viernes, 6 de septiembre de 2013

Infinitas islas griegas ("Lágrimas" de Hölderlin)




Tränen

Himmlische Liebe! zärtliche! wenn ich dein
Vergäße, wenn ich, o ihr geschicklichen,
Ihr feurgen, die voll Asche sind und
Wüst und vereinsamet ohnedies schon,

Ihr lieben Inseln, Augen der Wunderwelt!
Ihr nämlich geht nun einzig allein mich an,
Ihr Ufer, wo die abgöttische
Büßet, doch Himmlischen nur, die Liebe.

Denn allzudankbar haben die Heiligen
Gedienet dort in Tagen der Schönheit und
Die zorngen Helden; und viel Bäume
Sind, und die Städte daselbst gestanden,

Sichtbar, gleich einem sinnigen Mann; itzt sind
Die Helden tot, die Inseln der Liebe sind
Entstellt fast. So muß übervorteilt,
Albern doch überall sein die Liebe.

Ihr weichen Tränen, löschet das Augenlicht
Mir aber nicht ganz aus; ein Gedächtnis doch,
Damit ich edel sterbe, laßt ihr
Trügrischen, Diebischen, mir nachleben.



Lágrimas

Celeste, tierno amor, si llegara yo
de ti a olvidarme… ¡Oh islas fatales, oh
ardientes, que ceniza sólo
sois y desierto y ya asoladas,

queridas islas, ojos que enhechizáis,
vosotras sólo ya me importáis a mí,
orillas celestiales donde
idolatrado el amor expía!

Con gratitud sirvieron los santos, pues,
a la belleza en tiempos allí y también
los fieros héroes y se alzaron
árboles muchos allá y ciudades

visibles como un hombre sensato;  ya han
los héroes muerto, e islas de amor están
borradas casi. Así, engañado,
loco, el amor estará en el mundo.

Vosotras, tiernas lágrimas, no borréis
luz de mi vista toda; dejad que algún
recuerdo, falsas y furtivas,
porque yo muera feliz, perviva.





El amor del poeta alemán Friedrich Hölderlin (1793-1843)  por la antigua Grecia le llevó a cultivar metros y estrofas clásicas, que adaptó a su lengua, como esta estrofa alcaica,  que hemos reproducido en la traducción y que lleva el nombre del poeta griego Alceo, compuesta por cuatro versos: dos endecasílabos agudos, un eneasílabo y un decasílabo, donde la ausencia de rima, que los griegos y romanos desconocían, se compensa con una distribución rítmica regular de tiempos marcados y no marcados que se repite dentro de cada verso.  



Sobre Hölderlin ha escrito el profesor Francisco Rico: “Su poesía muestra una síntesis panteísta entre el espíritu dionisíaco y el cristianismo, en un intento por conciliar al hombre con lo divino y de imaginarse a sí mismo como profeta de una nueva era de la humanidad (y en especial de la patria alemana) alentada por el espíritu de Grecia. Hölderlin concibe vida y poesía como una misma entidad, a la manera romántica, pero en la factura del verso y de la estrofa trabaja con delicadeza la métrica tradicional…”



En 1807 se volvió loco y desde entonces vivió recluido en una torre hasta el día de su muerte. Escribió poemas, un relato epistolar titulado “Hiperión” y una tragedia inconclusa “Empédocles” impregnados de lirismo. En la tragedia, el filósofo Empédocles se suicida arrojándose al cráter del volcán Etna, como si quisiera  morir para renacer, en una mezcla del espíritu pagano de Orfeo en su viaje a los infiernos y de Jesucristo resucitado.



Ha influido en muchos poetas posteriores de todo el mundo, y,  en cuanto a las letras españolas se refiere,  especialmente en la poesía de Luis Cernuda, que tradujo del alemán además algunos de sus poemas a nuestra lengua. 

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