sábado, 8 de marzo de 2014

Safo



Un papiro nos devolvió hace sólo diez años, en 2004,  estos versos griegos de la poetisa Safo de Lesbos, oriunda de la isla de Lesbos y, por lo tanto, lesbia y lesbiana avant la lettre. La  palabra “lesbiana”, en efecto,  se creó, por antonomasia, a raíz de Safo, para calificar a la mujer homosexual.

La poetisa escribió poemas de amor a otras mujeres, porque amaba a las mujeres, sin que eso supusiera un encasillamiento previo bajo ninguna etiqueta de "homosexualidad" aún, en el siglo VIII antes de nuestra era, en un mundo sobre el que todavía no se proyectaba la sombra de la cruz de Cristo. Escribía en dialecto  griego eolio,  y fue considerada por los antiguos la décima Musa.

Sirva este lugar de conmemoración de su obra, ahora que se acerca el día internacional de la mujer trabajadora.

La poetisa Safo (1877) según Charles Mengin.

En estos versos la autora confiesa que envejece y que no puede hacer nada para evitarlo, y después de constatar que su pelo está encaneciéndose y sus rodillas flaqueándole, nos trae a la memoria el mito de la Aurora que se enamoró del joven Titono. Sin embargo ella, la Aurora de dedos rosicler,  que era inmortal, como comprobamos todos los días al amanecer, descubrió una mañana que su joven enamorado había envejecido, como la poetisa. Y es que el tiempo nos vuelve viejos. Sin embargo, no deberíamos negarnos a envejecer: el otoño es bello, la vejez también puede serlo, sobre todo cuando sigue brillando en ella la chispa de la juventud.



Tras frutos hermosos de las Musas de floridos senos
id, niñas, vosotras, y melódica la dulce lira.

Que ya me robó vejez el cuerpo a mí que en otro tiempo
fue tierno, y se me han canosos vuelto los cabellos negros.

Y duro se me hace el corazón, ni me sostienen piernas
que otrora ligeras al bailar como las corzas eran.

Mil veces por eso me lamento; pero ¿qué iba a hacerle?
No puede dejar de envejecer el que se sepa humano.

También se contaba de Titono que rosada Aurora
raptándolo fue por sus amores hasta el fin del mundo,

tan bello y tan joven, pero a él lo sorprendió canosa
también a su tiempo la vejez, siendo inmortal su esposa.



Otra muestra de la poesía de Safo, el himno a Afrodita. Está compuesto en estrofas sáficas, que constan de cuatro versos: tres endecasílabos llamados sáficos y un pentasílabo como remate de la copla que se denomina adonio. Safo suplica a la diosa su ayuda para conseguir el favor de su amada.

Afrodita, diosa de trono alegre,
hija zalamera de Zeus, te ruego:
no atormentes más con dolores ni ansias
mi alma, señora,

sino ven aquí, si mi voz de lejos
otra vez oíste y me la escuchaste
y dejando atrás la paterna casa
de oro viniste,

tras uncir tu carro: gorriones lindos
a la negra tierra tiraban prestos
con sus fuertes alas batiendo el aire
desde los cielos.

Y llegaron pronto, y oh tú bendita,
con divino rostro me sonreías
preguntando qué me pasaba, a qué otra
vez te llamaba,

y qué más quería que a mí me pase,
alocada, en mi alma: “¿A quién deseas
que te ponga amor en tus brazos? Safo,
¿quién te tortura?

Si ella te huye, ya correrá en tu busca,
y si los rechaza, te hará regalos ,
si no te ama, ya te amará muy pronto,
aunque no quiera.”

Ven también ahora, y de dura pena
líbrame tú, y cuanto desea mi alma
conseguir concédemelo, y tú misma
sé mi aliada.

Elefthería Arvanitaki canta con su espléndida voz un poema de Safo. El vídeo está hecho, además,  con cuadros sugerentes de J. W. Waterhouse. Disfrutadlo.
 

2 comentarios:

  1. Guillermo, me he tomado la libertad de enlazar este artículo para mis alumnos de Universal. No espero que me nombres presidenta de tu club de fans después de semejante latrocinio, pero me sacrificaría con gusto. Gracias por tu excelente trabajo.

    ResponderEliminar
  2. Presidenta no, presidenta honorífica. Gracias a ti. Un saludo.

    ResponderEliminar