miércoles, 28 de agosto de 2013

Privaticemos a Platón



Haciendo honor a su apellido, más de cigarra que de hormiga, Ulrich Grillo, presidente de la Federación de Industria Alemana, ha propuesto que Grecia traspase buena parte de su patrimonio histórico y artístico al fondo de rescate europeo. Aunque la propuesta de Grillo suena novedosa, llega unos tres milenios tarde, pues es lo que Grecia lleva haciendo desde los tiempos de Homero. Casi todos los grandes bienes culturales de los que disfrutamos en Occidente (las matemáticas, la filosofía, el teatro, la democracia, la música, la física, el atletismo, la lírica y la épica) son de origen griego. Grillo no ha caído en la cuenta, probablemente porque él es más de chucrut.

Brillantes pensadores, escultores y dramaturgos, los griegos no destacan precisamente como buenos negociantes. Onassis bien podría ser la excepción que confirma la regla entre tanto filósofo y tanta poetisa desatada. La deuda eterna que mantiene Europa por Platón, Aristóteles, Safo, Eurípides, Sófocles, Pitágoras, Demócrito, Fidias y Pericles es a fondo perdido. A los banqueros y empresarios alemanes les interesan más las piedras del Partenón, las ruinas de la Acrópolis y la Venus de Milo que, como pronosticó en audaz metáfora Ramón Gómez de la Serna, perdió los brazos con el fin de que un montón de sobones futuros pudiera manosearla a gusto y sin interrupciones. Con la excepción de unos cuantos Onassis, los griegos de hoy en día son más bien del estilo de Zorba, aquel fenomenal Zaratustra cretense imaginado por Kazantzakis y encarnado gloriosamente por Anthony Quinn. Zorba era un vividor nato cuyos sueños triunfales siempre acababan en desastre y cuyos negocios fracasaban estrepitosamente uno tras otro sólo para que él pudiera hartarse de vino y bailar el sirtaki.

No obstante, tal vez Zorba no hubiese visto con malos ojos el cambalache de vender deuda a cambio de alquilar piedras. En tiempos de Lord Byron, el turismo británico ya había arramblado con tantos escombros del Partenón que alguien comentó que, si se reunieran todos, bien podía erigirse una nueva Atenas. Las ruinas son ruinas, por hermosas que sean, y todas las columnas mordisqueadas de la Acrópolis no valen ni un dracma al lado del Prometeo de Esquilo, de un diálogo de Sócrates o del primer verso de la Ilíada. Ocurre, sin embargo, que vivimos en un mundo donde la mierda es muy cara mientras que la belleza es gratis. Esto ya lo había advertido Platón, aunque con muchos rodeos: por algo seguimos encadenados en la inmunda caverna del sistema financiero. Los griegos siempre han defendido la civilización contra los bárbaros, ya fuesen persas, turcos o alemanes. Por desgracia están más que acostumbrados a que los expolien.


 Los españoles, que somos medio griegos por parte de madre, no tenemos tanto patrimonio que ofrecer a los avarientos banqueros. No creo que a Grillo le interese mucho la catedral de Burgos. Lo mejor se lo llevaron los ingleses, no cuando robaron Gibraltar, que es un zurullo con monos, sino cuando leyeron a fondo el Quijote, y también Mozart, cuando levantó el Don Juan al cielo imposible de la ópera. Para cuando llegue la Merkel con una oferta que no podamos rechazar, estaría bien intentar alquilarle el Valle de los Caídos para que monte con subtítulos en alemán un parque temático del fascismo.
 

 (Artículo de David Torres, publicado en la edición digital de Público el día 28 de agosto de 2013).

jueves, 15 de agosto de 2013

El silencio de las sirenas

"Las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio... Y aunque es improbable que algo semejante haya sucedido, sigue siendo posible que alguien, alguna vez, pueda haber escapado de su canto, pero seguramente que nunca de su silencio." (Franz Kafka)

En 1891 John William Waterhouse pintó este "Ulises y las sirenas", inspirándose en el célebre jarrón griego que las representa como aves canoras y no como peces.


El genio literario de la pluma de Franz Kafka publicó este pequeño relato "kafkiano", nunca mejor dicho, titulado "El silencio de las sirenas", donde Odiseo/Ulises, para no admitir su derrota ante las sirenas, dirá que ha escuchado su hermoso canto y lo exagerará afirmando que estuvo a punto de enloquecer bajo su seducción. Sin embargo,  según el relato del escritor checo, Odiseo/Ulises está a punto de enloquecer porque las sirenas no cantan a su paso, por lo que no sale victorioso ni ileso de este encuentro, sino humillado ante el desplante de las sirenas, que ofenden al héroe homérico con el  desprecio de su silencio.   

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba: 
 
Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera (1) y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente. 
 
Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas. 
 
En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción. 
 
Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas. 
 
Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises. 
 
Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó. 
 
La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

NOTA.- (1)  Aquí hay una inexactitud del relato: Odiseo/Ulises no tapó sus oídos con cera según la versión homérica sino los de la tripulación, haciéndose encadenar él al mástil de la nave para poder así oír el canto de las sirenas. A pesar de eso, el relato de Kafka nos sugiere algo mucho más terrible: lo que oyó Odiseo/Ulises no fue el canto, sino el silencio sepulcral de las sirenas.






Herbert James Drapper pintó este óleo titulado "Ulises y las sirenas" en torno a 1909. En él se aprecian las sirenas con forma de mujer y, una al menos, con cola de pez, según la iconografía moderna.

jueves, 8 de agosto de 2013

Persona non grata (Schelmish)



Schelmish es una banda alemana de lo que se denomina folk metal que se fundó en 1990 en Bonn. Desde entonces han publicado hasta la fecha diez álbumes de estudio (Aequinoctuium,  Codex lascivus, Tempus mutatur…) y uno en directo. Aunque la mayoría de sus temas son instrumentales, cantan algunas composiciones en latín, como este Persona non grata que os ofrezco y que pertenece a su último álbum, del mismo título. Si te gustó Corvus Corax te gustará Schelmish.


 La letra de Persona non grata está tomada del Carmen 18 de Hugo Primate de Orleáns, un poeta francés del siglo XII al que se le atribuyen veintitrés poemas que escribió en latín dentro de la corriente de literatura goliardesca. El poema completo consta de 117 octosílabos con rima consonante pareada, de los que Schelmish cantan 28, en tres tiradas: la primera comprende de los versos 94 al 113, ambos inclusive, la segunda los versos 11 y 12, y la tercera del 64 al 69. La persona non grata a la que alude el título de la canción es Abelardo, un personaje histórico teñido de romanticismo.

Pedro Abelardo fue un monje, filósofo y teólogo escolástico francés, cuya fama como profesor le convirtió en una de las figuras más célebres del siglo XII. Es famoso también por su historia de amor con Eloísa, sobrina de un canónigo, de la que fue su tutor. El canónigo, sabedor de sus amores, ordenó a sus esbirros que castraran a Abelardo.

Es autor de una autobiografía que tituló Historia Calamitatum (Historia de mis desventuras). También mantuvo, tras su separación, una relación epistolar con Eloísa, cartas que han llegado a ser clásicos de la correspondencia romántica. 


En 1140 el concilio católico reunido en Sens y el papa Inocencio II condenaron a Abelardo por sus escritos y enseñanzas racionalistas y escépticas, muriendo poco después. Eloísa fue enterrada junto a él. En 1817 ambos cuerpos fueron trasladados a una tumba común en el cementerio Père Lachaise de París. El atractivo romántico de la vida de Abelardo ha ensombrecido muchas veces la importancia de su pensamiento. Fue, sin embargo, uno de los pensadores más destacados de la Edad Media.

El Papa Inocencio II se referió a Abelardo como Goliat en un carta, que era uno de los nombres del Anticristo, gigante al que según la Biblia había vencido David  Goliat sería, por lo tanto, el diablo. De ahí vendría la palabra francesa gouliard, una alteración de gens Goliae: gente de Goliat, y de ahí nuestros goliardos: clérigos medievales vagabundos y estudiantes pobres que llevaban una vida irregular y vivían de la picaresca.

Vos,  doctrinam qui sititis                                     Los sedientos de doctrina
ad hunc fontem qui venitis                                    que a la fuente vais divina
audituri Iesum Christum,                                      a escuchar a Jesucristo
audietis furem istum?                                            ¿vais a oír al anticristo?
In conventu tan sacrato                                       En convento tan sagrado
audietur iste gnato?                                            ¿será el tipo escuchado?    
Dignus risu vel contemptu                                   Para risa y escarmiento
cur hoc sedes in conventu?                                  ¿cómo tomas tal asiento?
Nunc legistis Salomonem,                                    Leído habéis a Salomón
audietis hunc latronem?                                       ¿vais a oír al tal ladrón?   
Nunc audistis verbum Dei,                                    Verbo oísteis ya divino,
audietis linguam rei?                                              ¿vais a oír a un libertino?
Reus est hic deprehensus,                                     Reo ha sido detenido,
verberatus et incensus.                                          torturado y malherido,
Quod aparet in cocturis                                         lo que muestra en sus señales
que sunt signa capti furis.                                      que son marcas criminales. 
Quantum gula sit leccatrix                                     Que su boca fue al desliz
nonne signat hec cicatrix?                                      ¿no se ve en su cicatriz?
Revertatur ad cucullam                                          La capucha se la ponga
et resumat vestem pullam.                                      y recluya en negra tonga.

Pauper eram spoliatus:                                            Yo era pobre, desahuciado:
apparebat nudum latus.                                            Al desnudo mi costado.

Nos concordes super idem,                                      Ya de acuerdo nos pongamos
confitemur unam fidem ,                                            fe una sola mantengamos,
unum Deum et baptisma.                                           un Dios solo y un bautismo.
Non hic error neque scisma                                      No haya cisma ni haya abismo 
sed pax omnis et consensus;                                     sino paz y concordancia,
hinc ad Deum est ascensus.                                      que a Dios borre la distancia.













































































































                


 










jueves, 1 de agosto de 2013

Faun: Lupercalia



Faun es un grupo alemán de música folk pagana, como ellos mismos se denominan, que echa sus raíces en la música de la Edad Media europea. Fue fundado en 2002,  y su originalidad radica en su estilo, que utiliza instrumentos antiguos como el arpa, la zanfona, la gaita, la cítaras o las flautas,  y en el canto, al que da gran importancia cuidando mucho las voces.  Cantan en varios idiomas, como el alemán, su lengua madre, y sus diferentes dialectos, islandés, latín, castellano, gallego-portugués e inglés, entre otros.

El nombre de la banda remonta al dios romano Fauno, un espíritu del bosque, lo que pone de relieve la pretensión del grupo de estar en comunión con la naturaleza. Hasta la fecha han publicado 7 álbumes, el último Von den Elben en 2013. 


El tema que os propongo escuchar Lupercalia pertenece a su álbum Eden, de 2011.  La letra, cantada en latín, es muy sencilla.

Lupercalia                                           Lupercales

Ipse deus velox                                   El propio dios, veloz,
discurrere gaudet                                disfruta corriendo
in altis montibus,                                 en las altas montañas,    
et subitas concipit ipse fugas.             y él mismo se da a repentina fuga.

Ipse deus nudus                                  El propio dios, desnudo,
nudos iubet ire ministros;                  desnudos ordena ir a sus sirvientes;
nec satis ad cursus                             ninguna prenda para la carrera
commoda vestis erit.                          será lo bastante apropiada.

Nota que la palabra minister, que aparece en la letra de la canción,  está formada en latín sobre el adverbio minus, que quiere decir "menos", y que es por lo tanto el antónimo de magister, formada sobre "magis", que es "más", su contrario. Magister, que es el origen de maestro y de magisterio, significaba el que tiene más consideración e importancia, mientras que minister que da lugar a nuestro ministro y ministerio, quería decir el que tiene menos importancia o relevancia social, y se traduce de hecho por sirviente, servidor, esclavo. ¡Qué cambio se ha producido en nuestra sociedad donde las cosas son exactamente al revés, y  los más envidiados y mejor pagados son los ministros, y los peor remunerados y considerados los maestros!

Las Lupercales eran unas fiestas que se celebraban el 15 de febrero en la antigua Roma en honor del dios Fauno Luperco. Fauno parece haber sido un antiguo dios romano, que fue identificado enseguida con el griego Pan. Se llegó a creer que Fauno había sido un rey legendario del Lacio, un personaje histórico anterior a la llegada de los troyanos. En época clásica su nombre propio,  de número exclusivamente singular, se convierte en nombre común y adopta el plural. Se diría que el dios se multiplica, y de ser único pasa a ser varios, y aun muchos: los faunos, unos genios silvestres y campesinos, compañeros de los pastores, y equivalentes de los sátiros griegos, con los que se identifican enseguida. Igual que estos, su naturaleza era híbrida: mitad hombre y mitad macho cabrío; tienen cuernos y con frecuencia pezuñas de cabra.

(Imagen de la película El Laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro)

Los lupercos o amigos del lobo, como revela su nombre, derivado de lupus,  eran una cofradía  romana formada por jóvenes que llegada esa fecha sacrificaban una cabra y cortaban su piel en tiras llamadas februa (origen del nombre del mes de febrero). Acto seguido se desnudaban y comenzaban a dar vueltas en torno al monte Palatino flagelando a todas las mujeres que encontraban a su paso con correas de cuero fresco. Se creía que esta flagelación atraía la fecundidad sobre las víctimas, constituyendo un rito de fertilidad que se relaciona de alguna manera con la fundación de Roma, ya que una loba había amamantado, según la leyenda, a Rómulo y Remo.

Cicerón ha inmortalizado el episodio en el que  Marco Antonio, en las lupercales del año 44 antes de Cristo, poco antes de las fatídicas idus de marzo en que sería asesinado el dictador, le ofreció a César una corona real, que éste rechazó, anécdota que William Shakespeare recoge  en su tragedia Julio César. Cicerón al comienzo de su tercera filípica o discurso contra Marco Antonio,  nos describe al joven luperco con tres pinceladas: nudus, unctus y ebrius: desnudo, ungido de aceite y borracho.

Nec vero M. Antonium consulem post Lupercalia debuistis putare; quo enim ille die, populo Romano inspectante, nudus, unctus, ebrius est  contionatus et id egit, ut collegae diadema  imponeret, eo die se non modo consulatu, sed  etiam libertate abdicauit. 

Vosotros mismos  no debisteis creer que M. Antonio era cónsul después de las Lupercales;  aquel día, en efecto,  éste, a la vista del pueblo romano, desnudo, ungido el cuerpo de aceite, ebrio, arengó a la multitud e hizo como que ponía una corona real a su colega, aquel día no sólo abdicó del consulado, sino también de la libertad. 

 Lupercalia de Conrad Dressler (1856-1940)

El papa Gelasio I condenó y prohibió esta fiesta en el año 494. La iglesia la sustituyó por San Valentín, que se celebra  el 14 de febrero, fecha en la que habría muerto en el año 270, martirizado, el sacerdote cristiano. Valentín, en efecto,  unía en cristiano matrimonio a los jóvenes soldados contra las órdenes del emperador Claudio II, que prefería que sus hombres no tuvieran vínculos familiares que les impidieran dedicarse más de lleno al ejército. Con el tiempo, el santo casamentero sería convertido en el patrón de los enamorados.