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miércoles, 31 de octubre de 2018

Homenaje de Juan Gil-Albert a Grecia

El poeta Jual Gil-Albert (1904-1994) escribió este bello poema en hendecasílabos blancos, titulado “La Fidelidad” y subtitulado Homenaje a Grecia V, que comienza con tres menciones literarias Homero, Hesíodo y la poetisa Safó. A cada autor se le asocia una palabra: el vino a Homero, la yunta de bueyes a Hesíodo y el carro de palomas de Afrodita a Safó. Estamos en la alborada de la literatura occidental: con Homero y Hesíodo nace la poesía épica, con Safó, una mujer, la lírica.

Olivos de Van Gogh

El poema continúa presentándonos imágenes tomadas de la mitología: el olivo que hizo brotar la hija de Zeus, es decir, Atenea, como regalo a la ciudad de Atenas en la disputa que tuvo con Posidón por su patronazgo. Ganó Atena y dio su nombre en plural a la ciudad: las Atenas. Otra imagen mitológica evoca la metamorfosis de Cipariso "el fiel muchacho" amado por Apolo que se convirtió en un "lancinante ciprés oscuro". Ambos árboles, el olivo y el ciprés evocan dos leyendas griegas y el mundo mediterráneo.

 Campo de trigo con cipreses, Van Gogh

Ese mundo que ha evocado el poeta del vino, la yunta, las palomas, el olivo,  y el ciprés con todas sus resonancias literarias (Homero, Hesíodo, Safó) y mitológicas (Atenea y Apolo) es un mundo real para el poeta desde que abrió los ojos, aunque para los demás sea un "soñador o irreflexivo", pero el poeta, como dice en el último hendecasílabo, está afirmando "la luz de lo que veo".     


Si Homero dice: vino, sé que es vino.
Si Hesiodo dice: yunta, sé que es yunta.
Si Safo me menciona las palomas
del carro de Afrodita, reconozco
pasar su blando vuelo. Si un buen día,
con un golpe de lanza, el suave olivo
hace brotar, de plata, en los bancales,
la hija de Zeus, ¿qué árbol me es más propio
y más habitual? Si Apolo, en cambio,
convierte a un fiel muchacho en lancinante
ciprés oscuro, ¿acaso no comprendo?
Quiero decir, entonces: si aquel mundo
me es tan real, patente, cotidiano;
si lo he visto al abrir mis tiernos ojos
cuando se cree en las cosas, ¿por qué causa
me llaman soñador o irreflexivo?
¿Porque afirmo la luz de lo que veo?


jueves, 14 de agosto de 2014

Del hexámetro dactílico



           1.- El verso épico y narrativo por excelencia de la poesía antigua es el hexámetro dactílico, en el que están compuestas la Ilíada y la Odisea de Homero o el poema didáctico de Parménides, entre los griegos, y, en latín, la Eneida de Virgilio o el  “De rerum natura” de Lucrecio, donde el poeta latino proclama gozoso la doctrina materialista de su maestro Epicuro.

        2.- Si nos ponemos a leer ejemplos de estos versos tanto en griego antiguo como en latín descubriremos dos cosas: la falta de rima, desconocida en la poesía antigua como fenómeno rítmico de recurrencia sonora, y la libertad del número de sílabas que oscila entre un mínimo de trece y un máximo de diecisiete. Sin embargo, nos encontramos muy lejos de un moderno verso libre (de ser verso)  que revela una prosa entrecortada y disimulada tipográficamente en renglones por espacios en blanco.

        3.- Una tercera cosa que nos sorprende si leemos hexámetros antiguos en su lengua original es que el ritmo viene marcado por la alternancia de sílabas largas, que son las que en principio determinan el ritmo, y breves, las que no, cosa que en la mayoría de nuestras lenguas ya no sucede. La adaptación del hexámetro clásico de Homero o de Virgilio pasa por jugar con la alternancia entre sílabas acentuadas o tónicas, que son las que en principio marcan ritmo, y una sílaba o dos átonas o no portadoras de acento, que son las que no lo marcan, sin que sea necesario ni elegante que siempre coincidan, por otra parte,  acento y tiempo marcado, pudiendo pasar lo contrario,  que caiga algún acento en tiempo no marcado, a contratiempo, o que aparezca una sílaba átona marcando el compás, rompiendo la monotonía del verso, lo que no impide, sin embargo, que siga respondiendo al mismo esquema rítmico y sonoro, y que se siga sintiendo como verso y no como prosa.

        4.- El verso se llama hexámetro, porque consta de seis unidades de medida o pies, y dactílico, porque reproduce la secuencia cartilaginosa del dedo o dáctilo -una falange gruesa y dos más delgadas-, o sea una sílaba marcada con el ritmo y un intervalo de dos no marcadas en principio (que pueden reducirse a una sola, cosa que se llama técnicamente espondeo) y lo es obligatoriamente en el último pie, y no lo es casi nunca en el quinto donde suelen ser siempre dos, un dáctilo puro. Su esquema sonoro e ideal podría muy bien ser este: + - (-) + - (-) + - (-) + - (-) + - - + -. Es algo parecido a un compás 4/4 de la música o de compasillo, donde el primer tiempo fuera 2, una blanca,  y el segundo pudiera ser 2, otra blanca, ó 1 1, dos negras, lo cual le da al hexámetro gran variedad dentro de la monotonía.  


        5.- Los antiguos usaban mucho el recurso de reducir el dáctilo al espondeo y eso hacía que el verso oscilara, como hemos dicho, entre un mínimo de trece sílabas y un máximo de diecisiete, con dieciséis combinaciones rítmicas posibles, que responden todas al mismo esquema, y que van desde el hexámetro holodáctilo de diecisiete sílabas, majestuoso, grandilocuente, al holospondaico de trece sílabas, más rápido y más propio de la conversación. 

        6.- Uno de los primeros intentos de adaptar el hexámetro clásico a nuestra lengua fue el del poeta renacentista don Esteban Manuel de Villegas, condenado en gran parte al fracaso por haber prescindido del acento de palabra para marcar el ritmo en muchos de sus versos. Tenemos sin embargo un buen ejemplo suyo de hexámetro de diecisiete sílabas, es decir, holodáctilo, en: “Lícidas y Coridón, Coridón el amante de Filis” (donde la conjunción copulativa “y”, que no porta acento, se lee sin embargo como sílaba marcada por el ritmo: ya hemos dicho que no es ni necesaria ni aconsejable la coincidencia: el oído suple la deficiencia). 

 
        7.- El verso anterior nos sirve para hablar del fenómeno importantísimo en los hexámetros de la cesura o corte: se llama así a la discoincidencia, buscada por el poeta, entre el esquema métrico ideal o pie,  por el que camina el verso en la producción, y la palabra. Es decir, un hexámetro "puro", o sea holodáctilo,  como, por ejemplo,  "rítmico, lánguido, mágico, clásico y épico verso" es francamente horrísono porque no contiene ni una sola cesura, dicho negativamente, o dicho positivamente, porque siempre coinciden la unidad métrica ideal o pie, es decir el esquema rítmico dactílico, con las palabras sintagmáticas de la lengua: el verso parece que cojea o renquea, que camina con muletas a trompicones. Es mucho más elegante el de don Esteban Manuel de Villegas porque si separamos los pies entre guiones, vemos que no coinciden con las palabras más que en el primero y último caso, ya que en el centro del verso es donde debe haber cesuras o cortes, precisamente, oh paradoja, para no cortar el verso y para que se lea como un todo: “Lícidas-  ý Cori- dón, Cori- dón, el a-mánte de- Fílis”. 

        8.- Este fenómeno de discoincidencia entre el pie y la palabra puede extrapolarse al de verso y frase: el poeta persigue también en las tiradas en hexámetros que no coincidan tampoco el verso y la frase, sino que ésta cabalgue y prosiga en el verso siguiente, fenómeno que se conoce, precisamente, con el nombre de encabalgamiento, y que puede ser suave o abrupto, según su extensión. Serían muy monótonos los versos-frase, por eso la frase continúa en el verso siguiente y a la mitad, generalmente, concluye, y empieza otra...

        9.- Otro intento más moderno de adaptación del hexámetro clásico a nuestra lengua fue el de Rubén Darío, que, aunque utilizaba el acento de palabra como marcador de ritmo, fracasó estrepitosamente por no practicar la cesura, precisamente. Recordemos aquel hexámetro también holodáctilo partido por la mitad por una diéresis brutal subrayada con una pausa sintáctica  “ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda”. Poco afortunados, pues, los intentos modernistas de Rubén Darío, aunque sea un poeta riquísimo en ritmos por otra parte.

      



        10.- En lengua alemana, Goethe, entre otros, adaptó también el hexámetro clásico. En el siglo XX, Bertolt Brecht, siguiendo el modelo del maestro, versificó en hexámetros dactílicos, nada más y nada menos, el Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Así comienza:  


Kriege zertrümmern die Welt und im Trümmerfeld geht ein Gespenst um.
Nicht geboren im Krieg, auch im Frieden gesichtet, seit lange.
Schrecklich den Herrschenden, aber den Kindern der Vorstädte freundlich.
Lugend in ärmlicher Küche kopfschüttelnd in halbleere Speisen.
Abpassend dann die Erschöpften am Gatter der Gruben und Werften
Freunde besuchend im Kerker, passierend dort ohne Passierschein.
Selbst in Kontoren gesehen, selbst gehört in den Hörsälen, zeitweise
Riesige Tanks besteigend und fliegend in tödlichen Bombern.
Redend in vielerlei Sprachen, in allen. Und schweigend in vielen.
Ehrengast in den Elendsquartieren und Furcht der Paläste
Ewig zu bleiben gekommen: sein Name ist Kommunismus. 

Guerras arruinan el mundo y recorre un fantasma sus ruinas
no hijo de guerra, también hace tiempo en la paz avistado,
malo para el gobierno, querido de niños de barrio,
que entra en humilde cocina bufando ante medias raciones
luego espera en la verja a agotados de mina y del muelle,
va a la cárcel a ver a amigos, pasando sin pase.
Visto ya en oficinas, oído en salas de audiencia,
monta en tanques enormes y vuela en cazas letales
habla en muchos idiomas, en todos. Y en muchos se calla.
Huésped de honor en los arrabales y horror de palacios,
viene a fin de quedarse: su nombre es el comunismo.

 


        11.- Son quizá más afortunados los intentos de adaptación del hexámetro que hizo Carducci al italiano -los ingleses y alemanes suenan algo pesados por la abundancia de sílabas trabadas-; por ejemplo este que en el segundo pie ofrece la gracia de un espondeo, es decir un intervalo de una sílaba átona únicamente, lo que hace que el verso tenga una sílaba menos, dieciséis y rompa la monotonía dactílica: “e ún vipistréllo spérso passímmi radéndo su´l capo” (que podríamos traducir en su ritmo, poniendo nosotros el espondeo en el primer pie, como algo así: “y un murciélago errante pasóme rozando la frente”).

        12.- En la actualidad y en nuestra lengua, han sido los intentos de Agustín García Calvo los más afortunados, tanto  en sus versiones rítmicas de los clásicos grecolatinos como en sus producciones propias. En sus traducciones rítmicas de Homero o de Lucrecio, usa una licencia propia (que rara vez usaron los antiguos) que es la anacrusis o arranque de una sílaba o dos átonas a principio de verso, quizá por la dificultad de encontrar la rima a final de verso, empeñado como está en que estos versos suenen con rima asonante como los romances de la tradición anónima y popular castellana, y por la dificultad de traducir latín o griego al castellano en el mismo molde métrico, que siempre precisa más sílabas y palabras que estas lenguas, o quizá por el hecho de que en castellano el artículo con el que de ordinario empiezan muchas frases es átono. Ponemos la sílaba entre paréntesis, en el verso primero de su traducción del De rerum natura de Lucrecio: “(Cria)dora del pueblo de Eneas, deleite de hombres y dioses”. Damos también el segundo, donde no la usa: “vívida Venus que bajo rodantes costelaciones”. En sus primeras adaptaciones de este verso,  García Calvo,  no usaba nunca esta licencia. En el poema propio del burro de las “Cartas de negocios de José Requejo”, por ejemplo, no aparece casi nunca: son hexámetros perfectamente clásicos, virgilianos, homéricos, sin arranque ni rima. Tampoco la usó en la versión rítmica que publicó hace años de una antología de Virgilio en Júcar, de gratísima memoria para los latinistas, pero en sus últimas producciones la usó siempre desde el Relato de amor, hasta sus versiones de Lucrecio y su espléndida Ilíada de Homero más recientes. 



¡Canta, diosa, la ira de Aquiles el de Peleo!,
ira maldita, que echó en los Aquivos tanto de duelos,
y almas muchas valientes allá arrojó a los infiernos
de hombres de pro, a los que dejó por presa a los perros
y pájaros todos; y se cumplía de Zeus el acuerdo,
desde la vez que primera discordes se departieron
señor-de-mesnada el Atreida y Aquiles hijo-del-cielo.
(Versión rítmica de Agustín García Calvo)


        13.- Aunque parezca, en fin, que estamos hablando de una métrica muy ajena a los usos de la poesía que hemos estudiado en la escuela, una métrica compuesta básicamente por versos octosílabos, endecasílabos y algún alejandrino esporádico,  generalmente en romances o sonetos, el ritmo dactílico es algo que no sólo nos viene por la imitación de la tradición culta de Grecia y de Roma que estamos repasando, sino también de nuestro acervo popular. Siempre ha habido versos de ritmo dactílico en castellano, por ejemplo esos endecasílabos del tipo de “esto pasó en el reinado de Hugo”, que se llaman de gaita gallega, porque recuerdan las muñeiras de Galicia acompañadas de ese instrumento musical (por ejemplo: Dóna das dónas, sennór dos sennóres). De hecho estos endecasílabos fueron el origen de la copla de arte mayor, por ejemplo de Juan de Mena en su Laberinto de Fortuna: “Tales palabras el conde dezía, / que obedesçieron el su mandamiento”.

14.- Tengamos presente que si los versos tienen ritmo es para grabarse mejor en los oídos, es decir, en el corazón y la memoria de las gentes, y si hay alguna diferencia técnica y real entre el verso y la prosa no es el ritmo, que la prosa también lo tiene, sino la regulación casi matemática de ese ritmo, que eso y no otra cosa es el verso, que obliga a la prosa descuidada de nuestra vida cotidiana, a someterse no tanto a un determinado número de sílabas cuanto a un esquema rítmico. Recordemos, por ejemplo y para acabar esta somera exposición, aquellos otros endecasílabos, más modernos,  de don Miguel Hernández, también de claro marchamo dactílico, y de gran altura poética y lírica, donde el yo inicial y luminoso del poeta acaba ensombreciéndose, y sintiendo, como él dirá, que sólo la sombra lo alumbra:

Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.

jueves, 24 de julio de 2014

El pajarillo de Lesbia

El "Pajarillo de Lesbia" es uno de los poemas más célebres y celebrados de Gayo Valerio Catulo (c. 87 - c.57 antes de nuestra era; c por cierto es la abreviatura de circa "en torno a, cerca", ya que los años que enmarcan la cronología de su biografía son aproximados).

Ha muerto el pajarillo de su amada Lesbia, pseudónimo literario que esconde a Clodia, una aristócrata casada, muy liberada de convencionalismos sociales y muy culta,  que gustaba de la poesía lírica de Safo de Lesbos.

En Roma las mujeres libres no tenían, propiamente hablando, nombre propio. Así como los hombres libres tenían tria nomina, un praenomen, un nomen y un cognomen, es decir un nombre y dos apellidos paternos, las mujeres tenían como única denominación el primer apellido de su padre con la terminación femenina -a. Es decir que la hija que tuvo Gayo Julio César se llamó, forzosamente, Julia.Y Julia quería decir "la de Julio". Cuando un padre tenía varias hijas, todas se llamaban igual. César sólo tuvo una, por cierto.

El caso es que la aristócrata Claudia se hizo llamar enseguida Clodia con una pronunciación plebeya y de algún modo vulgar de su nombre. En una época en que las gramáticas y los maestros de escuela enseñaban a los niños que no debía decirse "thesorum", como acabaría diciéndose con el tiempo, sino "thesaurum", ella se hacía llamar Clodia y no Claudia, como debería llamarse una mujer que descendía de la familia de rancio abolengo del legendario, nada más y nada menos, Apio Claudio el Ciego.  

El hecho le inspira al poeta veronés un sentido poema lleno de un simbolismo muy rico. Imagináos, después de leer el poema, cuántas cosas puede connotar ese pajarillo: el amor del poeta y su amada, la belleza, la juventud, la pasión...

 Lesbia y su gorrión, cuadro de Edward John Poynter (1836-1919)

Os presento la versión musical de Tyrtarion, que cantan el poema en un latín pulidísimo, con una música apropiada. El vídeo no deja tampoco nada que desear. Las imágenes acompañan perfectamente al contenido de los endecasílabos del poeta veronés. 



He aquí el poema III (Lugete o Veneres Cupidinesque) de Catulo traducido a nuestra lengua reproduciendo la magia del verso, es decir, el ritmo: un verso de once sílabas con acentos musicales en la 3ª, 6ª, 8ª y 10ª sílabas. No siempre coinciden, es elegante que alguno caiga a contratiempo, lo que no impide que el oído sienta y reconozca el ritmo.

¡Llorad, Venus, llorad también Cupidos
y hombres todos los que sensibles haya!
Se murió el gorrioncillo de mi amada,
gorrioncillo que hacía sus delicias;
que ella más que a sus ojos adoraba,
que era dulce y a su ama conocía
él tan bien como a propia madre su hija,
y no se separaba de su seno,
sino que por aquí y allá saltando,
siempre sólo a su dueña pipiaba.
Va él ahora por senda tenebrosa
hacia donde que nadie,  dicen, vuelve. 
¡Ay  malhaya a  vosotras, malas sombras
de Orco, que devoráis lo que hay hermoso:
pajarillo tan lindo me robásteis!
¡Cruel  suceso,  mi  pobre pajarillo,
por tu culpa enrojecen los ojuelos
de mi amada de llanto ahora henchidos!

martes, 3 de junio de 2014

Plan lector 4º de ESO: 10.- Edipo resuelve el caso.

Continaumos, ya para acabar el curso, con nuestro Plan Lector de 4º de ESO, que se ha centrado en la mitología clásica y en la poesía española inspirada en ella. Por aquí han desfilado poetas como Lope de Vega, que da nombre a nuestro instituto, o Gerardo Diego, que presta su nombre al colegio anejo, pero también Quevedo, Unamuno o Jorge Luis Borges entre otros. Ellos nos han traído a Orfeo y Eurídice, Perseo y Andrómeda, Ícaro, el Minotauro y el Laberinto, Prometeo y tantos otros personajes y mitos de la  leyenda dorada. 

Hemos ilustrado, además, los poemas con cuadros alusivos de pintores de todas las épocas,  porque el plan lector no sólo debe contemplar textos escritos, sino también imágenes, que tienen su propio lenguaje gráfico. Y, sin haberlo pretendido, todos los textos literarios han resultado ser, burla burlando, poemas de catorce versos, sí, sonetos, ni más ni menos. Así que ahora os propongo, para concluir la serie, uno más, que será el último. Repetimos también poeta, el argentino Jorge Luis Borges, del que ya hemos leído anteriormente un texto sobre el laberinto que tanto le obsesionó.


La lectura de Borges que os propongo ahora es sobre Edipo. Edipo es un héroe trágico griego que quiere escapar de su destino fatal,  que es, según el oráculo de Delfos, víctima de fuerzas inconscientes irracionales como son el amor y el odio: matar a su padre y engendrar  hijos de su propia madre. El héroe luchará contra su destino,  pero se verá finalmente, mal que le pese, abocado a cumplirlo. A Borges no le interesa aquí la tragedia del héroe, que escribió magistralmente Sófocles, ni el famoso complejo que formulará el padre del psicoanálisis,  Sigmund Freud, sino su faceta menos conocida de intérprete de enigmas.


Así refleja, por cierto, Quino,  el dibujante argentino,  el famoso complejo de Edipo: la competencia por el amor de la misma mujer entre el marido y el hijo varón.
  

Cuando nació Edipo, sus padres Layo y Yocasta, los reyes de Tebas, supersticiosos como eran y temerosos del oráculo funesto que habían recibido, dieron orden de abandonar a la criatura recién nacida en el monte Citerón. Pero el pastor encargado de deshacerse del niño,  en vez de matarlo, se lo entregó a otro pastor amigo suyo que finalmente se lo dio en adopción a los reyes de Corinto. El niño, que no tenía nombre propio todavía, tenía sin embargo hinchados los pies por haber sido colgado de un árbol con unas correas, por lo que será conocido como Edipo, el de los pies hinchados, que eso y no otra cosa quiere decir su nombre parlante en griego. 

Edipo siempre creyó que los reyes de Corinto, Pólibo y Mérope, eran sus verdaderos padres. Por eso, cuando alcanzó la mayoría de edad y conoció la maldición que pesaba sobre su vida, huyó de Corinto y de  los que él creía sus progenitores, no fuera a suceder lo que estaba profetizado. En su deambular por el mundo huyendo de su destino, mató a un hombre tras una trifulca en un cruce de caminos.  Más tarde llegó a Tebas, donde, sin él saberlo,  había nacido años atrás.

En las afueras de la ciudad moraba la monstruosa Esfinge, un ser híbrido que planteaba a los caminantes un enigma, que, si no lo resolvían, provocaba que la bestia los matara. Una tradición, de la que parece hacerse  eco Jorge Luis Borges en el soneto, presentaba a la Esfinge como hija natural del rey Layo y, por lo tanto, hermana del propio Edipo. Nadie nunca había resuelto su acertijo, hasta que llegó Edipo: la Esfinge, la cruel cantora, le planteó la adivinanza: ¿Qué ser cuadrúpedo, bípedo y trípedo, siendo tres sucesivamente en el tiempo, es uno y el mismo sin embargo siempre?   


Edipo le respondió que el hombre, que gatea en su infancia, se alza luego sobre sus dos extremidades inferiores y finalmente se apoya en el bastón de su vejez. La Esfinge se suicidó. Por primera vez alguien había resuelto su misterioso enigma. Los tebanos, como agradecimiento, le otorgaron el trono de Tebas, que había quedado vacante tras el asesinato de su rey Layo en un cruce de caminos. Edipo, pues, accederá al trono casándose con la reina Yocasta, viuda del difunto monarca, con la que llegará al correr de los años a engendrar cuatro hijos: dos varones y dos mujeres

El problema es que ese alguien que es Edipo, encumbrado ahora a la realeza, tendrá que resolver otro caso, el enigma de su vida, si quiere liberar a su ciudad de la epidemia de peste y mortandad que se cierne sobre ella: ¿Quién es el asesino del difunto rey de Tebas, el rey Layo, cuyo crimen ha quedado impune hasta la fecha? También Edipo resolverá ese doloroso misterio: El propio detective es, sin saberlo, el autor del crimen que investiga. Él mismo es el asesino de su padre y, por lo tanto, cohabita con su propia madre, cumpliéndose el funesto oráculo que lo persiguió durante toda su vida...



 «Edipo y la Esfinge» de Jean-Auguste Dominique Ingres, obra fechada en 1808 se encuentra en el museo del Louvre de París. Se ha dicho sobre este cuadro que las manos de Edipo son elocuentes: la mano izquierda parece decirle a la Esfinge «ese que tú dices» y la derecha, apuntando hacia el héroe, «soy yo», por lo que se señala a sí mismo: la respuesta es el hombre, o sea, yo, por ejemplo. 
  
Edipo y la Esfinge de Gustave Moreau fue pintado en 1864. Ambos cuadros guardan algunas similitudes, por ejemplo el pie humano de un cadáver que se ve en la parte inferior de ambos, que revela que la resolución de la adivinanza es el ser humano.
Pero leamos ya el soneto de Borges:

Cuadrúpedo (1) en la aurora, alto en el día
y con tres pies errando por el vano
ámbito de la tarde, así veía
la eterna esfinge (2)  a su inconstante hermano,


el hombre, y con la tarde un hombre vino
que descifró aterrado en el espejo
de la monstruosa imagen, el reflejo
de su declinación(3)  y su destino.


Somos Edipo y de un eterno modo
la larga y triple bestia somos, todo
lo que seremos y lo que hemos sido.


Nos aniquilaría (4) ver la ingente (5)
forma de nuestro ser; piadosamente
Dios nos depara(6)  sucesión y olvido.

(1) cuadrúpedo: Animal que se traslada caminando sobre cuatro extremidades. Del latín quattuor "cuatro" y pes, pedis "pie".
(2) esfinge: Monstruo fabuloso, generalmente con cabeza, cuello y pecho humanos y cuerpo y pies de león. 
(3) declinación: Caída, decadencia, descenso o declive. (Las palabras se declinan en latín y en griego porque son como dados que se tiran al aire y, cuando caen,  presentan diferentes terminaciones o casos).
(4) aniquilar: Reducir a la nada. Destruir o arruinar enteramente. Del latín "nihil" que significa "nada".  
(5) ingente: Muy grande. Del latín "ingens, ingentis".
(6) deparar: Proporcionar, conceder, dar.
¿Con qué asocia Borges el enigma de los pies, al que se refiere en el primer cuarteto, cuando dice "somos Edipo" y "somos la triple bestia", en el primer terceto? ¿Por qué dice el poeta que (todos) "somos Edipo"? ¿Qué crees que quiere decir la última estrofa y la mención de Dios en el último verso "piadosamente / Dios nos depara sucesión y olvido"?

  Espero, como de costumbre, vuestras respuestas y comentarios.

jueves, 1 de mayo de 2014

Plan lector 4º de ESO: 9.- Prometeo y su buitre.

Seguimos con el plan lector de 4º de ESO, y dedicamos esta vez el poema objeto de nuestra lectura, que es un soneto para no variar, al titán Prometeo. El poema lo escribió don Miguel de Unamuno, uno de nuestros filósofos y escritores más importantes de la generación del 98, y,  aunque no se cita en él el nombre propio de Prometeo, este está latente en la primera persona que utiliza el poeta para hablar de su agonía. Tenéis que tener cuidado con esta palabra "agonía" que tanto utiliza Unamuno, porque la emplea con el significado etimológico griego de "lucha". (Una de sus obras más importantes se titula La agonía del cristianismo, donde la palabra tiene ese sentido).

Prometeo había creado a la humanidad y como su benefactor que era le regaló el fuego, símbolo de la civilización, después de robárselo a los dioses. Zeus castigó al género humano, hasta entonces constituido sólo por el sexo masculino,  enviándole a Pandora (su nombre significa todo-regalo), la primera mujer, que equivale a la Eva de la mitología judeo-cristiana, que abrió la famosa caja -en realidad tinaja- que contenía en su interior todos los males a excepción de la Esperanza, que por eso se dice que es lo último que se pierde y lo único que a veces nos queda, sembrando con ellos la Tierra.

Pero el soberano del Olimpo también castigó al rebelde Prometeo por su desobediencia encadenándolo a una roca del Cáucaso, y haciendo que un águila (o un buitre carroñero, según la versión que recoge Unamuno) le devorara el hígado, que se le regeneraba -y el hígado es nuestro único órgano que al parecer se regenera- para volver a ser devorado al día siguiente en una interminable sucesión de días y de noches.

 
Este buitre voraz de ceño torvo (1),
que me devora las entrañas fiero
y es mi único constante compañero,
labra mis penas con su pico corvo.

El día que le toque el postrer (2)  sorbo
apurar de mi negra sangre quiero
que me dejéis con él, solo y señero (3),
un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía (4),
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga (5)
sin esta presa que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga.

(1) torvo: Dicho especialmente de la mirada: Fiera, espantosa, airada y terrible a la vista.
(2) postrer: (Apócope de postrero): Último en una lista o serie.  
(3) señero: Solo, solitario, separado de toda compañía.
(4) agonía: (En Unamuno) Lucha, contienda.
(5) amagar: Mostrar intención o disposición de hacer algo próxima o inmediatamente. Estar próximo a sobrevenir.



 En el soneto de Unamuno, el poeta habla de su sufrimiento,  un sufrimiento encarnado en el buitre que le "devora las entrañas fiero" y que es su "único compañero". El buitre, según la leyenda, devora las entrañas del titán Prometeo, que se le regeneran para volver a ser devoradas interminablemente, como hemos dicho. De alguna manera el buitre es insaciable. ¿Qué sucederá con el buitre si Prometeo, o Unamuno, el poeta, que es su alimento, muere? ¿Moriría también su dolor, su sufrimiento, su agonía? ¿Qué os parece? ¿Qué significa "triunfo haciendo mi agonía"?

Espero, como de costumbre, vuestros comentarios. 

jueves, 20 de marzo de 2014

Plan lector de 4º de ESO: 8.- Gerardo Diego nos presenta a Venus saliendo del cuarto de baño

Gerardo Diego, poeta santanderino perteneciente a la generación de 1927, recreó en el soneto titulado "Cuarto de baño" el nacimiento de Venus.  El poema está incluido en su poemario Alondra de verdad (libro que vio la luz  en 1941, pero que había sido escrito con anterioridad entre 1926 y 1936). 

Gerardo Diego nos presenta en este soneto una de las más sugerentes recreaciones de este mito: estamos asistiendo al nacimiento de Venus: una mujer que sale de la bañera. Por eso el soneto se titula "Cuarto de baño"


Sirva como ilustración del poema el cuadro que pintó Salvador Dalí en 1977 titulado:  "Dalí levantando la piel del mar Mediterráneo para enseñar a Gala el nacimiento de Venus. "



 
Qué claridad de playa al mediodía,
qué olor de mar, qué tumbos, cerca, lejos,
si, entre espumas y platas y azulejos,
Venus renace a la mitología.


Concha de porcelana, el baño fía
su parto al largo amor de los espejos,
que, deslumbrados, ciegos de reflejos,
se empañan de un rubor de niebla fría.


He aquí, olorosa, la diosa desnuda.
Nimbo (1)  de suavidad su piel exuda (2)
y en el aire se absuelve (3) y se demora.


Venus, esquiva en su rebozo (4), huye.
Su alma por los espejos se diluye,
y solo -olvido- un grifo llora y llora.



(1): nimbo: Aureola en forma de resplandor, disco o círculo luminoso que se figura detrás de las cabezas de las imágenes sagradas.
(2) exudar: Dejar que salga por los poros un líquido
(3) absolver: (aquí) resolver  
(4) rebozo: Modo de llevar la capa o manto cuando con él se cubre casi todo el rostro. Puede ser también una toalla con capucha, antecedente del actual albornoz.


1.- Compara el cuadro de Botticelli con el soneto de Gerardo Diego, y cita algunos elementos comunes.


2.- ¿Qué simboliza Venus en el poema de Gerardo Diego?
3.- ¿Qué elementos propios del cuarto de baño cita el poeta?
4.- ¿A qué puede hacer referencia "El baño fía / su parto al pudor de los espejos".
5.- El desnudo de la Venus de Botticelli es un desnudo púdico o pudoroso. ¿Hay algo en el soneto de Gerardo Diego que aluda al pudor de Venus?



Espero como de costumbre vuestros comentarios.

martes, 25 de febrero de 2014

Plan lector de 4º de ESO: 7.- El Laberinto de Borges

Seguimos con el plan lector y esta vez nos toca adentrarnos, de la mano del poeta Jorge Luis Borges, en el Laberinto donde habita el Minotauro. Os dejo, además, una reflexión de otro de nuestros mejores y sin embargo poco valorados poetas, el maestro José Bergamín, que dijo: "El que sólo busca la salida no entiende el laberinto, y, aunque la encuentre, saldrá sin haberlo entendido". Así que vamos nosotros a intentar entender el laberinto que nos propone el poeta, sin preocuparnos mucho de salir corriendo de él.

No habrá nunca una puerta. Estás adentro 
Y el alcázar(1) abarca el universo
Y no tiene ni anverso ni reverso(2)
Ni externo muro ni secreto centro.

No esperes que el rigor de tu camino
Que tercamente se bifurca(3) en otro,
Que tercamente se bifurca en otro,
Tendrá fin. Es de hierro tu destino

Como tu juez. No aguardes la embestida
Del toro que es un hombre y cuya extraña
Forma plural da horror a la maraña(4)

De interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
En el negro crepúsculo la fiera.

(1) alcázar: fortaleza; casa real o habitación del príncipe, esté o no fortificada.
(2) reverso: parte opuesta al frente de una cosa, parte trasera opuesta a la delantera o anverso, sobre todo en las monedas y medallas.
(3) bifurcar: dividirse en dos ramles, brazos o puntas.
(4) maraña: lugar cubierto de maleza que lo hace impracticable; y situación o asunto intrincado o de difícil salida.



Jorge Luis Borges incluye este soneto, titulado "Laberinto", en su libro de poemas "Elogio de la sombra", publicado en 1969.  

El poema, desde el título, alude al Laberinto de Creta, el palacio de la Doble Hacha, que eso es lo que significa "laberinto" en griego. El poeta se refiere todo el rato a una segunda persona que no sabemos quién es, porque no nos lo dice, por lo que debemos pensar que somos nosotros mismos, los lectores, los destinatarios de estos versos. Si vamos al mito, nosotros, los lectores, seríamos el héroe Teseo que debe enfrentarse a la fiera, a Asterión, que era el nombre propio del Minotauro.


1.-  ¿A qué corresponde la descripción del primer cuarteto? 
2.- ¿Por qué crees que se repite en el segundo cuarteto el verso "Que tercamente se bifurca en otro"? ¿Se tratará de un error o el poeta habrá querido decirnos algo repitiendo el verso, y en este caso qué habrá querido decirnos?  
3.- ¿Que significado tienen los versos de los tercetos "No aguardes la embestida / Del toro que es un hombre... No existe"?
4.- El poeta está en este soneto desmitificando, es decir, privando de algunos elementos míticos, la historia que conocemos del Laberinto, Teseo y el Minotauro, el hilo de Ariadna... Si Teseo es el lector, el Minotauro no existe, a Ariadna ni se la menciona ni tampoco el hilo que nos permitiría salir de allí, ¿queda algo de la historia? ¿qué nos queda? 

Espero, como de costumbre, vuestros comentarios y respuestas:

martes, 11 de febrero de 2014

Plan lector de 4º de ESO: 6. - El vuelo de Ícaro, un poema y una imagen.

Seguimos con el Plan Lector de 4º de la ESO tratando de acercar la mitología a la poesía y a la pintura. Esta vez le toca el turno a la leyenda de Ícaro. El poema que os propongo leer es un soneto titulado precisamente Ícaro del poeta cántabro Francisco Álvarez Hidalgo, residente en Estados Unidos.



Ícaro

Volar, volar, del suelo despegarse,
ser hermano del águila en la altura,
cruzar en desafío la estatura
de las cumbres que empiezan a nublarse.

Y agitando las alas, elevarse
hacia el sol, y sentir su quemadura,
ver la tierra, lejana miniatura,
y las estrellas ante mí apartarse.

Y a mi padre gritando sus consejos
con el temor de que si voy más lejos
al desastre me pueda aproximar...

Si el brío juvenil es invencible,
¿por qué cayendo estoy? ¿Cómo es posible
que en mi descenso me ha tragado el mar?

¿Qué respuesta les darías a las preguntas que se hace el poeta? ¿Por qué está cayendo Ícaro? ¿Por qué se lo ha tragado el mar?

Pasamos ahora a  la lectura de una imagen. Se trata del cuadro de Pieter Bruegel el Viejo titulado Paisaje con la caída de Ícaro. Muchos pintores han pintado a Ícaro alzando el vuelo, volando con su padre Dédalo y algunos han retratado su caída.  Describe el cuadro y localiza dónde está Ícaro.  Sólo se ve de él una pierna, pues, como diría el poeta, se lo "ha tragado el mar". ¿Qué significa eso? 


He aquí un detalle del cuadro:


El siguiente comic resume la historia del padre y el hijo que lograron salir volando del Laberinto. Se trata del relato “Ícaro”, uno de los tres que componen la obra gráfica Greek Myths de Rob Shone (Londres, 2006), publicada por David West Children´s Books, y perteneciente a la colección “Graphic Mythology”, dedicada a la mitología universal en cómic.

  
   ÍCARO



jueves, 9 de enero de 2014

Plan lector de 4º de ESO: 5.- Orfeo y Eurídice según Quevedo

El mito de Orfeo y Eurídice  plantea como tema principal el amor más allá de la muerte, y como contrapunto secundario el poder mágico de la música, que es capaz no sólo de amansar a las fieras, como dice el refrán, sino también de hacer revivir a los muertos. 

Vamos a leer en esta ocasión, continuando con el plan lector de 4º de ESO,  dos poemas de don Francisco de Quevedo sobre la leyenda de Orfeo y Eurídice. Aunque se centran en el mismo mito,  lo tratan de modo muy distinto: el primero (Si fueras tú mi Eurídice, oh señora)  es una versión seria, elevada, como corresponde a un poema de amor que trata de expresar los sentimientos más hondos,  mientras que la segunda es satírica y jocosa  (Orfeo por su mujer, conocido también como Orfeo burlesco).

A) Tratamiento serio:

SI FUERAS TÚ MI EURÍDICE, OH SEÑORA

Si fueras tú mi Eurídice, oh señora,
ya que soy yo el Orfeo que te adora,
tanto el poder mirarte en mí pudiera,
que sólo por mirarte te perdiera;
pues si perdiera la ocasión de verte,
perderte fuera así, por no perderte.
Mas tú en la tierra, luz clara del cielo,
firmamento que vives en el suelo,
no podía ser que fueras
sombra, que entre las sombras asistieras;
que el infierno contigo se alumbrara;
y tu divina cara,
como el sol en su coche,
introdujera auroras en la noche.
Ni yo, según mis sentimientos veo,
fuera músico Orfeo;
pues de amor y tristeza el alma llena,
no pudiera cantar, viéndote en pena.


1ª.- Cuestión:  El poeta se compara con Orfeo, y compara a su dama con Eurídice, pero  ¿por qué él y ella no pueden ser exactamente como el Orfeo y la Eurídice del mito?

b) Tratamiento burlesco:

ORFEO POR SU MUJER

Orfeo por su mujer
cuentan que bajó al Infierno;
y por su mujer no pudo
bajar a otra parte Orfeo.

Dicen que bajó cantando;
y por sin duda lo tengo;
pues, en tanto que iba viudo,
cantaría de contento.

Montañas, riscos y piedras
su armonía iban siguiendo;
y si cantara muy mal,
le sucediera lo mesmo(1).

Cesó el penar en llegando
y en escuchando su intento:
que pena no deja a nadie
quien es casado tan necio.

Al fin pudo con la voz
persuadir los sordos reinos:
aunque el darle a su mujer
fue más castigo que premio.

Diéronsela lastimados;
pero con ley se la dieron
que la lleve y no la mire:
ambos muy duros preceptos.

Iba él delante guiando,
al subir; porque es muy cierto
que, al bajar, son las mujeres
las que nos conducen, ciegos.

Volvió la cabeza el triste:
si fue adrede, fue bien hecho;
si acaso, pues la perdió,
acertó esta vez por yerro (2).

Esta conseja nos dice
que si en algún casamiento
se acierta, ha de ser errando (3),
como errarse por aciertos,

Dichoso es cualquier casado
que una vez queda soltero;
mas de una mujer dos veces,
es ya de la dicha extremo.

(1)   mesmo:   forma antigua por  mismo.
(2)   yerro: equivocación, error.
(3)   errar: equivocarse (errare humanum est)

Cuestiones: 
1ª.-  ¿Qué imagen da el poeta de las mujeres en general y del matrimonio?
2ª.-  ¿Cuál de los dos poemas te gusta más? ¿Por qué?

Espero, como de costumbre, vuestros comentarios aquí mismo o en papel, como prefiráis.