico,  es a la vez una súplica al dios, rogándole la paz del olvido que quita las penas, y un recuerdo de sus hazañas. Se cita, por ejemplo, a Ariadna, que después de ser abandonada por Teseo, fue amada por Baco, cuyo carro era arrastrado por linces.  Evoca Propercio, sin citar su nombre propio, a la madre del dios, Sémele, que fue fulmiada por el rayo de Júpiter cuando éste, accediendo a sus deseos, se le manifestó con todos sus atributos. Recuerda el poeta a Licurgo, rey de Tracia que se opuso al culto dionisíaco; enloquecido como castigo, mató a su hijo creyendo que cortaba una vida; y recuerda también a Penteo, otro rey que se opuso al culto de Baco,  que hacía que las mujeres se desmandaran, abandonaran la ciudad y, convertidas en bacantes, se entregaran a una orgía de música y danza; Penteo fue descuartizado vivo por las ménades o bacantes poseídas por el espíritu del dios, entre las que se encontraban su propia madre y sus hermanas. Ambos reyes, Licurgo y Penteo, encarnan el espíritu racional de la prohibición, el espíritu apolíneo, que diría Nietzsche, de la "ley seca"; basándose en argumentos de orden público quieren prohibir el vino, pero ambos mueren víctimas del espíritu dionisíaco, que, inherente a la naturaleza humana, no puede ser reprimido impunemente.  Los piratas tirrenos quisieron vender a Baco, que viajaba en su barco de Icaria a Naxos, como esclavo. De alguna manera, pretendían también ellos someter, esto es, dominar al dios más libre y libertador del panteón olímpico, y por eso fueron castigados enloqueciendo y arrojándose al mar, donde se convirtieron en delfines.



lunes, 18 de agosto de 2014

Vivamos y amémonos


He aquí otra musicalización e interpetación de unos versos bastante conocidos de Catulo, el poema de los besos, a cargo del grupo Tyrtarion. Os ofrezco además varias versiones de este poema a cargo de varios traductores españoles, algunos de ellos poetas como Luis Antonio de Villena, García Calvo, Ramón Irigoyen y Aníbal Núñez.

La traducción perfecta no existe, así que es preciso muchas veces conocer y comparar varias para acercarnos al sabor del original; todas, por muy malas que sean, tienen algún acierto.

En primer lugar, el poema 5 de Catulo en versión original latina; y, a continuación,  las traducciones en verso que he ido recopilando. No doy cuenta de otras en prosa, como la de Juan Petit de 1974, una de las pioneras y más meritorias.

No hace falta decir, por otra parte, que tanto la música como la interpretación de Tyrtarion son magistrales. Muy oportunas, además, también las imágenes de frescos  y mosaicos romanos que acompañan a la canción. 

 

Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum seueriorum
omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit breuis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum,
dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut nequis malus inuidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.

- 1 -
Vivamos, Lesbia mía, y amémonos,
y las murmuraciones de los adustos viejos
pensemos que no valen ni el peor céntimo.
Los días pueden morir y renacer de nuevo;
nosotros, una vez extinta nuestra breve luz,
habremos de dormir una sola noche perpetua.
Dame, pues, mil besos y después cien,
otros mil después, y por segunda vez otros ciento,
después mil sin parar, y después cien de nuevo
y cuando nuestra cuenta haya sumado
muchos miles, embrollémosla, no los contemos,
para que ningún envidioso pueda causarnos desgracia
al saber que han sido tantos, tantos, los besos.
(Luis Antonio de Villena)

- 2 –
Vivamos para amarnos, Lesbia mía,
 y de los viejos las murmuraciones
estimemos en menos de un sestercio.
El sol se oculta y torna; mas nosotros,
si una vez sola nuestra luz se apaga,
dormimos para siempre noche eterna.
Dame mil besos, dame después ciento,
mil todavía y otros ciento luego,
y otros mil, y otros ciento, y así siempre,
hasta que sumen ya tantos millares
que la cuenta, perdidos, no sepamos
ni nos haga mal de ojo un envidioso
al llegar a saber cuántos han sido.
(José Mª Alonso Gamo)

- 3 –
Lesbia mía, vivamos, nos amemos,
y el gruñir de los serios personajes
en total nos importe dos ochavos.
Soles pueden ponerse, y vuelven soles:
al ponérsenos esta lucecita,
una noche a dormir nos queda eterna.
Dame besos, y mil, y luego ciento,
luego mil otra vez, de nuevo ciento,
luego mil sin parar, y luego ciento;
luego, ya que sumemos muchos miles,
confundamos la cuenta, no sepamos
ni un malvado nos pueda echar mal ojo
cuando sepa que había tantos besos.
(Agustín García Calvo)

- 4 –
Vivamos, Lesbia mía, y amemos;
los rumores severos de los viejos
que no valgan ni un duro todos juntos.
Se pone y sale el sol, mas a nosotros,
apenas se nos pone la luz breve,
sola noche sin fin dormir nos toca.
Pero dame mil besos, luego ciento,
después mil otra vez, de nuevo ciento,
luego otros mil aún, y luego ciento...
Después, cuando sumemos muchos miles, 
confundamos la cuenta hasta perderla,
que hechizarnos no pueda el envidioso
al saber el total de nuestros besos.
(Juan Manuel Rodríguez Tobal)

- 5 –
Vivamos, querida Lesbia, y amémonos,
y las habladurías de los viejos puritanos
 nos importen todas un bledo.
Los soles pueden salir y ponerse;
 nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,
tendremos que vivir una noche sin fin.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta para ignorarla
y para que ningún malvado pueda dañarnos,
cuando se entere del total de nuestros besos.
(Antonio Ramírez de Verger)

- 6 –
Lesbia mía, vivamos y gócemonos,
sin que de la opinión del grave anciano
se nos importe a ti y a mí ni un pito.
El sol puede ponerse, salir luego;
pero, si cesa nuestra luz, nosotros
en una eterna noche dormiremos.
Dame mil besos, pues, luego otros cien,
y otros mil, y después otros cien más,
todavía otros mil, más tarde cientos,
de tal manera que, al final, la cuenta
se perderá, y le será imposible
al envidioso, y a su maleficio,
saber cuántos han sido nuestros besos.
(Mariano Roldán)

-7-
 Vivamos, Lesbia mía, y amémonos 
y no nos importen un as todos los chismes
de los ancianos más ceñudos.
Los soles pueden ponerse y renacer.
Pero nosotros, una vez que se extinga nuestra breve luz,
una noche perpetua tenemos que dormir.
Dame mil besos, luego cien,
luego otros mil, cien más después,
y otra vez mil seguidos y otros cien.
Y cuando hayamos sumado muchos miles,
embrollaremos la cuenta para no saberla
y para que ningún malvado pueda aojarnos
si supiera que tanto nos besamos.
(Ramón Irigoyen) 

- 8 -
Vivamos, Lesbia, amemos;
que nos importe un bledo
el cuchicheo de los carcamales.
Puede morir el sol y renacer,
mas, una vez que muere nuestra breve luz,
una y eterna noche para dormir nos queda.
Mil besos dame, después ciento,
luego otros mil y otra vez ciento
hasta otros mil y luego ciento.
Y, cuando ya sumemos muchos miles,
borrón y cuenta nueva para que no sepamos
cuántos besos llevamos ni lo sepa
ningún gafe envidioso.
(Aníbal Núñez)
 



 


jueves, 14 de agosto de 2014

Del hexámetro dactílico



           1.- El verso épico y narrativo por excelencia de la poesía antigua es el hexámetro dactílico, en el que están compuestas la Ilíada y la Odisea de Homero o el poema didáctico de Parménides, entre los griegos, y, en latín, la Eneida de Virgilio o el  “De rerum natura” de Lucrecio, donde el poeta latino proclama gozoso la doctrina materialista de su maestro Epicuro.

        2.- Si nos ponemos a leer ejemplos de estos versos tanto en griego antiguo como en latín descubriremos dos cosas: la falta de rima, desconocida en la poesía antigua como fenómeno rítmico de recurrencia sonora, y la libertad del número de sílabas que oscila entre un mínimo de trece y un máximo de diecisiete. Sin embargo, nos encontramos muy lejos de un moderno verso libre (de ser verso)  que revela una prosa entrecortada y disimulada tipográficamente en renglones por espacios en blanco.

        3.- Una tercera cosa que nos sorprende si leemos hexámetros antiguos en su lengua original es que el ritmo viene marcado por la alternancia de sílabas largas, que son las que en principio determinan el ritmo, y breves, las que no, cosa que en la mayoría de nuestras lenguas ya no sucede. La adaptación del hexámetro clásico de Homero o de Virgilio pasa por jugar con la alternancia entre sílabas acentuadas o tónicas, que son las que en principio marcan ritmo, y una sílaba o dos átonas o no portadoras de acento, que son las que no lo marcan, sin que sea necesario ni elegante que siempre coincidan, por otra parte,  acento y tiempo marcado, pudiendo pasar lo contrario,  que caiga algún acento en tiempo no marcado, a contratiempo, o que aparezca una sílaba átona marcando el compás, rompiendo la monotonía del verso, lo que no impide, sin embargo, que siga respondiendo al mismo esquema rítmico y sonoro, y que se siga sintiendo como verso y no como prosa.

        4.- El verso se llama hexámetro, porque consta de seis unidades de medida o pies, y dactílico, porque reproduce la secuencia cartilaginosa del dedo o dáctilo -una falange gruesa y dos más delgadas-, o sea una sílaba marcada con el ritmo y un intervalo de dos no marcadas en principio (que pueden reducirse a una sola, cosa que se llama técnicamente espondeo) y lo es obligatoriamente en el último pie, y no lo es casi nunca en el quinto donde suelen ser siempre dos, un dáctilo puro. Su esquema sonoro e ideal podría muy bien ser este: + - (-) + - (-) + - (-) + - (-) + - - + -. Es algo parecido a un compás 4/4 de la música o de compasillo, donde el primer tiempo fuera 2, una blanca,  y el segundo pudiera ser 2, otra blanca, ó 1 1, dos negras, lo cual le da al hexámetro gran variedad dentro de la monotonía.  


        5.- Los antiguos usaban mucho el recurso de reducir el dáctilo al espondeo y eso hacía que el verso oscilara, como hemos dicho, entre un mínimo de trece sílabas y un máximo de diecisiete, con dieciséis combinaciones rítmicas posibles, que responden todas al mismo esquema, y que van desde el hexámetro holodáctilo de diecisiete sílabas, majestuoso, grandilocuente, al holospondaico de trece sílabas, más rápido y más propio de la conversación. 

        6.- Uno de los primeros intentos de adaptar el hexámetro clásico a nuestra lengua fue el del poeta renacentista don Esteban Manuel de Villegas, condenado en gran parte al fracaso por haber prescindido del acento de palabra para marcar el ritmo en muchos de sus versos. Tenemos sin embargo un buen ejemplo suyo de hexámetro de diecisiete sílabas, es decir, holodáctilo, en: “Lícidas y Coridón, Coridón el amante de Filis” (donde la conjunción copulativa “y”, que no porta acento, se lee sin embargo como sílaba marcada por el ritmo: ya hemos dicho que no es ni necesaria ni aconsejable la coincidencia: el oído suple la deficiencia). 

 
        7.- El verso anterior nos sirve para hablar del fenómeno importantísimo en los hexámetros de la cesura o corte: se llama así a la discoincidencia, buscada por el poeta, entre el esquema métrico ideal o pie,  por el que camina el verso en la producción, y la palabra. Es decir, un hexámetro "puro", o sea holodáctilo,  como, por ejemplo,  "rítmico, lánguido, mágico, clásico y épico verso" es francamente horrísono porque no contiene ni una sola cesura, dicho negativamente, o dicho positivamente, porque siempre coinciden la unidad métrica ideal o pie, es decir el esquema rítmico dactílico, con las palabras sintagmáticas de la lengua: el verso parece que cojea o renquea, que camina con muletas a trompicones. Es mucho más elegante el de don Esteban Manuel de Villegas porque si separamos los pies entre guiones, vemos que no coinciden con las palabras más que en el primero y último caso, ya que en el centro del verso es donde debe haber cesuras o cortes, precisamente, oh paradoja, para no cortar el verso y para que se lea como un todo: “Lícidas-  ý Cori- dón, Cori- dón, el a-mánte de- Fílis”. 

        8.- Este fenómeno de discoincidencia entre el pie y la palabra puede extrapolarse al de verso y frase: el poeta persigue también en las tiradas en hexámetros que no coincidan tampoco el verso y la frase, sino que ésta cabalgue y prosiga en el verso siguiente, fenómeno que se conoce, precisamente, con el nombre de encabalgamiento, y que puede ser suave o abrupto, según su extensión. Serían muy monótonos los versos-frase, por eso la frase continúa en el verso siguiente y a la mitad, generalmente, concluye, y empieza otra...

        9.- Otro intento más moderno de adaptación del hexámetro clásico a nuestra lengua fue el de Rubén Darío, que, aunque utilizaba el acento de palabra como marcador de ritmo, fracasó estrepitosamente por no practicar la cesura, precisamente. Recordemos aquel hexámetro también holodáctilo partido por la mitad por una diéresis brutal subrayada con una pausa sintáctica  “ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda”. Poco afortunados, pues, los intentos modernistas de Rubén Darío, aunque sea un poeta riquísimo en ritmos por otra parte.

      



        10.- En lengua alemana, Goethe, entre otros, adaptó también el hexámetro clásico. En el siglo XX, Bertolt Brecht, siguiendo el modelo del maestro, versificó en hexámetros dactílicos, nada más y nada menos, el Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Así comienza:  


Kriege zertrümmern die Welt und im Trümmerfeld geht ein Gespenst um.
Nicht geboren im Krieg, auch im Frieden gesichtet, seit lange.
Schrecklich den Herrschenden, aber den Kindern der Vorstädte freundlich.
Lugend in ärmlicher Küche kopfschüttelnd in halbleere Speisen.
Abpassend dann die Erschöpften am Gatter der Gruben und Werften
Freunde besuchend im Kerker, passierend dort ohne Passierschein.
Selbst in Kontoren gesehen, selbst gehört in den Hörsälen, zeitweise
Riesige Tanks besteigend und fliegend in tödlichen Bombern.
Redend in vielerlei Sprachen, in allen. Und schweigend in vielen.
Ehrengast in den Elendsquartieren und Furcht der Paläste
Ewig zu bleiben gekommen: sein Name ist Kommunismus. 

Guerras arruinan el mundo y recorre un fantasma sus ruinas
no hijo de guerra, también hace tiempo en la paz avistado,
malo para el gobierno, querido de niños de barrio,
que entra en humilde cocina bufando ante medias raciones
luego espera en la verja a agotados de mina y del muelle,
va a la cárcel a ver a amigos, pasando sin pase.
Visto ya en oficinas, oído en salas de audiencia,
monta en tanques enormes y vuela en cazas letales
habla en muchos idiomas, en todos. Y en muchos se calla.
Huésped de honor en los arrabales y horror de palacios,
viene a fin de quedarse: su nombre es el comunismo.

 


        11.- Son quizá más afortunados los intentos de adaptación del hexámetro que hizo Carducci al italiano -los ingleses y alemanes suenan algo pesados por la abundancia de sílabas trabadas-; por ejemplo este que en el segundo pie ofrece la gracia de un espondeo, es decir un intervalo de una sílaba átona únicamente, lo que hace que el verso tenga una sílaba menos, dieciséis y rompa la monotonía dactílica: “e ún vipistréllo spérso passímmi radéndo su´l capo” (que podríamos traducir en su ritmo, poniendo nosotros el espondeo en el primer pie, como algo así: “y un murciélago errante pasóme rozando la frente”).

        12.- En la actualidad y en nuestra lengua, han sido los intentos de Agustín García Calvo los más afortunados, tanto  en sus versiones rítmicas de los clásicos grecolatinos como en sus producciones propias. En sus traducciones rítmicas de Homero o de Lucrecio, usa una licencia propia (que rara vez usaron los antiguos) que es la anacrusis o arranque de una sílaba o dos átonas a principio de verso, quizá por la dificultad de encontrar la rima a final de verso, empeñado como está en que estos versos suenen con rima asonante como los romances de la tradición anónima y popular castellana, y por la dificultad de traducir latín o griego al castellano en el mismo molde métrico, que siempre precisa más sílabas y palabras que estas lenguas, o quizá por el hecho de que en castellano el artículo con el que de ordinario empiezan muchas frases es átono. Ponemos la sílaba entre paréntesis, en el verso primero de su traducción del De rerum natura de Lucrecio: “(Cria)dora del pueblo de Eneas, deleite de hombres y dioses”. Damos también el segundo, donde no la usa: “vívida Venus que bajo rodantes costelaciones”. En sus primeras adaptaciones de este verso,  García Calvo,  no usaba nunca esta licencia. En el poema propio del burro de las “Cartas de negocios de José Requejo”, por ejemplo, no aparece casi nunca: son hexámetros perfectamente clásicos, virgilianos, homéricos, sin arranque ni rima. Tampoco la usó en la versión rítmica que publicó hace años de una antología de Virgilio en Júcar, de gratísima memoria para los latinistas, pero en sus últimas producciones la usó siempre desde el Relato de amor, hasta sus versiones de Lucrecio y su espléndida Ilíada de Homero más recientes. 



¡Canta, diosa, la ira de Aquiles el de Peleo!,
ira maldita, que echó en los Aquivos tanto de duelos,
y almas muchas valientes allá arrojó a los infiernos
de hombres de pro, a los que dejó por presa a los perros
y pájaros todos; y se cumplía de Zeus el acuerdo,
desde la vez que primera discordes se departieron
señor-de-mesnada el Atreida y Aquiles hijo-del-cielo.
(Versión rítmica de Agustín García Calvo)


        13.- Aunque parezca, en fin, que estamos hablando de una métrica muy ajena a los usos de la poesía que hemos estudiado en la escuela, una métrica compuesta básicamente por versos octosílabos, endecasílabos y algún alejandrino esporádico,  generalmente en romances o sonetos, el ritmo dactílico es algo que no sólo nos viene por la imitación de la tradición culta de Grecia y de Roma que estamos repasando, sino también de nuestro acervo popular. Siempre ha habido versos de ritmo dactílico en castellano, por ejemplo esos endecasílabos del tipo de “esto pasó en el reinado de Hugo”, que se llaman de gaita gallega, porque recuerdan las muñeiras de Galicia acompañadas de ese instrumento musical (por ejemplo: Dóna das dónas, sennór dos sennóres). De hecho estos endecasílabos fueron el origen de la copla de arte mayor, por ejemplo de Juan de Mena en su Laberinto de Fortuna: “Tales palabras el conde dezía, / que obedesçieron el su mandamiento”.

14.- Tengamos presente que si los versos tienen ritmo es para grabarse mejor en los oídos, es decir, en el corazón y la memoria de las gentes, y si hay alguna diferencia técnica y real entre el verso y la prosa no es el ritmo, que la prosa también lo tiene, sino la regulación casi matemática de ese ritmo, que eso y no otra cosa es el verso, que obliga a la prosa descuidada de nuestra vida cotidiana, a someterse no tanto a un determinado número de sílabas cuanto a un esquema rítmico. Recordemos, por ejemplo y para acabar esta somera exposición, aquellos otros endecasílabos, más modernos,  de don Miguel Hernández, también de claro marchamo dactílico, y de gran altura poética y lírica, donde el yo inicial y luminoso del poeta acaba ensombreciéndose, y sintiendo, como él dirá, que sólo la sombra lo alumbra:

Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.